pornografía y menores

El consumo de pornografía se ha convertido en una experiencia temprana y ampliamente extendida entre los menores en España. Lo constata el Ministerio de Sanidad y un gran número de estudios expertos.

Para este artículo nos hemos centrado en dos, el ‘Informe de Adicciones Comportamentales’ publicado por Sanidad, y el titulado ‘Acceso y consumo de pornografía en adolescentes’, elaborado por Sandra Sedano, Judith Lorente, Luís Ballester y Berta Aznar, del departamento de Pedagogía Social de las Universidad de las Islas Baleares, la de Blanquerna y la Ramón Llull.

pornografía y menores
Niños con teléfonos móviles (Foto: Policía Municipal de Madrid)

Los datos y las conclusiones de ambos son tan similares como alarmantes, en cuanto que sitúan el acceso al porno como una práctica habitual en la adolescencia. Una etapa profundamente marcada por el uso del teléfono móvil y por una fuerte brecha de género.

Cerca del 70% ha visto ‘porno’ alguna vez

Según la encuesta ‘ESTUDES’ recogida en el primero de los informes, el 66,8% del alumnado de 14 a 18 años ha visto pornografía alguna vez, el 58,6% lo ha hecho en el último año y el 44,5%, en el último mes.

En todos los casos, pues, la exposición comienza pronto y es constante. De hecho, más de un tercio de los adolescentes de 14 años reconoce haber consumido porno en los últimos 30 días, un dato que Sanidad señala como especialmente preocupante por la etapa de desarrollo en la que se produce.

Por sexos, el 68,4% de los chicos declara haber visto pornografía en el último mes, frente al 19,3% de las chicas, lo que revela una clara diferencia de género tanto en la frecuencia como en la normalización del acceso. El móvil es, con diferencia, el dispositivo dominante en todos los casos.

Así, lo utiliza el 92% de los menores en general, lo que facilita el consumo en soledad y sin filtros, que en el caso de los chicos es del 90%.

Anonimato, accesibilidad y y asequibilidad

El informe contextualiza estas cifras a partir de la denominada teoría de la ‘Triple A’. Dicha teoría habla de que el consumo del ‘porno’ tiene como características la accesibilidad, la asequibilidad y el anonimato.

En el caso de los menores, además, Internet permite un acceso inmediato, gratuito y sin supervisión adulta, en una etapa vital marcada por la construcción de la identidad sexual y afectiva.

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Un niño usa el teléfono móvil y una tablet. Eduardo Parra / Europa Press.

Dentro del informe de Sanidad se citan algunas investigaciones internacionales basadas en la anterior que advierten de que esta exposición temprana no es neutra. De hecho, insisten en señalar una relación directa entre el consumo habitual de pornografía y actitudes más permisivas hacia prácticas sexuales de riesgo.

Por ejemplo, los especialistas han detectado patrones de mayor confusión sobre el consentimiento y las relaciones igualitarias entre los menores consumidores.

Llegar a la pornografía por accidente

Estos datos cuantitativos encuentran un eco cualitativo en el estudio ‘Acceso y consumo de pornografía en adolescentes: implicaciones educativas’. Esta investigación, basada en población adolescente, analiza no solo la edad de acceso, sino también los significados que los propios jóvenes atribuyen al consumo.

En primer lugar, ellos mismos sitúan el primer contacto con el ‘porno’ en torno a los 12 años, aunque en algunos casos se produce antes, y destacan que muchos llegan sin buscarlo de forma activa. Básicamente, se lo encuentran mientras navegan a través de enlaces, publicidad, redes sociales o grupos de mensajería.

Por su parte, las autoras subrayan que los chicos tienden a describir el consumo como una práctica normalizada, vinculada a la curiosidad o al aprendizaje sexual, sin entender el peligro y normalizando su visionado. Por contra, son las chicas las que expresan con mayor frecuencia incomodidad y rechazo hacia su visualización y consumo.

Violencia y desigualdad de género

Entre los aspectos que más llaman la atención del alumnado estudiado sobre el ‘porno’ aparecen la violencia presente en los contenidos, la representación desigual de mujeres y hombres y la distancia entre lo que ven en el ‘porno’ y sus propias experiencias o expectativas.

El trabajo advierte de que, ante la ausencia de una educación afectivo-sexual sólida, la pornografía actúa como referente informal, directo y único. Como consecuencia, influye en el imaginario sexual y en la construcción y reproducción de roles y prácticas violentas, sobre todo, hacia las mujeres.

En definitiva, tanto el informe de Sanidad como el estudio académico coinciden en señalar la adolescencia como una etapa de especial vulnerabilidad. Porque la exposición temprana a contenidos pornográficos se produce en un contexto de hiperconectividad y escasa mediación adulta. Dos factores que influyen en la afectación del desarrollo y del comportamiento en la edad adulta, según todos los expertos.