Nilufar Saberi (58) se presenta a la entrevista toda de negro, con una camiseta sobre la que destaca la imagen de una mujer haciendo el símbolo de victoria sobre las palabras en inglés ‘Life’ y ‘Freedom’ y la bandera de Irán entre los dientes. Más arriba, enganchada, una pequeña chapa con la bandera verde, blanca y roja de su país de origen, Irán, con el lema ‘Mujer, vida y libertad’.

Son tres palabras absolutamente prohibidas por los extremistas islámicos que gobiernan el país, del que huyó con 14 años junto a su familia. A pesar del tiempo en España, en su forma de hablar persiste esa marcada ‘jota’ gutural y sonora del acento ‘farsí’ que emplea a sabiendas cuando quiere remarcar una frase.

A pesar de haberse criado en democracia, ni el tiempo ni la distancia han hecho de Nilufar, activista pro Derechos Humanos, alguien ajeno a la terrible situación que viven sus compatriotas. Más bien al contrario. De hecho, su activismo en favor de los derechos de las mujeres en el país islámico le ha acarreado estar amenazada de muerte. «Es habitual entre los activistas», nos dice, y zanja la cuestión enseguida para ocuparse del tema que realmente le interesa: el feminismo como derecho universal.

Esta es la entrevista que dio para ELLAS en la que habló, entre otras cosas, del significado del ‘8M’ para las mujeres persas.

Nilufar Saberi, mujer activista iraní
Nilufar Saberi activista irnaí pro Derechos Humanos.

PREGUNTA: Nilufar, ¿cuál fue tu periplo para llegar a España desde Irán?

RESPUESTA: Yo llevo viviendo en España desde 1980. Salí de Irán con mis padres cuando tenía 14 años, porque sus vidas corrían peligro con la llegada de los islamistas al poder. A partir de entonces, se prohibió todo menos respirar. Mis padres se dedicaban al espectáculo de magia y habían actuado en el palacio del Sha (rey Mohammad Reza Pahleví), pero tuvimos que salir por patas. Se impuso una consigna que era ‘muerte al mago’, así que te puedes imaginar.

P.: ¿Y cómo os fue?

R.: Por entonces, España no nos pedía visado, pero tampoco había infraestructura para recibir a los asilados. Llegamos prácticamente con lo puesto y fue muy duro, sobre todo para los críos. Para mí lo fue, desde luego, porque la adolescencia es una etapa de por sí difícil, pero imagino que para mis padres lo fue más por las circunstancias. Sin dinero, sin amigos, sin nada. Por lo demás, no hubo un gran choque cultural, porque el carácter español es muy parecido al iraní, cercano, cariñoso y muy de sentimiento hacia la familia y los amigos. El idioma sí fue un gran impedimento, pero lo fuimos aprendiendo.

Mujer, iraní,
Chapa con el lema ‘Mujer, vida, libertad’ del activismo iraní en favor de los derechos de la mujer en Irán.

P.: ¿Cómo te metiste en el activismo habiéndote criado en una ambiente de libertad, primero en Irán y luego en España?

R.: El activismo forma parte de mi naturaleza. Ya me salía en el colegio defendiendo a los más débiles. No sé cómo, pero siempre acababa de delegada de clase llevando las peticiones y organizando huelgas. Afortunadamente para mí, no llegué a vivir el infierno que están viviendo durante este casi medio siglo mis compatriotas bajo el yugo de la teocracia islamista en Irán. Cuando yo salí, ni siquiera el velo era obligatorio, porque Jomeini (ex líder supremo de Irán), antes de llegar al poder decía unas cosas, y cuando llegó hizo absolutamente lo contrario. En 2009 fue cuando comencé el activismo de manera estructurada, a raíz de la ‘Ola verde’ (revolución silenciosa contra la teocracia en Irán) que dio lugar a las elecciones presidenciales fraudulentas en las que se proclamó vencedor Mahmud Ahmadineyad, a pesar de que el pueblo había votado reformismo. Luego, en 2014, formé parte de una asociación pro derechos humanos de la que fui presidenta. Ahora, soy activista independiente, aunque sigo ligada a la asociación.

P.: ¿Son las mujeres es sector más reprimido de Irán?

