‘Inútil’, esa fue la palabra que Pilar, (Pili, como le gusta que la llamen), escuchó durante más de 40 años de matrimonio. ‘No tienes ni puta idea’, ‘cállate la boca’
Calló para que no se enfadara, para que no siguiera pegando a sus hijos, para no tener que vivir siempre en la bronca. Y vivió sumida en una semi esclavitud, sin vida laboral, familiar, ni social.
Su boca, rota por la vida, calló, pero sus preciosos ojos no lo hicieron, y en ellos se ve el sufrimiento de un camino duro, abnegado, reprimido y, a la vez, esperanzado. Se quedó con el corazón roto y sin dinero para sobrevivir, pero ganó libertad y ganas de luchar. Eso es Pili: alma, corazón y supervivencia.
PREGUNTA: Pili, tu historia es muy larga, han sido 42 años de matrimonio. ¿Cuántos años tenías cuando conociste a tu marido?
RESPUESTA: Era apenas una bebé cuando le conocí, tenía 14 años. En mi casa no estaba bien, no era querida, y él llegó muy cariñoso, absorbente, poderoso. Era cuatro años mayor que yo y me sentía en el cielo saber que alguien así me quería. Para mí, era un Dios. Le conocí en una discoteca y tras tres años de novios, me quedé embarazada. Así que nos casamos.
P.: ¿Durante el noviazgo era violento?
R.: Siempre ha sido muy violento, pero eso lo sé ahora. Fue poco a poco: ‘no te pongas esto’, ‘no hagas lo otro’, ‘cállate’. Como él mismo decía ‘me había criado en sus pechos’.
P.: Has dicho que era muy absorbente. ¿Trabajabas?
R.: Sí, de joven trabajaba interna en una casa pero al casarme lo tuve que dejar y nos vinimos Parla a vivir. Él es carnicero, así que yo le echaba una mano. Luego vino mi segundo hijo y en esa época estaba en casa, atendiéndole a él y a los niños. El dinero no llegaba bien, porque abría y cerraba negocios. No se le daban bien, así que busqué trabajo. Me contrataron en Maphre como agente de seguros. Me encantaba, pero a él no le gustaba porque tenía que ir arreglada, hablar con gente, y lo tuve que dejar. A partir de ahí siempre tuve que trabajar con él, juntos 24 horas.


«No le gustaba que trabajara, tenía que ir arreglada, hablar con gente, y siempre trabajé con él, pero nunca tuve un salario ni me dio de alta»
P.: Cómo os llevabais. ¿Eran cotidianas las discusiones?
R.: Si hacía lo que él quería, todo iba bien. Yo huía de las broncas. Cuando fuimos a peor económicamente, todo fue a mal, aunque no me acuerdo de la primera torta. Mis hijos me dicen, ‘pero mamá ¿no te acuerdas del cabezazo que te pegó?’ He olvidado muchas cosas. Palizas no me daba, pero sí guantazos. Cuando subía el tono yo huía y me decía a mí misma: ’Pili cállate, para qué has contestado’. Tenía miedo. Además, pegaba mucho a mis hijos, es lo que más me ha dolido, porque no sabía cómo defenderlos. Me metía en medio para que no siguiera pegándoles y que me cayera a mí.
P.: ¿Esa dinámica de estar callada para no violentarle era tu día a día?
R.: Sí, y eso me hundía. Pero ahora que estoy con una psicóloga es cuando me he ido dando cuenta, antes no. La culpa me arrastraba y me hundía cada día más. Si estaba en el bar con los amigos y comentaba algo, él me gritaba ‘cállate que no tienes ni puta idea’. Y eso hacía. No participaba en ninguna conversación, ni en nada, para no molestarle. Estaba anulada.

«Pegaba mucho a mis hijos y la manera de que no siguiera pegándoles era meterme yo en medio»
P.: La gente de tu alrededor, ¿no veía esas situaciones?
R.: No tenía amigas propias y me separó de mi familia. Pero en el grupo de amigos en común sí que una amiga me dijo un día: ‘¿Cómo consientes esto?’. Fueron 42 años junto a él y le conocí siendo una niña, y fui asumiendo todo. Nunca le dije ‘no’ y me echaba la culpa a mí misma de la situación por no imponerme.
P.: ¿Cómo era la convivencia dentro del hogar?
R.: Para que hubiera un día feliz teníamos que acostarnos, así le tenía contento. Quería todos los días y en cualquier momento. Aún así, en las quedadas en el bar les decía a todos: ‘si es que yo no follo nunca’. Cuando esta amiga en común me comentó que la gente hablaba y decía: ‘muy guapa pero para qué, no vale para nada esta mujer’, yo me hundí. Me abrió los ojos, porque empecé a pensar ‘¿qué soy entonces?’. Y miré alrededor. Me di cuenta de lo sola que estaba, sobre todo, cuando se fueron mis hijos tan pronto de casa.
P.: Hay un momento que tu cabeza hace ‘clic’ y todo salta por los aires. Cuéntame cómo sucedió.
R.: Mi madre enfermó con un cáncer muy agresivo. Somos dos hermanas y nos turnábamos para cuidarla. Estaba agotada y fui a mi doctora de cabecera. Con ella hablaba. Le conté que además de todo lo que tenía encima, mi marido me reclamaba todo el tiempo. Me reprochaba que atendía a mi madre antes que a él, y me echaba cosas en cara para hacerme sentir culpable. Yo le atendía, la comida estaba hecha, la ropa limpia, pero él decía que al llegar a casa ‘quería estar con su mujer’.

