Persépolis

Marjane Satrapi no necesitó pólvora ni tribunas para hacer la revolución. Le bastó con un lápiz y la memoria de una niña que creció entre dos mundos. Entre el Irán de antes, el de la esperanza ilustrada de sus padres, el de los sueños de la infancia, y el Irán de después, el del velo impuesto y el del miedo convertido en ley.

Con esas herramientas construyó ‘Persépolis’, una de las novelas gráficas más importantes del siglo XX, con ella le puso rostro, nombre y trazo a lo que el régimen iraní llevaba décadas intentando hacer invisible: la vida interior, política y humana de las mujeres de su país.

Persépolis

Causa de la muerte, la tristeza

La artista francoiraní ha fallecido hoy, 4 de junio de 2026 en París, a los 56 años. Sus familiares y allegados ha dicho que Satrapi murió de tristeza, poco más de un año después del fallecimiento de su esposo, el productor, actor y guionista Mattias Ripa, muerto el 8 de abril de 2025.

La socióloga francoiraní Azadeh Kian, amiga íntima de la artista, ha confirmado a la agencia France Info que la autora nunca se recuperó del golpe y, desde entonces, decía, había dejado de luchar. «Se estaba dejando morir desde la pérdida del amor de su vida», afirmó Kian, quien recordó que ambos habían crecido juntos y que su vínculo era tan antiguo como profundo. Hasta el final, sin embargo, Satrapi siguió pendiente de Irán, de sus mujeres y de su gente.

Y llegó la revolución de los ayatolás

Había nacido en Rasht (Irán), en noviembre de 1969, en el seno de una familia acomodada y progresista que le dio acceso al Liceo Francés de Teherán y, con él, a dos idiomas, dos culturas y la convicción de que el conocimiento era un derecho que no debía tener género.

Persépolis

Sin embargo, la revolución islámica de 1979 lo cambió todo. Los colegios bilingües fueron suprimidos. El país que ella conocía fue sustituido por otro que la empujaba al margen. Por entonces, tenía diez años. Marjane, no obstante, tuvo la oportunidad de irse a Viena a terminar el bachillerato, y más tarde regresó a Irán para estudiar Bellas Artes. Ya en 1994 se instaló en París, ciudad en la que residiría el resto de su vida y cuya nacionalidad adoptaría en 2006.

Fue en París donde una propuesta del colectivo editorial L’Association cambió el curso de su trayectoria —y, en cierta medida, el del cómic mundial—. Le pidieron que contara sus recuerdos de infancia. En el año 2000 apareció el primer tomo de Persépolis.

‘Persépolis’, un acto de resistencia

En él, una adolescente iraní observaba la revolución, la guerra contra Irak y la represión con ojos que no cedían al miedo ni a la resignación. El libro ganó el premio Coup de coeur al mejor autor revelación en el Festival de Angoulême; el segundo tomo, publicado un año después, se llevaría el premio al mejor guion en el mismo certamen.

Persépolis
Una mujer sin velo protesta durante el entierro de Aichi en Saqez (Irán).

Así las cosas, el mundo empezaba a entender que aquello no era solo un cómic, era un documento político, un acto de resistencia y, sobre todo, un ejercicio de memoria que le devolvía humanidad a un pueblo reducido.

La adaptación cinematográfica de animación, codirigida con Vincent Paronnaud en 2007, amplió el alcance de esa historia hasta audiencias que nunca habrían abierto una novela gráfica. La película ganó el galardón del jurado en el Festival de Cannes ese mismo año y fue nominada al Óscar a mejor película de animación en 2008.

Las imágenes en blanco y negro de aquella niña iraní corriendo, leyendo, rebelándose y llorando llegaron a millones de espectadores en todo el mundo. Gracias a Satrapi, el mundo pudo ver lo que el régimen de los ayatolás llevaba décadas intentando ocultar: que detrás del velo había mujeres con nombre, con historia, con rabia y con razón.

Mujer, iraní,

‘Mujer, vida, libertad’, el lema de la revolución feminista iraní

Su obra no se agotó en Persépolis. ‘Bordados’ (2003) exploró con ironía y ternura las conversaciones íntimas entre mujeres iraníes. En ‘Madame Curie’ (2020) indagó en la figura femenina de la Premio Nobel que el mundo reconoció tarde y mal. Y en 2023 coordinó ‘Mujer, vida, libertad‘, una obra coral de no ficción en homenaje a Mahsa Amini, la joven asesinada por la policía de la moral iraní por no llevar bien el velo.

El título de la obra se ha convertido en el lema del movimiento feminista iraní. En 2024, el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades reconoció su trayectoria como «una de las personas más influyentes en el diálogo entre culturas y generaciones». Un año después, rechazó la Legión de Honor francesa, que consideró una muestra de hipocresía ante la postura de Francia frente a la nueva ola represiva en Irán.

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