R.: Absolutamente. Hay que diferenciar entre lo que es el islam y las leyes. Yo denuncio las leyes que los extremistas islamistas dicen que dicta Alá (Dios en árabe) a toda la humanidad, no solo a los musulmanes, y que ellos ejecutan en Irán y Afganistán. Son países gobernados por la ideología política extremista islamista totalitaria. Y dentro de esa ideología, las mujeres somos una creación de Alá para servir al hombre en todos los sentidos imaginables. Y para ello no hay edad ni por arriba ni por debajo. Ellos nos igualan a cualquier otro ser vivo creado por y para el servicio del hombre. Lo único que nos diferencia es que Alá ha dado a la mujer una apariencia deseable para el gozo y el disfrute del varón y que este pueda tener cuántos más hijos para el yihad (la Guerra Santa), mejor. Esa es la misión de la mujer dentro de la ideología extremista islamista, ser buena madre y esposa, y parir y criar. Por eso soy partidaria de sacar la religión del ámbito público y circunscribirla al privado.

P.: Teniendo en cuenta que en Occidente, el feminismo está en otra lucha, ¿qué supone para las mujeres iraníes la celebración de un ‘8M’ en Europa?

R.: Yo espero no defraudar a mis compatriotas españolas, pero yo no creo que haya varios feminismos. El feminismo, al igual que la declaración de los Derechos Humanos, es universal. El feminismo es la lucha por los derechos de las mujeres por haber nacido mujeres y mujeres somos millones en el mundo. Creo que en Occidente tenemos que quitarnos ese sentimiento de culpa de evitar meternos en otras culturas. ¿De qué cultura me están hablando? ¿De una cultura que discrimina a la mujer, que la convierte en propiedad, que le mutila los genitales? Hay cosas que no se pueden respetar.

P.: Pero hay quien aboga, por ejemplo, por la utilización voluntaria del velo.

R.: Si es que hay alguna mujer que voluntariamente lo lleve, habría que cuestionarse mucho esa voluntariedad. No siempre hace falta una ley escrita para sentirte obligada a hacer algo. Y de eso sabemos mucho las mujeres. Tampoco hay ninguna ley que a mí me prohíba llevar un escote hasta el ombligo, pero tus circunstancias, tu entorno tu familia y tu círculo social influyen muchísimo para tomar una decisión. También hay muchas mujeres migradas que lejos de integrarse en el país que les ha abierto las puertas, forman guetos y dentro de ellos todavía son más estrictos. Para nosotras, las iraníes, el velo es un símbolo de sometimiento de la mujer al extremismo islamista. En el mejor de los casos el velo tiene un significado de que yo mujer soy responsable de que el buen musulmán no peque ni de obra ni de pensamiento, porque el hombre es incontrolable sexualmente. Así que, lo que te vienen a decir es que si no cumples con el código de vestimenta obligatorio para la mujer, lo que puede pasar es culpa tuya. Es el mismo concepto que aquí hay en muchos sectores sobre que si una mujer va ligera de ropa, dicen que se lo está buscando. Y yo, como mujer, me niego a hacerme responsable del comportamiento del varón.

P.: ¿Eso fue lo que le pasó a Mahsa Amini?

R.: Mahsa Amini llevaba el velo y el atuendo acorde con el deseo del Gobierno. Ella no era activista. Era una niña de 22 años kurda que estaba de visita en Teherán con su familia y al salir del metro tuvo la mala suerte de dar con una patrulla de la policía de la moral. La policía de la moral tiene potestad sobre la vida de cualquiera. A los agente les pareció que Mahsa no llevaba bien puesto el velo y que enseñaba algo de flequillo y la detuvieron. Inicialmente, se la llevaron a dependencias policiales para que recibiera una clase de orientación para musulmanas. Pero la golpearon hasta causarle un derrame cerebral. Ella se quejó de mareos y de dolor de cabeza, pero no le hicieron caso. Solo la llevaron al hospital cuando se desmayó. Llegó en coma y murió tres días después. Gracias a dos periodistas que estaban allí, se conoció lo sucedido, y la protesta se extendió por todo Irán y después por todo el mundo. Desgraciadamente, lo que le pasó a Mahsa pasa a diario en Irán, pero al no haber medios de comunicación libres, no se sabe. Por eso, las mujeres que están allí protestando, dando la cara, son las valientes. También nuestro compañeros iraníes que nos apoyan.

P.: ¿Qué podemos hacer desde aquí, Nilufar?

R.: Mucho. Podemos llevar ropa que denuncie la situación, chapas haciendo visible el lema ‘Mujer, vida, libertad’, por ejemplo. Es una manera muy simple de hacer visible la lucha en favor de los derechos de las mujeres en Irán empleando nuestra ropa del día a día. Podemos acudir a las concentraciones y manifestaciones en favor de las mujeres iraníes, podemos contarle a nuestros más cercanos qué está pasando. Cualquier puede aportar su granito de arena, porque esta es una lucha de todos.

P.: Gracias por todo lo que haces y lo que arriesgas, Nilufar.

R.: Gracias a ti. La labor de los periodistas comprometidos es muy importante para visibilizar esta situación.