juicio al feminismo
Miembros del jurado popular en el programa de La 2, 'E´juicio'. Foto: RTVE.

El miércoles por la noche, en La 2 televisión, un grupo de personas corrientes —no expertas, no políticas, no acostumbradas a aparecer en televisión— tuvieron que decidir si el feminismo debe seguir o no avanzando. Formaban un jurado popular en el que están representadas todas las capas sociales de nuestro país.

A ese grupo se le pidió un voto a favor o en contra sobre algo que no es abstracto: ¿Debe el feminismo seguir avanzando? Así arrancó el programa ‘El juicio‘, en La 2, un formato que somete a juicio cuestiones candentes de la actualidad. El resultado de este último fue, como la vida misma, agridulce.

juicio al feminismo
Rita Maestre, concejal en el Ayuntamiento de Madrid, participó en el programa y declaró a favor del feminismo.

Que sea necesario preguntarse públicamente si la igualdad debe seguir avanzando —y que haya quien responda que no— dice muchas cosas de cómo estamos. Tanto, como de la contención que se palpaba dentro (y fuera) de la pantalla ante argumentos que nos devuelven de un puñetazo al origen de la lucha.

La primera huelga feminista

En 2018, 170.000 personas salieron a las calles de Madrid según la Delegación del Gobierno —medio millón según las organizadoras— en lo que fue la primera huelga feminista de la historia de España. Era imposible ignorarlo.

Las portadas de todo el mundo se llenaron de imágenes de mujeres en las calles de Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla. Algo se había roto —o abierto— de forma irreversible. El caso es que, desde entonces, los avances han sido reales.

Antes de aquello, la Ley Orgánica 1/2004 de medidas de protección integral contra la violencia de género supuso un hito sin precedentes y se unió a la Ley de Igualdad efectiva de 2007 que protege la igualdad en el trabajo y la negociación colectiva.

Imagen de la huelga feminista de 2018 con motivo del Día de la Mujer.

Sin embargo, los datos, tozudos y reales, se obstinan en estropear el relato del «ya hemos llegado». ¡Ay qué ver el fastidio!

Penalizadas por cuidar y ser madres

Vayamos por partes. Según la Encuesta Anual de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE), referida a 2023, la brecha salarial de género se sitúa en el 15,7%, lo que significa que las mujeres ganan de media 4.781 euros menos al año que los hombres.

La traducción a largo plazo es todavía más brutal, porque el sumatorio menos sueldo, más reducciones de jornada que los hombres para cuidar y más renuncia profesional y laboral, da igual a pensiones más bajas, mayor dependencia económica y mayor vulnerabilidad.

Aun así, según un estudio de Ipsos para el Día Internacional de la Mujer 2026, el 49% de la población española considera que la igualdad ya ha llegado demasiado lejos. Para no dar crédito.

La violencia que acaba en muerte

Llega el momento en estas líneas de abrir el melón de la violencia. Aquí, tampoco los número dan para el optimismo. A día de hoy, 23 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas y confirmadas como víctimas de violencia de género en lo que va de 2026. El total asciende a 1.358 desde 2003, cuando el Estado empezó a recopilar estos datos, y los menores huérfanos por estas muertes suman ya 515 desde 2013.

Ni uno solo de esos crímenes ocurrió sin antecedentes. Todos tienen detrás una historia de control, de miedo sostenido en el tiempo y anulación personal. Hablar de delitos aislados, de delincuencia, de sucesos desconectados de la estructura que los produce, el machismo, tal y como se atrevió a decir un miembro del jurado, no es una opinión alternativa, es una mentira estadística.

Esos hombres son asesinos de mujeres porque sus víctimas son mujeres y no se atreven a ser delincuentes con nadie más. Por eso, sobre este particular no hay discusiones. Solo una máxima: el machismo mata.

A vueltas con las denuncias falsas

Ahora bien. No hay discusión sobre el feminismo que se precie, que no saque a relucir las famosas ‘denuncias falsas que utilizan las mujeres para salir airosas de divorcios y destroza la vida de miles de hombres’.

Pues toca repetir argumento hasta la saciedad. Vamos allá. Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica 1/2004 se han registrado casi tres millones de denuncias por violencia de género en España, y el porcentaje de sentencias condenatorias por denuncia falsa entre 2009 y 2024 es del 0,0082%, según la Fiscalía General del Estado y el Consejo General del Poder Judicial.

