La protección patrimonial de La Casika vuelve al centro del debate en Móstoles. La singular arquitectura neomudéjar de los inmuebles situados en los números 13 y 15 de la calle Montero, que actualmente albergan este conocido centro social autogestionado, constituye uno de los argumentos para reclamar que el conjunto sea estudiado e incorporado al catálogo de bienes y espacios protegidos de la ciudad.
La iniciativa de la Asociación Amigos de la Historia de Móstoles (AHIMOS) llega en un momento especialmente significativo para el futuro del edificio. Este martes, 13 de octubre, el Ayuntamiento ha convocado la Comisión de Trabajo de Seguimiento de la Ley 8/2023, de 30 de marzo, de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid. Entre los asuntos que se abordarán figura la actualización del catálogo de bienes y espacios protegidos del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), un proceso en el que el Consistorio ya está trabajando.
AHIMOS participará en la reunión para solicitar la incorporación de tres inmuebles del casco histórico al catálogo municipal. Además del conjunto de la calle Montero, conocido actualmente como La Casika, la asociación plantea proteger los edificios situados en Agustina de Aragón, 29, y Cristo, 8.
Dos casas que forman un único conjunto arquitectónico
Uno de los principales argumentos de AHIMOS es que, aunque los números 13 y 15 de la calle Montero corresponden a dos inmuebles diferentes, ambos forman morfológicamente un solo edificio. Se trata de dos casas bajas de dos plantas, con superficies en planta de 61 y 685 metros cuadrados, respectivamente, según la descripción aportada por la asociación.
El conjunto presenta una fachada de ladrillo visto, con molduras de ladrillo macizo enmarcando los huecos y un friso entre ambas plantas en el que los ladrillos están dispuestos en diente de sierra. Estos elementos constituyen algunos de los rasgos que vinculan su arquitectura con el estilo neomudéjar.
La planta inferior cuenta con dos puertas de acceso a las respectivas viviendas y tres ventanas protegidas por rejas. En la superior se distribuyen dos balcones con barandillas de hierro forjado y dos ventanas. AHIMOS destaca especialmente la rejería del balcón situado a la izquierda por su valor ornamental.
En el interior de la vivienda destaca un pozo con brocal, revestido y decorado con azulejos irregulares de distintos colores que imitan el aspecto del sillarejo. Una decoración similar aparece en la balaustrada de la escalinata que conduce a la planta superior. Algunas dependencias de la planta baja conservan, además, techos con bovedillas.
La asociación considera que estas características deben tenerse en cuenta en la evaluación patrimonial del inmueble, tanto por su composición arquitectónica como por la conservación de elementos constructivos tradicionales.

Una historia que se remonta al siglo XIX
Para AHIMOS, el interés del conjunto no se limita a la fachada neomudéjar. La combinación de las casas, el patio, el pozo y otros elementos tradicionales aporta un valor etnográfico que, a juicio de la asociación, debe formar parte de la evaluación para su posible protección.
La descripción histórica aportada por AHIMOS sitúa la probable construcción de la casa a finales del siglo XIX, una datación que la entidad relaciona con sus características arquitectónicas neomudéjares.
La asociación también recoge una sucesión de propietarios que permite seguir parte de la historia del inmueble. Entre ellos figuran Carlos Escobar, Ignacio Martín, Domingo Manrique Tintero, en 1852, Guillermo Manrique San Martín, en 1913, y Concepción Manrique Ruiz, en 1947.
Según esa documentación, el testamento de Concepción Manrique Ruiz estipulaba que la propiedad debía donarse a Cáritas después de su fallecimiento. La donación, sin embargo, no llegó a ejecutarse y el inmueble quedó abandonado a su suerte, de acuerdo con la reconstrucción histórica de la asociación.
Esta trayectoria, unida a las características arquitectónicas y constructivas del edificio, constituye otra de las razones esgrimidas por AHIMOS para solicitar que se estudie su incorporación al catálogo municipal.
La posible protección permitiría valorar el inmueble como un conjunto histórico, teniendo en cuenta no solo sus fachadas, sino también sus espacios interiores, el patio y los elementos tradicionales que han llegado hasta la actualidad.

El desalojo aplazado abre un nuevo escenario
La iniciativa patrimonial coincide con la situación judicial de La Casika. Según informó hace unos días Noticias para Municipios, la Justicia ha aplazado el desalojo previsto, lo que concede un margen adicional a la defensa mientras continúa el procedimiento.
Esta decisión temporal y la solicitud de protección patrimonial constituyen dos vías diferentes que coinciden en el tiempo. Por un lado, el procedimiento judicial determinará cómo evoluciona la situación posesoria del inmueble. Por otro, la revisión del catálogo municipal podría abrir la puerta a reconocer y proteger sus valores arquitectónicos e históricos.
La posible catalogación no implica automáticamente la paralización definitiva del desalojo ni garantiza la continuidad del centro social. Sin embargo, una evaluación patrimonial podría aportar nuevos elementos al debate sobre el futuro del edificio y las medidas necesarias para conservarlo.
AHIMOS pide proteger otros dos edificios del casco histórico
La propuesta de la asociación incluye también el inmueble de la calle Agustina de Aragón, 29, y el situado en la calle Cristo, 8. La petición conjunta amplía el foco de atención más allá de La Casika y sitúa la conservación de la arquitectura tradicional dentro de una reflexión sobre el futuro del casco histórico de Móstoles.
La actualización del catálogo del PGOU representa una oportunidad para revisar los bienes que cuentan actualmente con protección, estudiar posibles incorporaciones y determinar qué medidas resultan adecuadas para cada inmueble.
El proceso municipal contempla trabajos técnicos destinados a revisar el catálogo y formular propuestas de protección. En este contexto, la documentación que puedan aportar las asociaciones históricas puede contribuir al análisis de los edificios que todavía no cuentan con una protección específica.
