La violencia sexual no ocurre, mayoritariamente, en espacios públicos ni entre desconocidos. Así lo corroboran los datos del Ministerio del Interior que deberían servir para orientar políticas públicas, recursos de prevención y campañas de concienciación. Sobre todo, si tenemos en cuenta que casi la mitad de los delitos contra la libertad sexual —el 47,06%— se comete en la intimidad.
El domicilio es, pues, el espacio de mayor riesgo, por encima de las vías de comunicación o espacios públicos (19,38%), los establecimientos (12,37%) o las instalaciones (10,73%). El agresor, además, no siempre es un desconocido, al contrario.

En cuanto al vínculo entre víctima y autor, más de un tercio de las victimizaciones involucran a alguien del entorno de confianza o proximidad social de la víctima. Por ejemplo, la violencia de pareja o expareja representa el 5% de todas las victimizaciones (1.137 casos). La que se da en el ámbito doméstico, excluyendo las relaciones íntimas, ocupa el 5,72% (1.242). La de amistad, el 3,86% (880); y los entornos laboral o escolar, el 3,48% conjunto.
Crece la agresión con penetración
Estos son dos de los ejes centrales del análisis que se desprende del Balance de Criminalidad del Primer Trimestre de 2026 del Ministerio del Interior, y del último Informe sobre Delitos contra la Libertad Sexual elaborado por la Oficina Nacional contra las Violencias Sexuales (ONVIOS), correspondiente al año completo 2024. Ambos documentos, leídos de forma conjunta, ofrecen la radiografía más actualizada de la violencia sexual en España.
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado registraron 4.806 delitos contra la libertad sexual en el primer trimestre de 2026, frente a los 4.754 del mismo período de 2025.
Por ejemplo, que entre enero y marzo de 2026, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado registraron 4.806 delitos contra la libertad sexual, frente a los 4.754 del mismo período de 2025. Esto supone un aumento del 1,1%. Dentro de esa cifra, las agresiones sexuales con penetración crecieron un 3,8% —de 1.243 a 1.290. Mientras, el resto de delitos contra la libertad sexual se mantuvo prácticamente estable, pasando de 3.511 a 3.516.
En términos interanuales, en el primer trimestre de 2025, el incremento fue del 2,2% para el conjunto de la categoría y del 7,6% para las agresiones con penetración. El Ministerio atribuye parte de este aumento sostenido en los últimos años a las políticas activas de concienciación y a la reducción de la tolerancia social. Aspecto que ha elevado la disposición de las víctimas a denunciar, reduciendo la cifra oculta.
Esta lectura estructural no minimiza la gravedad de los datos, pero es imprescindible para interpretarlos correctamente, porque, según el Ministerio, más denuncias no significa, necesariamente, más delitos.

Nueve de cada diez víctimas son mujeres
Sea como sea, esos delitos los sufren casi en su totalidad, las mujeres. Es importante tener en cuenta que el balance trimestral del Ministerio de Interior no desglosa a las víctimas por sexo ni edad, pero sí lo hace el de ONVIOS con datos de 2024. Según este, el 85,69% de las victimizaciones correspondieron a mujeres —19.518 sobre un total de 22.778— frente al 14,25% de hombres. En las agresiones sexuales con penetración, la brecha es aún más pronunciada. El 89,38% de las víctimas son mujeres, y solo el 10,58% son hombres.
En cuanto a la franja de edad, la más afectada es la de 18 a 30 años, con 6.956 victimizaciones en 2024, el 30,54% del total. Le sigue, en segunda posición, la infancia. Es decir, el grupo de 0 a 13 años que concentra el 18,42% de todas las victimizaciones con 4.196 casos, pese a representar apenas el 17,7% de la población española.
Los menores de 18 años en conjunto acumulan el 41,24% de todas las víctimas. Ello sitúa la protección de la infancia y la adolescencia como prioridad estadística indiscutible. La franja de 14 a 15 años (12,61%) y la de 31 a 40 años (12,40%) presentan porcentajes similares. La victimización desciende con la edad, aunque no desaparece, ya que las personas de 51 a 64 años representan el 4,39% del total, y las mayores de 65 años, el 1,06%.

Andalucía, a la cabeza en el primer trimestre de 2026
En cuanto al lugar de los delitos, el peso demográfico sitúa a Barcelona, Madrid, Valencia, Alicante e Illes Balears entre las provincias con mayor número absoluto de delitos conocidos en 2024. Sin embargo, la tasa por cada 10.000 habitantes ofrece una imagen muy diferente. Encabeza este ranking las Illes Balears con 8,1 delitos por 10.000 habitantes, seguida de Navarra (7,8), Lleida (7,0), Las Palmas (6,7) y Girona (6,2). El total, la media nacional se sitúa en 4,7.
En el primer trimestre de 2026, Andalucía registró 712 delitos contra la libertad sexual. En términos porcentuales, es un 7,1% más que en el mismo período de 2025, con un crecimiento superior a la media nacional tanto en agresiones con penetración (7,9%) como en el resto de tipologías (6,8%). Dentro de la comunidad, el comportamiento provincial es muy dispar, porque mientras Almería subió un 11,7%, Cádiz bajó un 15,5%.
Andalucía fue la Comunidad Autónoma que registró el mayor incremento de delitos contra la libertad sexual con un 7,1% con respecto al primer trimestre de 2025.
El delito en redes, más difícil de esclarecer
La tasa de esclarecimiento de los delitos contra la libertad sexual alcanzó en 2024 el 83,3%, la más alta de la serie histórica desde 2018, cuando era del 81,1%. En términos absolutos, se pasó de 10.674 hechos esclarecidos en 2018 a 18.104 en 2024. La excepción sigue siendo el grooming, con un esclarecimiento del 44,04%, muy por debajo de la media. Su modus operandi digital, con frecuente dimensión internacional, dificulta la identificación de los autores.
Por último, es importante añadir el dato que no se publica porque se desconoce y que tiene que ver con los delitos que no se denuncian.
Según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, solo el 13,9% de las víctimas de violencia física o sexual denuncia los hechos a la policía. Todo lo que recogen las estadísticas del Ministerio del Interior es, por tanto, la punta de un iceberg cuya profundidad real permanece sumergida.
