30 años declaración de beijing
Vista general de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing (China), en 1995.

En septiembre de 1995, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, organizada por Naciones Unidas en Beijing, marcó un punto de inflexión en la historia de los derechos de las mujeres.

La Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, adoptada por 189 gobiernos, estableció un programa integral para lograr la igualdad de género, considerado desde entonces el marco global más ambicioso en este ámbito.

Tres décadas después, su influencia continúa siendo incuestionable, guiando reformas legales, inspirando políticas públicas y fortaleciendo el movimiento feminista internacional.

30 años declaración de Beijing

¿Qué es la Declaración de Beijing?

El documento se articula en dos partes. Por un lado, la Declaración, en la que los Estados reafirmaron su compromiso con la igualdad, el desarrollo y la paz. Por otra, la Plataforma de Acción, que definió 12 esferas críticas en las que era urgente actuar.

Estas son pobreza, educación, salud, violencia contra la mujer, conflictos armados, economía, toma de decisiones, mecanismos institucionales, derechos humanos, medios de comunicación, medioambiente y niñas.

Lo novedoso del texto fue su carácter integral. No se trataba solo de mejorar indicadores, sino de transformar estructuras sociales y culturales que perpetuaban la desigualdad. Naciones Unidas lo definió como un “mapa de ruta” global que conectaba las reivindicaciones feministas con compromisos políticos concretos.

Protagonistas de un momento histórico

La Conferencia de Beijing congregó a más de 17.000 participantes oficiales y alrededor de 30.000 activistas en el denominado Foro de ONG paralelo, lo que la convirtió en el mayor encuentro mundial sobre mujeres hasta la fecha.

Entre las figuras más recordadas destaca Hillary Clinton, entonces primera dama de Estados Unidos, cuyo discurso ‘Los derechos de las mujeres son derechos humanos’ se convirtió en un símbolo universal.

También jugaron papeles clave Gertrude Mongella, secretaria general de la Conferencia, y líderes políticas como Benazir Bhutto (Pakistán), Gro Harlem Brundtland (Noruega) y Mary Robinson (Irlanda), quienes subrayaron la urgencia de situar a las mujeres en el centro de las políticas internacionales.

La participación de países del Sur Global fue igualmente determinante. Sus representantes de América Latina, África y Asia reclamaron visibilidad para problemáticas como la feminización de la pobreza, el acceso a la tierra, la violencia sexual en conflictos armados y los efectos de los ajustes económicos internacionales sobre las mujeres.

El peso de los países firmantes

Los 189 Estados que aprobaron la Plataforma de Acción de Beijing asumieron compromisos políticos sin precedentes. Aunque no era un tratado vinculante, se convirtió en un estándar internacional al que los países debían medirse. A partir de 1995, gobiernos de todos los continentes comenzaron a aprobar leyes contra la violencia machista, estrategias de igualdad en la educación y medidas de paridad en la representación política.

Por ejemplo, en España la influencia de Beijing se reflejó en la Ley de Igualdad de 2007 y en la Ley Integral contra la Violencia de Género de 2004, ambas alineadas con los objetivos de la Plataforma. En América Latina, países como Argentina, México y Chile incorporaron marcos legales contra la violencia y promovieron cuotas políticas, mientras que en África se reforzaron las campañas contra la mutilación genital femenina.

Implicaciones a lo largo del tiempo

Beijing no solo impulsó legislación, sino que consolidó la perspectiva de género como principio transversal en el desarrollo. Desde 1995, los informes periódicos de la ONU sobre la implementación de la Plataforma (conocidos como “Beijing+5”, “Beijing+10”, etc.) han servido para evaluar progresos y denunciar retrocesos.

Uno de sus mayores logros fue legitimar la idea de que la igualdad de género no es un asunto exclusivo de mujeres. Más bien, un requisito para la democracia, la paz y el desarrollo sostenible. Este principio influyó directamente en los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, más tarde, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, que incluyen la igualdad de género como meta central.

La Plataforma también tuvo un efecto catalizador en la sociedad civil, ya que millones de mujeres encontraron en el documento una referencia común para exigir cambios a sus gobiernos. Feministas de distintas generaciones y regiones lo convirtieron en un instrumento político y jurídico para impulsar agendas locales y globales.

30 años declaración de Beijing

Lo que queda por hacer en igualdad de género

Todavía son muchas las soluciones que hacen falta para alcanzar la igualdad de género. Aún persisten, por ejemplo, brechas salariales significativas y una mayor precariedad laboral femenina.

Ello, sin contar, con que las mujeres siguen soportando las cargas de los cuidados no remunerados. Son desigualdades se agravan en contextos de pobreza, ruralidad, minorías étnicas o migrantes.

En cuanto a la violencia machista, aunque se  han producido mejoras legislativas y políticas, la incidencia de la violencia de género sigue siendo alta. Y, además, a las forma tradicionales se han unido otras nuevas como la digital, que se encuentra poco regulada en líneas generales en todo el mundo.

Tampoco se libran del escaso avance los derechos sexuales y reproductivos que una gran parte del planeta están bajo amenaza. Por ejemplo, el acceso a servicios de salud específicos para mujeres o limitaciones al aborto. En los países donde esto ocurre, generalmente, hay una imposición ideológica o política que influye negativamente sobre las mujeres.

En líneas generales lo que Beijing previó se ha ido cumpliendo de forma muy irregular y no suficiente. Por otro lado, muchos de estos compromisos siguen sin tener asignados recursos suficientes para ponerlos en marcha y realizar un seguimiento riguroso. Sin contar que su no cumplimiento no implica ningún tipo de sanción, quizá necesaria para evitar que algunos estados miren para otro lado.