Me llamaba egoísta por cuidar a mi madre. Y ahí empecé a decirle que ‘no’. Si se enfadaba me daba igual, porque siempre lo estaba. Mi doctora me dijo que eso era maltrato, que estaba siendo maltratada.
P.: Entre tu amiga y la doctora fuiste abriendo los ojos. ¿Cuándo se termina tu matrimonio?
R.: A la semana de morir mi madre. Fuimos a comer a casa de estos amigos y él no me hablaba, se podía tirar días enteros sin dirigirme la palabra. Le dijeron, ‘venga no nos des el día y siéntate a comer’. Empezó a gritar que tenía que pedirle perdón por nuestros 40 años juntos. No sé que me pasó. Le grité: ‘Si no te gustan, me voy’. Me marché a mi casa, hice las maletas y él vino detrás. Me insultó, me dijo que dónde iba ‘si no tenía donde caerme muerta’, me agarró de las muñecas, me tiró a la cama y me pegó.
Después me dijo: ‘Ahora me denuncias si quieres’, y eso hice. Llame al 016, vino la policía, vino uno de mis hijos. Se lo llevaron esposado. Yo estaba en shock, tenía golpes en la espalda, brazos, piernas, cara. Tuvimos juicio rápido, le echaron nueve meses de cárcel, hacer un curso, 22 meses de orden de alejamiento y una indemnización. Pero llegamos a un acuerdo porque yo no quería que fuera a la cárcel. Seguía con la culpa.
«Me reprochaba que atendía a mi madre cuando enfermó de cáncer antes que a él, y me echaba cosas en cara para hacerme sentir culpable»
P.: De repente, tras 42 años con una persona que te ha anulado personal, laboral y socialmente, te quedas sola. Sin dinero, sin trabajo y en un piso de alquiler…
R.: El día que pasó, todos me dijeron que me iban a ayudar, y salí de la comisaria con mi maleta, en medio de la calle y llorando. Pensaba, ‘¿qué he hecho?’. Fue el peor día de mi vida. Podíamos haber llegado juntos a viejos. ¿Cómo habíamos llegado a esto? Verle esposado, fuera de la casa, me encontraba fatal. Aunque mis hijos han estado a mi lado, el sentimiento de desamparo es terrible.
Fui al punto violeta. Por desgracia, la asistenta que me correspondía estaba de baja y no sabía qué hacer. Yo era una inútil. Todo pasó un 15 de agosto y el 1 de septiembre tenía que pagar un alquiler. Mis hijos me ayudaron como pudieron, me dieron dinero y el pequeño vino a vivir conmigo para ayudarme a pagar el alquiler. Fue horrible.

P.: ¿Cómo tiraste adelante? ¿Cómo sacaste la fuerza para ir poco a poco avanzando?
R.: Enfrentándome a las cosas. No sabía hacer nada, porque él nunca me dejó, todo lo solucionaba él. Cuando conseguí mis papeles del paro, me sentí increíble.
Al tiempo volvió de su baja la trabajadora social y me ayudó muchísimo. Ahora tengo psicóloga, estoy en el banco de alimentos de Cáritas e hice un curso para aprender a hacer currículums. Entré en una empresa de trabajos de limpieza donde encadeno servicios por horas. Junto con la ayuda, saco unos 700 euros que no me dan para vivir pero busco trabajo por todos lados, residencias, hospitales, cocinas, lo que salga.
«Cuando le denuncié me vi sola, sin dinero, sin trabajo, con un alquiler que pagar, es muy duro, pero ahora en mi casa me siento en paz»
P.: ¿Cómo ves tu futuro?
R.: Mi situación es delicada. Sin apenas cotizar, sólo aspiro a trabajar porque es lo que necesito. Aún así, cada vez me encuentro mejor. Ya me maquillo, y quiero arreglarme la boca, porque la tengo destrozada por un medicamento en mal estado. Creo que lo he hecho demasiado tarde, y tengo bajones por eso, pero ahora cierro la puerta de mi casa y me siento en paz.
R.: Cuál sería tu consejo si alguien en una situación como la tuya lee tu historia.
R.: Que corra, que se vaya de ahí cuanto antes. Cuando le pones distancia lo ves más claro y eso no era amor, era posesión. Se puede volver a empezar. Estas situaciones son difíciles de contar y que la gente las entienda, porque ni tú misma te has dado cuenta de dónde te has ido metiendo. Pero se sale, me voy conociendo poco a poco, voy haciendo amigas y ahora digo lo que pienso. Para mí es increíble. Ese es el tema, ahora quiero ir tan rápido que me aturullo.

La entrevista a Pilar está incluida dentro del proyecto ‘Supervivientes’, que nuestra editora Social Media Local, ha elaborado con el apoyo de la concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Parla. El próximo 27 de noviembre a las 18 horas, se presentará junto con otras historias de Violencia de Género en la Casa de la Juventud Pedro Zerolo.
