retos de pareja en TikTok
Una persona mira en su móvil el vídeo de una joven en la red musical Tik Tok (Foto: EP)

El lenguaje de las redes sociales ha mutado. Lo que antes se entendía como una falta de respeto o una invasión a la privacidad, hoy se etiqueta bajo hashtags de éxito.

Según datos recogidos por la agencia EFE, prácticas como empujar a la novia a una piscina de forma inesperada (#PoolPrank) o someterla a interrogatorios bajo una falsa apariencia de juego, están acumulando millones de reproducciones.

Sin embargo, tras la risa enlatada del vídeo y los comentarios de apoyo, se esconde una realidad mucho más cruda que tiene que ver con la normalización de la violencia de género en el entorno digital.

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Aplicación Tik Tok.

Expertas consultadas por la agencia advierten de que estas tendencias no son «bromas» inocentes. María Martín Fuente, psicóloga de la Asociación de Psicología y Psicoterapia Feminista, es tajante al respecto. Afirma que lo que vemos en pantalla es una ejecución de poder. No se trata de humor, sino de una estrategia para ejercer control sobre la víctima, a menudo buscando una reacción emocional extrema que garantice la viralidad del contenido.

La trampa de la lealtad y el control algorítmico

Uno de los formatos más inquietantes de moda en la red social son los llamados loyalty tests o test de lealtad. En ellos, una persona pone a prueba la fidelidad de su pareja —generalmente sin su consentimiento— mediante engaños grabados.

Para la sociología, esto no es más que la digitalización de los celos posesivos. Como explica la profesora de la Universidad Complutense, Elisa García Mingo, entrevistada por EFE, estos contenidos funcionan como una vía para legitimar conductas agresivas. El hecho de que estas imágenes permanezcan en la red sin ser retiradas lanza un mensaje de impunidad peligroso para las generaciones más jóvenes.

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Así, el ecosistema digital, marcado por lo que García Mingo denomina una «cultura de la humillación», premia el impacto sobre la ética. Y es así, porque los algoritmos de plataformas como TikTok están diseñados para priorizar la interacción, y nada genera más clics que el conflicto o el shock. Esto crea un círculo vicioso donde el «capitalismo de plataforma» se lucra a costa de la dignidad de las mujeres, convirtiendo el acoso en un producto de consumo masivo.

Un riesgo real para la adolescencia

El impacto en los menores es alarmante. Según un informe de Save the Children mencionado por EFE, casi el 98% de los adolescentes ha sufrido alguna forma de violencia sexual online.

Estas violencias van desde el cyberflashing hasta el uso de inteligencia artificial para crear imágenes falsas. En este contexto, retos como el #Hitme —golpéame, en inglés, donde se incita a las parejas a agredirse físicamente de forma «lúdica»— desensibilizan a los jóvenes ante el maltrato real.

En ese contexto, precisamente, la psicología alerta de que las consecuencias no son las mismas según el género. Por una parte, en las chicas se fomenta la sumisión y se acepta el control (como revisar el móvil) como una prueba de amor. Por otra, en los chicos se refuerza el modelo del «macho alfa» que debe dominar y ridiculizar para obtener estatus dentro de su grupo social.

Hacia dónde vamos

La solución, según apuntan las expertas consultadas por EFE, no es sencilla. Sin embargo, todas coinciden en que esa solución pasa, en parte, por asumir la responsabilidad de forma compartida.

Paralelamente, expertas como Martín Fuente sugieren un ejercicio de empatía básica —preguntarse si esa «broma» se sentiría igual sin una cámara delante—, la sociología apunta a las grandes corporaciones. Es urgente, por tanto, que las plataformas rindan cuentas sobre qué contenidos promocionan sus algoritmos.

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