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Romper el silencio sobre el sexo y la vejez en las mujeres mayores es otra forma de empoderamiento, porque la sexualidad no se apaga con los años, solo se transforma. Reconocerlo, además de mejorar su calidad de vida contribuye a desmontar un modelo de sociedad que las había condenado al olvido.

Durante décadas, la sexualidad de las mujeres mayores ha sido un tema ignorado, incluso negado. El estudio 135 ‘La sexualidad de las mujeres mayores en el contexto español. Percepciones subjetivas’, publicado por el Instituto de las Mujeres, arroja luz sobre una realidad silenciada: las mujeres mayores de 65 años también tienen deseo, placer y una vida erótica que merece ser reconocida.

La investigación, de carácter cualitativo realizado a partir de ocho entrevistas en profundidad, se basa en seis grupos de discusión de entre seis y 12 componentes de mujeres de entre 65 y 74 años. Todas de diferentes orientaciones sexuales, niveles educativos y contextos culturales.

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Imagen de la presentación del estudio con algunas de las mujeres participantes en el mismo.

Entre sus principales conclusiones destaca que el deseo sexual no desaparece con la edad, aunque su vivencia está condicionada por los mitos, el edadismo y la cultura patriarcal.

Uno de los elementos más repetidos en los testimonios es la ausencia de educación sexual en la infancia. “Todo era pecado”, resumen muchas de las participantes, criadas durante el franquismo bajo los mandatos de la moral católica.

Entonces, cuentan, la sexualidad se vivía con vergüenza, centrada en la genitalidad masculina y orientada exclusivamente a la reproducción, lo que marcó negativamente su relación con el cuerpo y el placer.

El feminismo, puerta de la liberación

Fue así cómo los mandatos de género marcaron sus vidas. Ser buenas esposas, madres y vírgenes hasta el matrimonio las desconectó de sus propios deseos. Tanto, que muchas vivieron la sexualidad desde la culpa, desde un sentimiento de castigo que les ha dejado cicatrices emocionales profundas.

No obstante, algunas de ellas, con el tiempo, han encontrado en el feminismo una puerta de liberación, a partir de su participación en talleres, lecturas, grupos de mujeres y terapias que les han permitido reapropiarse de su sexualidad.

Por eso, muchas de las mujeres participantes en el estudio afirman haber experimentado una transformación en la vejez gracias, en parte, a la libertad de no tener ya cargas reproductivas. Eso les ha permitido vivir su sexualidad a partir de sus propias emociones, su cuerpo y el autoerotismo. “A esta edad me erotizo más que nunca”, confiesa una de ellas.

Más allá de la menopausia

La menopausia no es el fin del deseo, afirman las expertas, aunque los estereotipos sociales sigan dictando lo contrario. “Todavía se piensa que el sexo solo lo practican los jóvenes y bellos”, señala la sexóloga Fina Sanz, investigadora principal del estudio. Esta idea genera inseguridad y desvalorización, especialmente en mujeres heterosexuales que ya no se sienten deseadas bajo la mirada masculina.

El informe también subraya la importancia de factores como la salud, la pareja y la trayectoria vital. Aquellas mujeres que han participado en grupos feministas o en talleres de educación sexual muestran una vivencia más libre y positiva del deseo. La autoexploración, la comunicación emocional y la ausencia de violencia resultan claves para una sexualidad satisfactoria.

Según datos del INE, en 2022 más del 20% de la población española era mayor de 65 años, y el 60% de estas personas eran mujeres. Sin embargo, los servicios sanitarios siguen sin abordar adecuadamente la salud sexual en esta etapa vital. Las consultas ginecológicas no suelen contemplar el deseo o el placer, y en las residencias de mayores, la falta de intimidad anula cualquier posibilidad de expresión sexual.

