Treinta y ocho años después de que la primera mujer vistiera el tricornio, la Guardia Civil sigue siendo, numéricamente, un cuerpo casi exclusivamente masculino. Solo uno de cada nueve agentes es mujer. La institución lo sabe, lo reconoce públicamente y acaba de presentar su hoja de ruta para intentar corregirlo.
Se trata del II Plan de Igualdad, aprobado este miércoles en la Dirección General del cuerpo con la presencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de la directora general, Mercedes González.

El acto tuvo algo de balance y mucho de autocrítica. El director adjunto operativo (DAO), teniente general Manuel Llamas, fue el más explícito en reconocerlo. «La institución está», dijo, «muy lejos» de alcanzar el 18,75% de mujeres en plantilla, el objetivo mínimo que se había fijado.
En 2025, por ejemplo, la presencia femenina en la Guardia Civil se situaba en el 11,15%, según el V Estudio Mujer y Seguridad del observatorio del mismo nombre. Una cifra muy por debajo del 18,9% que registraba ese mismo año la Policía Nacional, y aún más lejos de la de los Mossos d’Esquadra, con casi un 25%, o de la Ertzaintza, con algo más del 20%.
Una incorporación tardía y un avance lento
La historia de las mujeres en la Guardia Civil es la historia de una puerta que tardó décadas en abrirse. Fue en marzo de 1988 cuando se publicó la primera convocatoria para las pruebas de ingreso para la Escala de Cabos y Guardias. Fue gracia y fruto de un Real Decreto-Ley que eliminaba las barreras legales que les impedían acceder al cuerpo en igualdad de condiciones.
Antes de esa fecha existían las llamadas matronas —en su mayoría viudas o huérfanas de agentes— que se encargaban del cacheo y la vigilancia de mujeres. Pero estas no tenían los mismos derechos ni el mismo rango que sus compañeros hombres. Marlaska les rindió homenaje al cierre del acto.
Desde 2019, se han incorporado 2.617 mujeres elevando el número de agentes femeninas en el cuerpo hasta el 11%.
Con todo, desde 1988, el avance ha sido real pero desigual. Desde la aprobación del I Plan de Igualdad en 2019, se han incorporado 2.617 mujeres, llevando la presencia femenina hasta el 11% de la plantilla. Un incremento que la directora general calificó de «muy superior al logrado antes de aplicar dicho plan».
Afortunadamente, el porcentaje de ingreso de mujeres en los centros de formación ha crecido de forma notable, superando el 33% en la academia de Baeza y alcanzando el 38,3% en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro. Ambas son señales alentadoras, pero la masa total de la plantilla es tan grande que las nuevas incorporaciones tardan en mover el porcentaje global de forma significativa.

El techo de cristal dentro del tricornio
El problema no es solo cuántas mujeres entran, sino hasta dónde llegan. La presencia femenina se diluye cuanto más se sube en la escala jerárquica. Entre los hitos recientes del I Plan destaca el nombramiento de María Dolores Gimeno como la primera coronel en la historia de la Guardia Civil.
También, el de la teniente coronel Susana Espinosa, primera mujer piloto de helicópteros del cuerpo; y la teniente coronel Verónica Guillén, jefa del Área de Derechos Humanos, Igualdad y Diversidad. Guillén es responsable, junto a su equipo, de la elaboración del propio II Plan.
Fue Guillén, precisamente, quien moderó este miércoles la mesa redonda en la que se presentaron los cuatro ejes del nuevo plan que actuarán en impulsar la presencia y el liderazgo femeninos, en promover una conciliación real y corresponsable, reforzar los mecanismos frente al acoso y la violencia, y, por último, integrar la igualdad en la toma de decisiones.
Talento, no cuota
Por su parte, el ministro Marlaska quiso desactivar de antemano cualquier lectura que reduzca la apuesta por la igualdad a una política de cuotas. «No es solo una cuestión de presencia numérica, sino de talento cualificado», subrayó. «No basta con medir las mujeres que ingresan en la Guardia Civil», continuó, «queremos mujeres liderando desde la excelencia.»
En cuanto al DAO, en su intervención vinculó la incorporación de más mujeres con «la excelencia operativa» del cuerpo y con su «legitimación ante la sociedad». Basó su argumento en que la diversidad mejora la cohesión interna y la capacidad de respuesta de los agentes. Y en este punto concreto puso el foco en el hecho de que en muchos casos, esos agentes son la primera línea en la atención a víctimas de violencia de género.
