En vísperas del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la Fundació Ferrer i Guàrdia ha presentado los resultados preliminares de la investigación ‘Violencias digitales: Territorio, género y tecnología‘. El estudio dibuja un panorama inquietante en cuanto que las jóvenes sienten que es «inevitable» sufrir algún tipo de violencia en Internet. Y lo peor, tienen dificultades para identificar muchas de estas agresiones como violencia digital.
Sobre ello ha hablado la coordinadora de proyectos de la fundación, Sandra Gómez, en la rueda de prensa telemática en la que ha detallado las principales formas de violencia detectadas. Por ejemplo, ha especificado con tales el acceso al dispositivo móvil o el monitoreo constante. También, el acceso no consentido a cuentas o contraseñas, el chantaje, la coacción o las amenazas digitales. Pero, además, la difusión, reenvío o manipulación de imágenes íntimas sin consentimiento. Todas ellas, conductas que, a pesar de su gravedad, siguen sin ser reconocidas por buena parte de las adolescentes como violencia de género.

Los datos recientes que se manejan a nivel global, confirman esta preocupación. Según un informe de Unicef de noviembre, 1 de cada 3 adolescentes con pareja afirma sufrir violencia digital al menos una vez al mes. Otros estudios citados por la fundación elevan aún más el problema. Por ejemplo, que el 59% de niñas y jóvenes en España ha sufrido acoso online y el 33% de mujeres entre 18 y 29 años ha experimentado stalking (vigilancia obsesiva e intrusiva de una persona).
Control digital en la pareja: la violencia más frecuente
El estudio también confirma que las formas más habituales de violencia digital están relacionadas con el control en la pareja. Y de ahí se deriva revisar del móvil sin permiso, exigir explicaciones constantes o cuestionar amistades y vínculos en redes sociales. En general, las jóvenes más expuestas son aquellas con menor apoyo social o que viven en entornos con menos recursos.
Otros datos revelan también que más del 25% de mujeres de entre 16 y 25 años reconocen haber recibido insinuaciones no apropiadas a través de redes. Esto evidencia, por tanto, la presión sexualizada creciente que existe sobre las más jóvenes.

A este respecto, desde la fundación subrayan que la violencia digital ya es estructural, y no un problema individual ni una cuestión de “prudencia” de las chicas. Y lo que sí reclaman sobre este asunto es que «no se trata de pedir a las jóvenes protegerse, sino de diseñar políticas públicas integrales”, señaló Gómez. Por ello, la organización insiste en la necesidad de fortalecer la educación digital crítica, garantizar servicios especializados y aplicar un enfoque feminista e interseccional que tenga en cuenta a los colectivos más vulnerables.
Dinámicas dañinas en redes
Por su parte, la investigadora Marta Fullola ha profundizado en el impacto de estas agresiones. Asegura que muchas jóvenes han interiorizado como normales dinámicas que son “profundamente dañinas”. Y aunque identifican como violencia el control, el ciberacoso, las presiones estéticas o las dinámicas de poder en entornos digitales, no lo nombran como tal.
Esta es la razón por la que Fullola alerta de la minimización del daño que se produce cuando el agresor es conocido o incluso respetado. “Hay perfiles de personas que todo el mundo conoce y eso hace que se minimice lo que pasa porque se dice que esta persona es así”, ha manifestado.
El estudio de Fundaciò Ferrer i Guàrdia alerta de que las jóvenes más vulnerables y con menos apoyos son las que más sufren la violencia digital y menos la identifican.
Más formación, detección de deepfakes y un observatorio estatal
En la presentación del estudio, que está apoyado por el Ministerio de Igualdad, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, ha participado la directora del Servicio de Intervención Especializada (SIE) del Alt Pirineu i Aran de Lledia, Andrea Colomer. Colomer ha manifestado la necesidad urgente de reforzar la formación, la prevención y las capacidades de autoprotección digital. Sobre todo, ha dicho, en la identificación de deepfakes, que añaden nuevas formas de violencia y revictimización.
Por último, Alejandra Hernández, directora del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad de Alicante, ha pedido crear un Observatorio de Género Digital. Su objetivo sería ofrecer cifras anuales, impulsar campañas específicas y articular un abordaje integral contra la violencia digital.
