Cada vez que una mujer registra su periodo en una aplicación del móvil, anota un dolor de cabeza o señala que lleva tres semanas sin menstruar, está generando datos. Datos que se almacenan, que se comparten con terceros y que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en pruebas contra ella ante un tribunal. En Estados Unidos, esa circunstancia lleva cuatro años siendo una realidad.
Desde que en junio de 2022 el Tribunal Supremo anuló la sentencia Roe contra Wade y eliminó la protección constitucional al aborto, el mapa legal del país se ha fragmentado de forma radical. Actualmente, 12 estados prohíben el aborto de manera completa y 29 aplican restricciones según la semana de gestación.

Solo nueve estados y el Distrito de Columbia no imponen limitaciones. En total, 41 estados tienen algún tipo de restricción vigente, lo que obliga a muchas mujeres a viajar largas distancias, costear alojamiento y vuelos, y sortear la desinformación y la vigilancia de familiares o vecinos.
Las ‘app’, un peligro para los derechos de las mujeres
A ese cerco legal se suma ahora uno digital. Karla Gonzales-García, directora de Género, Sexualidad e Identidad de Amnistía Internacional en EE.UU., lo explica sin ambages en una entrevista a la Agencia EFE: «Estamos viendo que muchas de estas apps y los líderes que las manejan favorecen prácticas autoritarias. Eso significa que la información de las usuarias podría ser expuesta». La situación, añade, «ha escalado sin precedentes desde la caída de Roe, afectando no solo al aborto, sino también a cómo se accede a él».
Algunas de las aplicaciones móviles para controlar la menstruación tuvieron 250 millones de descargas a nivel global.
Aplicaciones como Clue, Flo o Period Tracker superaban ya en 2024 los 250 millones de descargas globales. Además de registrar las fechas del ciclo, estas herramientas recopilan datos sobre hábitos de ejercicio, alimentación, estado emocional y uso de anticonceptivos.
Un estudio del Minderoo Centre for Technology and Democracy de la Universidad de Cambridge publicado en 2025 concluye que estas apps son una «mina de oro» para los anunciantes. Pero también son un peligro para la seguridad de las usuarias ya que los datos se comercializan o se comparten con terceros, aumentando la vulnerabilidad en contextos hostiles a los derechos reproductivos.
Censura sobre el aborto en plataformas y redes
El riesgo no es hipotético. El informe No Body’s Business But Mine: Vol 2, de Privacy International, advierte de que esa información podría emplearse como evidencia en investigaciones legales. Incluso algo tan aparentemente trivial como semanas sin registrar un periodo podría interpretarse como un embarazo interrumpido. «No tenemos todavía investigación fidedigna que confirme que esto está pasando, pero la situación está escalando», reconoce Gonzales-García.

De hecho, hay un caso que se produjo en el estado de Nebraska en el que Facebook entregó a las autoridades mensajes privados entre una madre y su hija sobre el uso de pastillas abortivas, que acabaron convirtiéndose en pruebas en un proceso penal.
Como presión, según el informe Obstacles to Autonomy: Post-Roe Removal of Abortion Information Online de Amnistía Internacional, estas plataformas prohíben y censuran contenidos relacionados con el aborto, dificultando el acceso a información básica de salud reproductiva. Y para evitarlo, el consejo de Gonzales-García es claro: «Si vas a usar una app para seguir tu menstruación, ovulación o cualquier asunto de salud reproductiva, no la vincules con datos personales. Muchas veces se conectan con otras apps y tus datos se comparten sin que lo sepas».

El cuerpo de las mujeres, campo de batalla
Lo que ocurre en Estados Unidos no puede entenderse como un fenómeno aislado. Es la expresión más avanzada de una ofensiva global contra la autonomía reproductiva de las mujeres que tiene aliados institucionales poderosos. El último en pronunciarse ha sido la Santa Sede. El pasado 25 de mayo, el papa León XIV publicó su primera encíclica, Magnifica humanitas, centrada formalmente en los retos de la inteligencia artificial y la doctrina social de la Iglesia.
En ella, el Pontífice afirma que el primero de todos los derechos humanos es el derecho a la vida desde la concepción hasta su fin natural, y califica el aborto provocado como una decisión «gravemente ilícita». No es una posición nueva en el catolicismo, pero su formalización en un documento de máximo rango doctrinal, en pleno contexto de retroceso de derechos reproductivos en el mundo, tiene un peso político que trasciende lo teológico.
‘ Magnifica humanitas‘, la primera encíclica del papa León XIV condena la vigilancia digital, pero también niega a las mujeres soberanía sobre su propio cuerpo.
Libertad frente algoritmos vs libertad reproductiva
Además, la misma encíclica alerta, por otro lado, sobre el riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos, y defiende la libertad interior de cada persona frente a la dependencia y la mercantilización. La paradoja es llamativa. Porque, por un lado, el documento condena la vigilancia digital, pero también niega a las mujeres soberanía sobre su propio cuerpo. Libertad frente a los algoritmos, sí. Libertad reproductiva, no.
Es por todo que la protección de datos no es una cuestión técnica ni neutral. Es, para las mujeres, una cuestión de libertad. El derecho a decidir sobre el propio cuerpo necesita, hoy, del derecho a no ser vigilada mientras se ejerce. En un país donde abortar puede significar ir a la cárcel, el móvil se ha convertido en un posible testigo de cargo. Y nadie parece tener prisa en desactivarlo.
