deseo sexual en la menopausia

Hay un relato muy instalado sobre la sexualidad de la mujer en la menopausia acerca de su no deseo durante esta etapa. Que si el cambio hormonal, que si la sequedad vaginal, que si los sofocos. También en esto, la mujer y su cuerpo son el centro de la explicación suficiente y única.

Sin embargo, un análisis viene a desarmar el estereotipo de que son ellas las que dejan de querer tener relaciones sexuales. Publicado por Máxima, un centro médico especializado en salud integrativa y menopausia con sede en Barcelona, el trabajo cuestiona ese marco con un dato que incomoda. Y es que el 14% de las mujeres que afrontan dificultades sexuales en esta etapa atribuye la falta de deseo a su pareja masculina. Una de cada siete.

deseo sexual en la menopausia

El estudio está basado en la revisión de los principales trabajos publicados en España sobre menopausia, sexualidad y relaciones de pareja. No niega el impacto real de la menopausia en la vida sexual femenina. De hecho, según los datos que maneja, el 77,6% de las mujeres experimenta una disminución del deseo sexual durante esta etapa.

Además, revela que el 38,8% refiere una menor frecuencia en las relaciones, un porcentaje que sube al 37,5% en la perimenopausia. Este dato aumenta al 52,5% entre las mujeres que citan problemas relacionados con la libido, entre los primeros cambios que percibe desde la aparición de los síntomas.

Un síndrome que sigue sin nombrarse

De esos factores con mayor peso clínico figura el Síndrome Genitourinario de la Menopausia (SGUM). Un síndorme todavía desconocido para buena parte de la población pese a su altísima prevalencia. Según datos de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) y Sigma Dos, el 57,1% de las mujeres presenta sequedad vulvovaginal severa, y el 43,8% vincula estos síntomas con una caída significativa del deseo.

Cuando esto sucede y aparece «dolor, sequedad o incomodidad, muchas mujeres terminan asociando el sexo a una experiencia negativa». Lo explica la doctora Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga y portavoz de Máxima. Ahora bien, puntualiza, «la pérdida de deseo y el dolor durante las relaciones no son lo mismo, y es importante diferenciarlos porque existen soluciones eficaces para ambos problema».

deseo sexual en la menopausia

El peso de estos síntomas físicos es innegable. Pero los datos también muestran que la biología no lo explica todo. Según el INE, aproximadamente la mitad de las más de 25 millones de mujeres que residen en España tienen 50 años o más. Al menos, un tercio de sus vidas transcurrirá en etapa de menopausia. Se trata de millones de parejas atravesando juntas —o por separado— una transición que el sistema sanitario y el imaginario cultural han mirado, casi en exclusiva, desde el cuerpo de la mujer.

La pareja en el punto ciego

Y es, precisamente, ese sesgo lo que el análisis de Máxima pone en cuestión. Porque si el 14% de las mujeres señala a su pareja masculina como origen del problema, el enfoque tradicional ha dejado sistemáticamente fuera de foco a la mitad de la ecuación. «Durante años se ha interpretado cualquier descenso de la actividad sexual en parejas maduras como una consecuencia directa de la menopausia», señala Molero.

Sin embargo, «los datos», apunta, «muestran que la realidad es bastante más compleja. Y que la sexualidad debe entenderse como una experiencia compartida, no exclusivamente femenina».

Precisamente, la investigación científica avala esta lectura. Un estudio masivo con 67.000 participantes elaborado por la Universidad de Tartu, en Estonia, concluyó que los factores demográficos como la edad o el género solo explican el 28% de las variaciones en el deseo sexual. La mayoría de los factores depende de la salud mental, la dinámica de pareja y los hábitos cotidianos.

El verano como espejo

El análisis de Máxima llega en un momento especialmente pertinente. Con el inicio del verano, el aumento del tiempo compartido en pareja y las expectativas de bienestar e intimidad que suele traer esta época pueden hacer aflorar tensiones que el ritmo cotidiano enmascara. Parejas que arrastran dificultades de comunicación o problemas sexuales no resueltos pueden verse expuestas a una presión adicional cuando la convivencia se intensifica.

Para los expertos del centro, el mayor riesgo es que estas situaciones continúen viviéndose en silencio. El tabú alrededor de la sexualidad en la madurez —agravado por el edadismo y la idea de que el deseo legítimo pertenece a la juventud— dificulta que muchas parejas busquen ayuda profesional a tiempo.

La conclusión de la doctora Molero apunta directamente a poner el foco en por qué disminuye el deseo femenino durante la menopausia. Más bien, en cómo quieren desear y vivir la sexualidad ambas personas, cómo expresarlo y compartirlo. «Los cambios asociados al envejecimiento son inevitables», afirma, «pero no significan menor satisfacción ni obligan a atribuir automáticamente el problema a la mujer».

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