Fue una frase dicha en voz baja, casi imperceptible, la que rompió dos años de silencio. Una mujer aprovechó una consulta médica en el Distrito Sanitario Málaga-Valle del Guadalhorce para confesar al personal sanitario que su pareja la agredía física y sexualmente de forma continuada.
No hubo denuncia formal en ese momento, ni gestos dramáticos, solo una confidencia que el Equipo de Atención a la Mujer (EAM) supo escuchar y actuar.

Esa escucha profesional puso en marcha un engranaje que culminaría, más de dos años después de que comenzara el maltrato, en la liberación de la víctima y la detención de su agresor, según ha informado la Policía Nacional.
Encerrada mientras él salía a traficar
La investigación, desarrollada por la Unidad de Familia y Mujer (UFAM) de la Comisaría Provincial de Málaga a partir del aviso sanitario, reconstruyó una dinámica de control absoluto.
El hombre mantenía a la mujer recluida en el domicilio y solo la dejaba sola cuando él salía a realizar repartos de sustancias estupefacientes. Los investigadores utilizaron precisamente esos desplazamientos para diseñar un dispositivo de vigilancia.
El operativo se cerró cuando la Policía interceptó y detuvo al supuesto agresor. Fue, precismante, en pleno traslado para efectuar una transacción de droga. A continuación, los agentes liberaron a la víctima de la vivienda en la que llevaba dos años recluida.
El agresor fue detenido en uno de sus desplazamiento para la venta de estupefacientes, momento en el que agentes del dispositivo policial liberó a la mujer víctima.
Violencia sexual, física y psicológica
Fue tras el traslado de la mujer a dependencias policiales y sin la presencia de su agresor, que la mujer pudo relar los hechos sufridos. Así, la investigación dejó constancia de que había sido sometida de forma sostenida a violencia física, psicológica y sexual, en un contexto de dominación y aislamiento.
Una situación provocada por el agresor y que le sirvió también para amenazar y coaccionar a la víctima, aprovechando su situación de especial vulnerabilidad.
Además, el hombre, que cuenta con antecedentes penitenciarios por un delito de homicidio doloso, utilizaba de forma deliberada este hecho para atemorizar tanto a la víctima como a su entorno familiar.
Una vez detenido, el hombre ha sido puesto a disposición judicial. Como consecuencia, imputado por malos tratos habituales en el ámbito de la violencia de género, agresión sexual continuada, detención ilegal, amenazas y coacciones, y un delito contra la salud pública. El caso ha pasado a la Sección de Violencia sobre la Mujer número 1 y a la Sección de Instrucción número 13 del Tribunal de Instancia de Málaga.

Cuando el sistema sí funciona a tiempo
La Policía Nacional ha subrayado la coordinación entre el ámbito sanitario, el policial y el judicial como clave para que el caso saliera a la luz. Sin la sensibilidad del personal del EAM ante un comentario dicho casi al margen de la consulta, y sin la rapidez con la que ese aviso llegó hasta la UFAM, es probable que esta mujer siguiera hoy recluida.
Su historia recuerda una realidad que las estadísticas oficiales solo capturan a medias. Y es que, detrás de cada denuncia que llega a un juzgado hay, con frecuencia, meses o años de un maltrato que permanece invisible.
