Actriz, cantante, compositora y directora, María Bestar lleva años poniendo su voz al servicio de las causas que le importan. La última y más personal, el documental ‘No estás loca’, sobre violencia vicaria, que sigue recorriendo salas de cine de toda España y que en marzo llegó a ‘RTVE Play’.
Bestar es también víctima de esta forma de violencia machista y encontró en la creación su manera de canalizar y procesar la situación. Esta entrevista la realizamos en diciembre, en el local 8 1/2 de Madrid, un espacio dedicado al cine frente a una de las salas más emblemáticas de Madrid. A pesar de los meses, no ha perdido un ápice de actualidad.

De hecho, su publicación coincide con un momento especialmente relevante en el que se está tratando la violencia vicaria desde varios frentes: el de las madres protectoras, en el V Encuentro Estatal sobre Violencia Vicaria, en el que ha participado activamente, y celebrado hace unos días en Maracena (Granada); y desde las instituciones, con el anuncio de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, acerca de la prohibición del Síndrome de Alineación Parental (SAP) que se incluye en la reforma de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI).
‘No estás loca’, el documental de Bestar, es una historia coral, múltiple, con el mismo argumento que pone voz y rostro, quizá por primera vez, a lo que policías, psicólogos y abogados corroboran en la cinta: que las madres protectoras, a pesar del sistema, no están locas.
P. María, el movimiento para visibilizar la violencia vicaria está haciendo que se conozca cada vez más. Pero, ¿por qué sigue siendo algo oculto para la mayoría?
R. A ver. En primer lugar, la violencia vicaria es la que ejerce el maltratador sobre sus hijos para hacerle daño a la madre. Y es desconocida, precisamente, porque afecta a las mujeres y a los niños, y lo que afecta a las mujeres siempre se minimiza. A nosotras se nos llama locas, histéricas, alteradas. Nunca se dice «el hombre histérico». Eso nos ha afectado hasta en la medicina, hasta en los juzgados, y, desde luego, ante las instituciones.
P. El título del documental, ‘No estás loca’, viene precisamente de ahí.
R. Sí, aunque también viene de otro lugar. Llega un momento en la vida de toda víctima en que una empieza a dudar de sí misma, a no entender nada. Sobre todo cuando te enfrentas con la maldad. Si eres buena persona, no puedes explicarla. Entonces empiezas a buscar justificaciones para esa maldad y, cuando encima la sociedad la arropa y la disfraza, acabas pensando que estás loca. El corto que precede al documental lo hice para que se visibilizasen las cinco o seis violencias dentro de la violencia vicaria que tenemos tan normalizadas que ni yo misma me daba cuenta de que las estaba viviendo.
P. Tú misma eres víctima. ¿Cómo pasas de eso a dirigir un documental?
R. Yo venía de trabajar con asociaciones de mujeres maltratadas en México, me creía una experta y acabé en una relación de maltrato sin saberlo. Era un maltrato psicológico, sibilino, gota a gota. Fui normalizando conductas que no tenía que normalizar. Cuando la situación afectó a mis hijos tomé la decisión de separarme, pero aun así tardé en ser consciente de lo que estaba pasando. Cuando llegué al punto más difícil, como siempre he hecho, escribí. Salió el cortometraje, sin pensarlo. Lo mandé a festivales y empezó a llegarme gente diciéndome: «Esto me pasa a mí». Incluso, adolescentes que me escribían y daban las gracias por ponerle nombre a lo que habían vivido. Ahí decidí que tenía que hacer algo más.

P. ¿Cómo fue el proceso de construcción del documental?
R. Quería contar mi historia a través de la voz de muchas. Al final es una historia única contada por más de cincuenta personas implicadas entre víctimas, jueces, abogados, médicos, psicólogos, policías, trabajadoras sociales. Estuvimos cuatro meses de rodaje. Había cientos de mujeres que querían salir, y aun me siguen escribiendo. Tuve que hacer una criba. Lo que me impactó fue darme cuenta de que el patrón es siempre el mismo: la de Huesca contaba lo mismo que la de Huelva, que la de Alicante. Si el patrón es tan claro, ¿cómo puede el sistema no identificarlo?

P. ¿Qué respuesta encontraste cuando fuiste a pedir ayuda?
R. El sistema no solo no me protegió, sino que se puso del lado del agresor. Y eso lo dicen todas. No es una guerra contra los hombres, es una guerra de mujeres y hombres contra la violencia, para proteger a nuestra infancia. Hay un 35% de niños que repiten el patrón. El resto carga con traumas de por vida. Llevamos 1.360 mujeres y 68 niños asesinados (cifras actualizadas a 13 de mayo). Si fueran 1.360 periodistas o médicos o futbolistas, en dos horas se redactaría una ley.
P. ¿Son suficientes las reformas que se están impulsando en la LOPIVI?
R. Las leyes están. El problema es que no se aplican. Desde 2022 existe la obligación legal de retirar la custodia a un padre maltratador condenado penalmente y todavía se están dando custodias compartidas a maltratadores. Lo que urge es formación, en todos los ámbitos: jueces, fiscales, médicos, trabajadores sociales, policía. Cuando hablas con una jueza formada en violencia de género ves la diferencia. Es como ir al médico: si no está formado para identificar los síntomas, no puede diagnosticar.

P. En el documental aparece también la violencia institucional. ¿Cómo la defines?
R. Es cuando el sistema, en lugar de protegerte, te revictimiza. Te amenazan con quitarte la custodia si vuelves a denunciar. Te aplican el falso SAP para desacreditarte. Salen fotógrafos a capturarte descompuesta, histérica, y esas imágenes son las que circulan. Como le pasó a Juana Rivas, como le pasó a Nevenka. La caza de brujas de siempre. Y mientras tanto, los niños siguen con el maltratador.
P. ¿Qué puede hacer la sociedad que no está haciendo?
R. Escuchar. No prejuzgar. Si ves algo, actuar. Si escuchas a un vecino, llama a la policía. El 90% de los asesinatos ocurren de puertas para adentro. Y sobre todo: creerse a los niños. Cuando dicen algo del padre nadie les cree, pero cuando dicen algo de la madre, sí. Eso es el patriarcado. Y nos afecta a todas y a todos.
