Gloria Steinem
Gloria Steinem durante su discurso en los premios Princesa de Asturia. Foto RTVE.

Gloria Steinem ha muerto. Tenía 92 años. Se fue en su casa de Nueva York, rodeada de la gente que quiso durante décadas de activismo, tal y como ha confirmado su familia y su fundación este jueves. No hubo agonía silenciosa. Hubo, dicen quienes la acompañaron, una vida entera bien vivida hasta el final.

Nacida en Ohio en 1934, Steinem no tuvo una infancia convencional. Vivió en una caravana con sus padres, que se ganaban la vida vendiendo antigüedades por todo Estados Unidos. Por eso, no pisó una escuela hasta los diez años, así que leía sola, en la parte trasera del vehículo familiar. Tiempo después diría con humor que fue ahí donde aprendió lo que después sería su gran don: escuchar a cualquiera, en cualquier lugar.

Gloria Steinem
La periodista y activista Gloria Steinem, en una imagen de los años 70.

Tras el divorcio de sus padres, se hizo cargo de su madre, que sufría una enfermedad mental grave. Esa experiencia, sumada a lo que vio en los matrimonios de los años cincuenta —mujeres al servicio permanente de sus maridos—, la llevó a mantenerse soltera hasta los 66 años. Entonces se casó con el activista David Bale.

Un aborto clandestino que se convirtió en bandera

A los 22 años, recién salida de la universidad y de camino a India, Steinem descubrió que estaba embarazada. Decidió abortar. Lo hizo en la clandestinidad, en Londres, una década antes de que el Reino Unido legalizara la interrupción del embarazo salvo riesgo vital.

El médico que la ayudó, John Sharpe, le pidió solo dos cosas. Que nunca revelara su nombre, y que hiciera con su vida lo que quisiera. Steinem cumplió la primera promesa muchos años, hasta que decidió honrarlo dedicándole su libro ‘Mi vida en la carretera’. Sobre el aborto dijo y escribió que era el Vietnam de las muejeres, la guerra silenciosa que las mujeres libraban contra sus propios cuerpos.

La segunda promesa la cumplió siempre.

Del Playboy Club a la fundación de ‘Ms.‘

Steinem hizo del periodismo su herramienta política. Escribió para Esquire, Cosmopolitan y The New York Times Magazine y formó parte del equipo fundador de New York Magazine. En 1963 se infiltró once días como conejita en el Playboy Club de Nueva York para denunciar, desde dentro, las condiciones laborales y el acoso que sufrían esas mujeres.

El reportaje fue un éxito, pero también le cerró puertas. De hecho, un editor le sugirió que, siendo joven y mujer, mejor se centrara en «temas femeninos» y dejara la política a otros.

Como era de esperar, ella no le hizo caso y fue más allá. En 1972 fundó, junto a Dorothy Pitman Hughes, la revista Ms., la primera publicación feminista dirigida y pensada por mujeres. Mientras el resto de revistas femeninas hablaba de belleza y maternidad, Ms. hablaba de aborto, violencia machista y discriminación política. La primera tirada se agotó en una semana.

Gloria Steinem
Cartel de 2021 de la Fundación Princesa de Asturias anunciando el galardón a la activista Gloria Steinem.

Princesa de Asturias 2021

Steinem estudió Gobierno en el Smith College, algo poco habitual entre las mujeres de su generación. Fue la primera mujer en dirigirse al Club Nacional de Prensa de Estados Unidos para criticar la ausencia de mujeres en las redacciones.

Cofundó el Caucus Político Nacional de Mujeres y su salón, en Nueva York, se convirtió durante décadas en punto de encuentro de las grandes figuras del feminismo estadounidense. Eran los llamados Círculos de Diálogo, una tradición que su fundación ha prometido mantener viva.

El reconocimiento institucional a todo este activismo llegó tarde, pero llegó. En 2013, Barack Obama le impuso la Medalla Presidencial de la Libertad y en 2021, ya con 87 años, recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. En su discurso de aceptación no se guardó nada y calificó a Donald Trump de «accidente de la Historia». Por entonces ya advirtió, con ironía afilada, que lo que Hitler más temía era que se rieran de él. A Trump, dijo, le pasaba lo mismo.

Gloria Steinem
La feminista Gloria Steinem habla en la Convención Nacional Demócrata en Miami Beach, Florida, el 13 de julio de 1972. (Foto AP, Archivo)

Feminismo con fricciones, y con humor hasta el final

Su feminismo fue, desde el principio, inclusivo e interseccional y la llevó a chocar, más de una vez, con otras referentes del movimiento, como Betty Friedan y tampoco se libró, lógicamente, del machismo de sus propios colegas de profesión.

De hecho, el escritor Gay Talese llegó a reducirla a «la chica guapa de la temporada». Su melena larga y sus gafas de sol gruesas acabaron convertidas, pese a todo —o precisamente por eso—, en un icono visual del feminismo del siglo XX.

En sus últimos años, Steinem bromeaba con que había tenido que esperar mucho tiempo a que nacieran sus mejores amigas. Era su manera de celebrar el nuevo feminismo, más joven, que la rodeaba.

Le gustaba también la tradición de encender fuegos en las laderas para alumbrar el camino de otros. Por eso, su fundación ha pedido que, en su memoria, se enciendan velas y se eviten las flores.

Y que quien quiera honrarla, que lo haga con una donación. La voluntad de Steinem, según ha trasladado su fundación, es que su propia casa se convierta en un centro para los movimientos de justicia social. Un último gesto, coherente con una vida entera: la de una mujer que hizo del hecho de escuchar, y del hecho de contarlo, una forma de revolución.