El deseo femenino, recuerdan las autoras, no está solo en las hormonas ni en los genitales, sino en las emociones, la piel o la psique. “El feminismo me salvó”, relata una de las participantes. Porque hablar de sexualidad a los 70, los 80 o los 90 no es indecoroso: es un acto de dignidad.

Como subraya la investigadora Fina Sanz, “visibilizar estas voces significa la existencia de las mujeres mayores”. Porque ellas no solo han sido cuerpos para la reproducción: también son, y han sido siempre, sujetos de deseo.

Con qué lidian las mujeres mayores

El envejecimiento no implica pérdida de capacidad sexual. Estudios como el de Masters y Johnson ya lo demostraron en los 60, pero el imaginario colectivo sigue negándolo. En pleno siglo XXI, las mujeres criadas a partir de la década de los 50 se enfrentan a sus propias ‘fobias’.

Por ejemplo, la mirada masculina sigue condicionando su autoimagen, según el estudio del Instituto de las Mujeres, y muchas se sienten “poco deseables” porque no cumplen con los cánones de juventud. A esto, hay que añadirle que los cuerpos mayores son considerados asexuados o impropios para el deseo.

Para la mayoría de ellas, por ejemplo, el propio lenguaje sigue siendo un filtro y un muro. Palabras como “coito”, “clítoris” o “masturbación” aún resultan incómodas para muchas. “Hace años», afirma una de las participantes, de 79 años, «no nos atreveríamos a hablar de esto. Yo no me atrevería a hablar de lo que hemos hablado aquí, aunque me hubieran dado un millón de los de antes”.

Abismo generacional

Incluso en su forma de entender las relaciones sexuales hay un importante abismo generacional que las aparta. En este sentido, un reciente análisis basado en datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestra una notable brecha generacional en torno a la sexualidad en España. Los jóvenes se identifican más a menudo como bisexuales u homosexuales (30%) frente al 1% de los mayores de 75 años.

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También se observa un incremento en el número de parejas sexuales: las mujeres de 30 a 40 años declaran seis o siete parejas, comparado con una sola en las de 70 años. Ana Santamaría, psicóloga y sexóloga sevillana, “destaca la importancia de romper tabúes y ayudar a las personas a reconectar con su sexualidad”.

Señala, además, que muchas problemáticas emocionales tienen raíz en ella y aboga por “una educación sexual más profunda y presente en la familia y la escuela”. Según el estudio del Instituto de las Mujeres, las mujeres mayores siguen experimentando deseo, placer y necesidades afectivo-sexuales, aunque en mayor medida basadas en el buen trato, la intimidad y la comunicación por encima de la genitalidad.

Por último, y a modo de colofón, la sexóloga Fina Sanz enfatiza en el estudio que «la sexualidad es una fuente de placer mucho más intensa cuando se da con un componente emocional, cuando hay amor y ternura». 

Propuestas de mejora para una sexualidad sana

Entre las principales peticiones de las mujeres participantes en el estudio se encuentra la necesidad de contar con educación sexual en esta etapa de sus vidas.

“Aunque tengamos 60 y tantos años, necesitamos saber y comprender un montón de cosas. Creo que es importante la formación y el empoderamiento a las mujeres de más de 65 años porque estamos hartas en este aspecto del tema del edadismo”, comenta una de las participantes del estudio.

Con el objetivo de acabar precisamente con esa discriminación y con el infantilismo y el paternalismo que experimentan, las entrevistadas también demandan una mayor sensibilización social. Concretamente, sobre la existencia de la sexualidad en la vejez femenina. En ese sentido, son fundamentales los grupos de autoayuda, encuentro y sororidad, unos espacios en los que las mujeres pueden expresarse y hablar libremente.

Y como última línea de actuación, las mujeres del estudio ponen el foco sobre la necesidad de contar con revisiones ginecológicas después de los 65 años. Esta cuestión enlazan con la falta de perspectiva de género del personal sanitario, al que consideran necesario ofrecer formaciones específicas fuera de la mirada androcéntrica actual.