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OPINIÓN MARISA PÉREZ: «Cuando pensamos en el colectivo social que ha resultado más afectado por las consecuencias de la pandemia de Covid-19, todos coincidimos en señalar a las persona mayores. A todos nos vienen a la cabeza las situaciones dramáticas que se vivieron en las residencias de personas mayores durante la primavera de 2020. El protocolo de la vergüenza, por el que el Gobierno regional impidió que las personas mayores enfermas de coronavirus pudieran ingresar en los hospitales, provocó que la Comunidad de Madrid fuera la región que más muertes registró en las residencias de mayores.

Más allá de esta tragedia, del que aún nadie se ha hecho responsable en el gobierno autonómico, impidiendo incluso la fiscalización política de esta cuestión en la Asamblea de Madrid, nuestras personas mayores vieron cómo sus vidas cambiaban de la noche a la mañana. De pronto se vieron encerradas en sus casas, sin poder socializar con sus amistades y con sus familias, sin poder disfrutar de sus nietos y de sus nietas. La vida activa que muchas de ellas llevaban hasta entonces, acudiendo al sinfín de actividades que les ofrecía una ciudad como Rivas, se vio truncada por efecto de la pandemia. El confinamiento no solo generó problemas físicos en nuestras personas mayores, sino también problemas psicológicos derivados de una situación cargada de incertidumbres, de miedos y de oscuridad.

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Han pasado ya dos años desde aquel momento y, en Rivas, las personas mayores han podido recuperar ya cierta normalidad. Poco a poco, al aire libre o con muchas precauciones, han vuelto a compartir buenos momentos con sus familias y con sus amistades, y han recuperado muchas de esas actividades que les mantenían activos física y psicológicamente. Los centros de mayores han ido abriendo sus puertas, se han ido recuperando servicios que estaban restringidos por la pandemia, y han retornado, por ejemplo, las sesiones de gimnasia al aire libre o los viajes organizados por la Concejalía de Personas Mayores.

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Una sociedad se mide por el nivel de cuidados y de atención que presta a sus personas mayores. Ellas levantaron el país después de la Guerra Civil, avanzaron en sus vidas constreñidoa por las correas de la dictadura, hicieron el camino hacia la democracia y, en la última crisis económica, han soportado las economías familiares con pensiones que, en muchos de los casos, han tenido que estirarse como si fueran de chicle. Tenemos una deuda de gratitud con ellas que resulta impagable, pero no les quepa la menor duda de que no cejaremos en el esfuerzo de devolverles todo lo que nos han dado hasta ahora«.

Marisa Pérez es Concejala de Movilidad del Ayuntamiento de Rivas

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