La carta llegó un lunes de julio, pero su contenido apunta a hacer historia en 2027. Firmada por más de treinta ex cancilleres de América Latina y el Caribe, la declaración conjunta se convierte en un alegato a favor de algo que nunca ha sucedido en los casi 80 años de vida de la ONU: que una mujer, y además latinoamericana, asuma el liderazgo de la organización.
“Es el momento». La frase es de la exministra argentina de relaciones exteriores, Susana Malcorra. Con ella daba comienzo una campaña para abrir una puerta que hasta ahora ha permanecido cerrada. En su perfil de la red social X, Malcorra difundió el documento firmado con todos los nombres de quienes reclaman a una mujer al frente de la ONU.

La petición no es menor. Desde 1945, todos los secretarios generales han sido hombres. Y solo uno ha sido latinoamericano: el peruano Javier Pérez de Cuéllar, que ocupó el cargo entre 1982 y 1991. El resto ha procedido de Europa, Asia y África, siempre elegidos en un complejo proceso que combina equilibrios geopolíticos, negociaciones discretas y el poder de veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
«Redefinir el liderazgo internacional»
Por eso, la misiva difundida en julio no solo habla de paridad de género; denuncia también una brecha de representación regional. “Nuestra región cuenta con muchas mujeres distinguidas que pueden redefinir el liderazgo internacional y aportar nuevas visiones a la gobernanza mundial”, afirman los firmantes. Estos apelan a la llamada “rotación geográfica”, una norma no escrita pero generalmente respetada, según la cual, tras el fin del segundo mandato de António Guterres (Portugal) en 2026, sería el turno de América Latina.
Entre las personas que respaldan la iniciativa están figuras clave de la diplomacia reciente: de Colombia, Carolina Barco, María Ángela Holguín y María Emma Mejía; de Argentina, Jorge Taiana, Rafael Bielsa y el propio Santiago Cafiero; de Chile, Antonia Urrejola y José Miguel Insulza; de México, Claudia Ruiz Massieu y José Antonio Meade; además de ex cancilleres de Brasil, Perú, Uruguay, Ecuador, Costa Rica, Panamá y otros países. Una lista que, unida, dibuja un mapa político diverso y poco habitual en las causas comunes latinoamericanas.


- A la izquierda de la imagen, María Fernanda Espinosa; a la derecha, Mia Mottley.
Nombres sobre la mesa
Aún no hay candidaturas oficiales —el proceso se activará a finales de 2025—, pero los análisis internacionales ya especulan con perfiles que podrían tener opciones reales. Entre ellos aparece Rebeca Grynspan (Costa Rica), actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y ex vicepresidenta de su país, con décadas de experiencia en organismos multilaterales.
También figura Michelle Bachelet ex presidenta de Chile, abiertamente feminista, y ex alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU. Su nombre reaparece cada vez que se habla de liderazgo internacional con perspectiva de género. O la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, reconocida por su defensa global frente a la crisis climática y cuya pertenencia al grupo regional latinoamericano-caribeño le abre la puerta en este contexto.
Otras diplomáticas de peso, como Alicia Bárcena (México), actual secretaria de Relaciones Exteriores y exjefa de la CEPAL, o María Fernanda Espinosa (Ecuador), ex presidenta de la Asamblea General de la ONU, también se mencionan como posibles aspirantes.


- A la derecha de la imagen, Rebeca Grynspan; a la izquierda, Alicia Bárcena.
Ninguna de ellas, conviene subrayar, ha oficializado su candidatura, pero todas reúnen credenciales para un puesto que exige combinar visión política, autoridad moral y capacidad de diálogo global.
El peso simbólico y político
La elección de una mujer latinoamericana tendría un peso simbólico incalculable. Sería la primera vez que la ONU —nacida en 1945 de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial— se coloca bajo el liderazgo femenino. Y la primera vez, en un momento en que las tensiones geopolíticas, el cambio climático, las migraciones y las crisis humanitarias desafían el multilateralismo.
Según todos los expertos, y teniendo en cuenta la situación política actual, la ONU debe reafirmar su papel como voz global influyente. Para ello, insisten, es imprescindible abrir el abanico de perfiles más allá de las tradicionales cuotas de poder.
La neozelandesa Helen Clark partió como favorita a la Secretaria General tras la finalización del mandato del coreano Ban Kin-Moon, aunque, finalmente, fue elegido el portugués Antonio Guterres.
Ahora bien, también hay voces en la estrategia mundial que hablan de una institución en profunda crisis. Por eso alertan de que no caer en el denominado ‘acantilado de cristal’ si se consigue el objetivo. Dicho término se refiere a promocionar a mujeres para gestionar procesos que tienen altas posibilidades de fracaso y así justificar su ‘inoperancia’.
En la historia reciente, las mujeres han estado cerca de liderar la ONU, pero nunca han cruzado la meta. En 2016, la neozelandesa Helen Clark, entonces administradora del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, partía como favorita para suceder a Ban Ki-moon. Sin embargo, la elección recayó finalmente en António Guterres.
Quiénes han liderado la ONU
El noruego Trygve Lie inauguró el cargo en 1946. Le siguieron Dag Hammarskjöld (Suecia), U Thant (Birmania), Kurt Waldheim (Austria), Pérez de Cuéllar (Perú), Boutros Boutros-Ghali (Egipto), Kofi Annan (Ghana), Ban Ki-moon (Corea del Sur) y el actual António Guterres (Portugal). Una línea ininterrumpida de hombres.
El sistema de elección sigue un patrón rígido en el que el Consejo de Seguridad propone un candidato y la Asamblea General lo nombra. El veto de cualquiera de los cinco permanentes puede bloquear cualquier aspiración, lo que convierte la negociación previa en un tablero diplomático de alta complejidad.

Una oportunidad para romper el techo de cristal
Queda más de un año para que arranque la carrera formal hacia la Secretaría General de la ONU. Sin embargo, el mensaje lanzado desde América Latina resuena ya en foros diplomáticos y medios internacionales. No se trata solo de romper un techo de cristal. Se trata de demostrar que el liderazgo femenino puede aportar enfoques diferentes en la gestión de los desafíos globales.
El reto, admiten quienes apoyan la propuesta, será convencer a las grandes potencias de que ha llegado el momento de dar ese paso histórico. Y ahí, la capacidad de construir alianzas —dentro y fuera de la región— será decisiva.
En 2027, Naciones Unidas podría empezar a escribir un capítulo inédito en su historia. La pregunta es si el mundo estará listo para que, por primera vez, sea una mujer y latinoamericana quien lleve la voz del multilateralismo más allá de todas las fronteras.