Eso de la conocer a ‘muchas mujeres que han puesto una denuncia falsa’, que ocupa tanto espacio en los debates, no resiste el contraste con los datos. No obstante, hay que seguir en guardia porque ante la resistencia de los números, ‘manosfera’ y antifeminismo están fraguando nuevos bulos para lanzar en comidas con ‘cuñaos’.

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Primero, brujas; después, histéricas

Y aquí, desembocamos en la reflexión que acaparó parte del programa: ¿Qué tipo de feminismo hemos propagado que ha provocado una ola reaccionaria machista? Una teoría que viene a parecerse al «¿qué llevaba usted puesto el día que la violaron?».

Antes, mucho antes de existiera la palabra feminismo, que no el concepto, ya existía el castigo hacia las mujeres que se salían de la norma dictada por los hombres. Y antes de que existiera el castigo, existían las etiquetas que justificaban todo lo que venía después.

Entre los siglos XV y XVIII, a las mujeres que sabían demasiado, que hablaban demasiado, que se negaban a someterse, que buscaban libertad, se las tachaba de brujas e iban directamente a la hoguera. No, no era superstición: era política. El fuego. no perseguía a mujeres con poderes sobrenaturales; perseguía a mujeres con criterio.

Cuando la hoguera quedó anticuada, llegó el psiquiátrico e instituciones como el Patronato de la Mujer. La histeria —ese diagnóstico tan conveniente, tan exclusivamente femenino— sirvió durante décadas para internar a quien quería libertad, a quien se ahogaba en un matrimonio asfixiante o a quien simplemente se negaba a desaparecer en silencio. Ni eran brujas entonces, ni estaban locas después.

Más tarde llegaron los ‘marimacho’ y los ‘machorra’ que convivían con los ‘maría’ y los ‘maruja’, hasta llegar a los ‘feminazi’ o ‘charo’ que se renueva entre generaciones con puntual creatividad. El contenido cambia. La función es siempre la misma: apartarnos de los espacios públicos, arrinconarnos y, a través del miedo, quitarnos la voz. NO es casualidad. Es una estrategia tan antigua como el patriarcado y tan vigente como el debate del miércoles en La 2.

Razones para avanzar en feminismo

Como lo son también las cifras sobre los hábitos sexuales de los hombres. El 70% de los hombres jóvenes han consumido pornografía en alguna ocasión, según el Instituto de la Juventud, y los estudios evidencian una relación significativa entre el consumo de contenido pornográfico violento y la violencia sexual.

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¿Qué significa esto en términos cualitativos en este contexto? Pues que el debate sobre el machismo y sobre si el feminismo está yendo demasiado lejos, no es solo sobre lo que ocurrió décadas atrás ni sobre lo que hacen los hombres de cincuenta años.

4Es también lo que ocurre ahora, en las pantallas de adolescentes de doce y en las redes, donde los hombres del mañana aprenden que el cuerpo de una mujer es un territorio de conquista.

Normalizando el machismo

Esa información es la que le faltaba al jurado. Sobre todo, a la mayoría de las mujeres que lo componían. Ellas, personas anónimas que el miércoles por la noche tuvieron que decidir, son hijas de la misma cultura que produce las estadísticas. Las de antes, pero también las de ahora, y han crecido con los mismos mensajes, absorbido los mismos silencios y aprendido a no incomodar al sector masculino.

Eso se vio en muchos de los testimonios de las mujeres del jurado, que, como otras, han comprado la imagen del feminismo que determinados movimientos contrarios al mismo se han encargado de divulgar.

Eso hay que cambiarlo, porque nos enfrenta entre nosotras y nos aleja de la igualdad. Que el debate no sea perfecto dentro del feminismo o que haya divisiones en su seno no tiene nada de malo. Ninguno de los movimientos sociales que se han producido a lo largo de la Historia ha sido perfecto. El feminismo no tiene que ser el primero, y eso no puede ser excusa para denostarlo. ¿Nos suena?

Así que no, el feminismo no ha llegado demasiado lejos. Al contrario, ni siquiera ha llegado donde debe.

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