delincuente sexual
Detención de un agresor sexual en la región el pasado abril (Foto: Archivo)

El pasado viernes, este periódico informaba sobre la detención de un hombre de 73 años por grabar de forma oculta las partes íntimas de mujeres y menores con su móvil en medios de transporte. Cuando la Policía se percató del hecho, el hombre se justificó diciendo que tenía un problema con las mujeres.

A primeros de marzo, varios medios se hacían eco de la detención en Alicante de otro hombre, abuelo de la víctima, por abusar sexualmente de su nieta de 9 años. Este mismo febrero, otro en Fuengirola, ingresó en prisión para pasar 10 años, tras ser condenado por abusar de sus nietas de 6 y 9 años de forma continuada.

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Y, hoy mismo, se ha producido la detención de un hombre de 65 años por, presuntamente, varias agresiones sexuales por tocamientos en el centro de Málaga, en las últimas dos semanas. Y así, un suma y sigue.

Delincuentes sexuales que envejecen

Lejos de los sentimientos de rechazo que provocan estos hechos, es importante arrojar datos y explicaciones, si las tiene, a una realidad que va en aumento. Una de ellas, apuntan los escasos estudios sociológicos sobre los delincuentes sexuales de más de 65 años, es que su aumento -ligero, pero constante- no se debe tanto a su número. La razón está en el crecimiento vegetativo de la población. Es decir, no hay más, simplemente, los que ya lo eran, ahora son más mayores.

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Mientras, en el imaginario colectivo, el agresor sexual suele tener un perfil concreto -varón joven, impulsivo, que actúa en contextos de fiesta o consumo. Por contra, la realidad nos dice que, en el otro extremo, entre los jóvenes, la edad de comisión de estos delitos ha descendido drásticamente. Se sitúa, incluso, por debajo de la mayoría de edad.

En 2022, al menos 469 hombres de 65 años o más fueron identificados como autores de delitos contra la libertad sexual en España. Es un dato que apenas asoma en los debates públicos, pero sí revela una persistencia estructural del machismo que puede ir a más.

Un grupo pequeño entre los delincuentes sexuales

Los datos elaborados por el Ministerio del Interior en su ‘Informe de delitos sobre la liberta sexual’, tomados aisladamente, no son significativos. De hecho, estos agresores representan solo el 2,2 % del total, pero en la última década la cifra de detenciones de hombres mayores de 65 años por delitos sexuales ha pasado de 107, en 2013 a 243, en 2023. Además, por su perfil tipo, este delincuente sexual representa una violencia íntimamente ligada al machismo estructural y de poder que históricamente han ostentado.

De los 469 agresores, 298 tenían entre 65 y 70 años, mientras que 171 superaban los 71. Esta última franja, lejos de diluirse en la vejez, mantiene una agresividad que no se disfraza con la edad.

No hay estudios específicos sobre las causas de los delitos sexuales cometidos por hombres mayores de 65 años. Sí se conoce, a través de los patrones de conducta estudiados por los profesionales, que el sujeto no es impulsivo, ni su acto producto del azar.

En realidad, responde a dinámicas de dominación y control arraigados. De hecho, muchos de estos delitos no se cometen en la calle ni bajo el influjo de sustancias, sino en viviendas compartidas, entornos familiares e incluso residencias de mayores, donde el agresor ejerce poder por proximidad o dependencia.

Tipologías del abuso en la vejez

El tipo de delito más frecuente en estos tramos es el abuso sexual con acceso carnal, es decir, sin violencia explícita, pero sin consentimiento, y habitualmente aprovechando la confianza o la indefensión de la víctima. Le siguen los abusos sin penetración y los casos de exhibicionismo, más comunes en edades avanzadas, donde pueden mezclarse la desinhibición senil con conductas arraigadas.

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En los mayores de 71 años, aparece además un repunte de agresiones con violencia. Algunos expertos apuntan a trastornos neurodegenerativos como factor contribuyente, pero no hay estudios ni informes que ahonden en diagnósticos clínicos sobre este particular. En general, los estudios se limitan a registrar el delito, sin atenuantes biológicos, basándose en estadísticas de Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Ministerio del Interior.

El escenario: el hogar y lo rural

El hogar es el escenario dominante en cuanto al ámbito donde se produce los delitos sexuales. Así, más del 65 % de los delitos sexuales cometidos por hombres mayores ocurren en el entorno doméstico. Muchas veces, demasiadas, la víctima es menor de edad, una nieta o familiar con vínculos de dependencia o convivencia.

La ruralidad, por lo que tiene de aislamiento y el envejecimiento social que se producen en algunos de estos espacios, agravan este contexto. Por ejemplo, las comunidades autónomas con mayores tasas relativas de delitos cometidos por hombres mayores de 65 años son Castilla-La Mancha, Galicia y Extremadura, donde el peso de lo rural tiene gran peso.

Además, las redes sociales son más cerradas, y el agresor goza muchas veces de un estatus intocable, y en lugares de poca población, el acceso a recursos de denuncia es menor. Estos casos no salen a la luz y si lo hacen es tras décadas de silencio.

Nacionalidades: mayoría española, patrón estable

El 82 % de los agresores de esta franja de edad es de nacionalidad española, lo que rompe con otro prejuicio extendido: el de asociar delitos sexuales a la inmigración. Los extranjeros mayores de 65 apenas representan una fracción, siendo más comunes los de origen latinoamericano o magrebí, pero siempre en cifras muy por debajo del peso de los agresores nacionales.

El tipo de delito no varía significativamente por nacionalidad: en todos los casos domina el abuso en contextos cercanos, lo que evidencia que el factor clave no es el origen, sino el sistema relacional y de género en que estos hombres han vivido y ejercido su masculinidad.

Un fenómeno silenciado

Lo que muestran estos datos no es una epidemia, ni de lejos, pero sí una constante que puede incrementarse. Un fenómeno silenciado porque ocurre lejos del ruido: en casas, en pueblos pequeños, en residencias sin cámaras. Porque los agresores son abuelos, vecinos respetados, o figuras de autoridad en núcleos donde el tiempo parece detenido.

Los diferentes informes -escasos y breves- no ofrecen recomendaciones específicas para este grupo etario. No hay protocolos adaptados, ni planes de detección en residencias, ni campañas de sensibilización que nombren a este agresor. Pero las cifras están ahí, como una llamada de atención: la violencia sexual no caduca con la edad.