La Memoria de 2024 de Cáritas Diocesana de Getafe es demoledora en cuanto a la incidencia de la pobreza en los 48 municipios de la zona Sur que abarca. Según el estudio, la pobreza «tiene rostro de mujer». Y es que de las casi 43.000 personas atendidas el pasado año, el perfil de la persona vulnerable es el de una mujer de 30 años, madre y migrante, y que ‘sobrevive’ en habitaciones realquiladas.
Este estudio sociológico radiografía la situación de la exclusión y vulnerabilidad en los 48 municipios de la periferia Sur regional, a través de sus 109 parroquias.
La pobreza «tiene rostro de mujer»
El informe, elaborado por el sociólogo Enrique Gómez, confirma que la incidencia de la pobreza en este área regional golpea sobre todo a las mujeres. Así, el perfil más común de las personas atendidas por Cáritas es el de una mujer joven (entre 30 y 44 años), de origen latinoamericano o español, con formación básica y en situación de paro o empleo informal.

Según los datos, vive en habitaciones de realquiler y mantiene a su familia sola. El 60% de las personas atendidas son mujeres y el 65% no tiene un empleo estable. Un 37,6% vive en realquiler y un 70% pertenece a hogares con cargas familiares.
«La pobreza tiene rostro de mujer», ha asegurado el obispo auxiliar de Getafe, José María Avendaño.
Los testimonios
Los testimonios de dos mujeres ‘rescatadas’ por Cáritas dejan constancia de la labor de la entidad. Para Emilia, Cáritas fue su «segunda casa». «Pedí una almohada y me la dieron. Pero, sobre todo, me escucharon». Admite que lloró «de emoción» cuando vio que «no solo importaba lo que pedía, sino lo que yo sentía. Eso no se olvida».

Mientras, Primavera aseguró que el curso que emprendió en Cáritas le «cambió la vida». «Me ayudó a crecer como persona y a ganar confianza. Ahora tengo esperanza», aseveró.
«Los números hablan, pero aún más las vidas que representan», sintetiza el director de Cáritas Diocesana de Getafe, Jesús Casares.
Las inversiones de Cáritas
Durante el 2024, Cáritas Diocesana de Getafe invirtió 7.540.312 euros en sus programas. De esta cantidad, el 50,3% (3.789.863€) se destinó a la formación y educación de personas excluidas del sistema educativo a través de la Escuela Comarcal Arzobispo Morcillo (ECAM FP), que celebró sus 60 años de historia con cifras que avalan su impacto: un 53% de inserción laboral entre su alumnado y un 100% de empleabilidad en los certificados profesionales.

El resto, 3.750.449 € (49,7%) se destinó al conjunto de programas sociales: vivienda, empleo, infancia, mayores, mujer, inmigración, acompañamiento a personas sin hogar, ayuda psicológica y proyectos comunitarios.
64 inserciones laborales
El programa de empleo acompañó a 242 personas en 2024, logrando 64 inserciones laborales, es decir, un 35% de empleabilidad. Se llevaron a cabo acciones formativas con 60 participantes, muchas en situación administrativa irregular, en sectores como el comercio, la limpieza o la logística. Además, se fortalecieron alianzas con 37 empresas colaboradoras.

Programas con rostro
Cáritas acompaña desde el Centro para personas sin hogar de Aranjuez, donde 398 personas fueron atendidas, y donde se repartieron 3.507 kits de alimentación. Además, 33 personas consiguieron un trabajo que le ayudase a salir de esa situación de calle; hasta los proyectos de infancia y mayores, con más de 600 niños y 157 personas mayores. Y otras 1.497 personas adultas participaron en el programa de “Aulas de Cultura”, donde se trabaja por erradicar la soledad de los mayores.
Las principales demandas: vivienda, empleo y alimentación
En 2024, la mayor parte de las solicitudes de ayuda a Cáritas estuvieron vinculadas a las dificultades con la vivienda, el acceso a un empleo digno, el alimento diario y la salud emocional. El equipo de acción social se vio obligado a triplicar las ayudas de emergencia en vivienda, con más de 130.000 euros destinados a través de ayudas a la vivienda en colaboración con la Fundación Amancio Ortega.

Y es que, según los datos, la crisis de la vivienda «está provocando que cada vez más familias se vean obligadas a vivir todos los miembros en una misma habitación ante la imposibilidad de pagar un hogar entero».
Además, se ha remarcado cómo en la mayoría de los barrios de los municipios de la Diócesis de Getafe, los locales comerciales se están convirtiendo en viviendas donde viven hacinadas varias personas.
