Irune Costumero: madres bajo sospecha
Irune Costumero, madre protectora y activista contra el SAP, durante una intervención en un programa de 'streamming'.

Irune Costumero (Vizcaya) está harta de salir «seria o triste» en las fotos. Quiere verse bien y se lo merece a pesar del dolor. Es madre protectora, lo que significa que no tiene a su hija consigo y la ve en un régimen de visitas establecido judicialmente. Ella es un claro exponente de la violencia vicaria e institucional que padecen también cientos de madres en su misma situación. Algunas, ni siquiera tienen la posibilidad de ver a sus hijos alguna vez.

Irune y su hija sufrieron ‘arrancamiento’ cuando la niña tenía 5 años. Le diagnosticaron ‘Síndrome de Alienación Parental’ (SAP) -una figura inexistente rechazada por la ONU, el Defensor del Pueblo Español o el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) entre otros organismos. A partir de ahí, el sistema se lavó las manos, culpó a la madre y nunca creyó a la pequeña cuando decía que su padre le pegaba.

Tras la cruel separación, Irune nos dice que es una «muerta en vida», pero no ha dejado un instante de luchar por proteger a su hija y por tratar aun en la distancia de hacerla feliz.

Un dato: Según el Defensor del Pueblo, «el padre obtiene la custodia de las hijas e hijos, de modo exclusivo o compartido, en un 78 % de los casos; mientras que en un 65 % de los casos la madre pierde la custodia a favor del padre, el cual pasa a ostentar la custodia exclusiva sin una valoración rigurosa del riesgo».

Irune Costumero: madres bajo sospecha
Irune Costumero durante su intervención en el Encuentro Estatal de Violencia Vicaria celebrado en Madrid hace una semana. Foto: EncuentroVVVI.org

PREGUNTA: Irune, ¿cuánto tiempo llevas protegiendo a tu hija?

RESPUESTA: Trece años. Cuando ella tenía 18 meses, denuncié a su padre por violencia de género y le absolvieron. Más tarde, le condenaron por injurias y al día siguiente de recibir la codena, secuestró a mi hija y estuvo dos meses en paradero desconocido. En ese tiempo no supe si estaba viva o muerta. Cuando por fin apareció, pero antes de que yo pudiera verla, una jueza impuso custodia compartida y a propuesta del abogado de él, aceptó un punto de encuentro familiar. Cuando pude ver a mi hija después del secuestro y ella pudo ver a su madre, tenía 23 meses.

P.: ¿Ella vive con su padre?

R.: Sí, la custodia exclusiva la tiene su padre desde el 4 agosto de 2017, que se produjo el ‘arrancamiento’. Ella está conmigo fines de semana alternos, visitas semanales y el correspondiente en vacaciones. Yo le paso la pensión por alimentos y estoy pagando todas las costas de los procesos judiciales que inicié en contra del por entonces diputado y responsable de Acción Social Sergio Murillo Corzo. Él fue quien firmó la orden foral para arrancarme a mi hija saltándose al juez. También denuncié a las jefas del Servicio de Infancia de la Diputación Foral de Vizcaya por el diagnóstico de SAP. Los absolvieron a todos.

P.: ¿Cómo se vive después de algo así?

R.: Siempre digo que el 4 de agosto del 2017 morí y la sensación es de estar muerta en vida. Es muy cruel, y solo una madre que ha vivido un arrancamiento puede empatizar y puede sentir el dolor. Encima, tienes que hacer ver a la sociedad que tú te puedes levantar cada mañana, maquillarte, ir al trabajo y poner buena cara, porque si te coges una baja igual piensan que no estás capacitada para poder cuidar de tus criaturas. La sensación es de estar demostrando al mundo que tú estás capacitada para todo. Esa sensación no la tienen los hombres, porque a ellos se les perdona todo y se dice, ‘bueno, ya aprenderá a ser padre’. Pero parece como que las madres tenemos que tener todo sabido. Es luchar contracorriente para defender a tu criatura y que no esté a tu lado es una auténtica tortura.

Irune Costumero: madres bajo sospecha
Comparecencia de Irune Costumero en el Parlamento Vasco en 2021

P.: Es una estructura social y judicial que pone el foco en sospechar de la madre.

R.: Sí. En mi caso, el hospital abrió hasta en tres ocasiones el protocolo de malos tratos por sospecha de lesiones por parte del padre. La primera vez, el juez de guardia correspondiente determinó que las lesiones no eran tan graves como para que no pudiera volver con el padre. Es un choque con la realidad y aun así, tienes la esperanza de que algo pasará, pero llegas al juzgado y se pone en marcha la maquinaria del patriarcado. La criatura es completamente invisibilizada y no le hacen caso porque es pequeña aunque lleva desde los tres años diciendo que su padre le pega. Por encima de todo, lo que prevalece es el derecho de ese padre a ver a su hija. Mientras, las madres vivimos para proteger a nuestras hijas e hijos, pero tenemos el foco acusador constantemente encima, porque todo se utiliza en nuestra contra.

P.: ¿Tienes esperanzas de recuperar a tu hija, Irune?

R.: La primera vez que yo pude ver a solas a mi hija después de años, porque nos mantuvieron cuatro años separadas después del arrancamiento y hasta los nueve las visitas estaban muy vigiladas, le prometí que no pararía hasta que la trajese a casa. Y en eso estoy. Lo que pasa, y te dirán lo mismo otras madres protectoras, es que cuando llegas a la Justicia con algo así, siempre tienes esperanza y vas a los juzgados diciendo ‘se han dado cuenta’. Pero, al final, te adentras en las garras del inexistente Síndrome de Alienación Parental (SAP) y, entonces, te atrapa, y ahí estás dando vueltas como un hámster en esa lavadora institucional. Es muy triste decirlo, pero, por desgracia, creo que mi hija va a ser ella misma la que se salve. La Justicia hace años que le dio la espalda.

P.: Hablando del SAP, ¿cómo es posible que se siga aplicando después de todas las recomendaciones en contra?

R.: Sí, cierto, pero está muy latente en los servicios sociales, en todas las instituciones y en los juzgados. Incluso en temarios de las universidades de Psicología y Trabajo Social con el término ‘instrumentalización del conflicto de las figuras parentales’. Yo siempre digo que han privatizado la Infancia y es un negocio. En el caso de Vizcaya, el monopolio lo tiene ‘Bizgarri’ y, como todas, recibe fondos públicos. Cuando los informes que elaboran llegan a los juzgados, la jueza o el juez se los cree a pies juntillas. Al final, ese informe psicosocial lo hace gente no especializada en Infancia. Si a esto le añades que el País Vasco tiene sus propias leyes forales, pues hacen lo que les da la gana.

P.: ¿Es tu caso?

R.: Es mi caso. Puentearon al juez, por así decirlo. Porque si de verdad hubiesen visto que mi hija estaba desprotegida por mi parte, tendrían que haber ido al juez a través de la Fiscalía y pedir medidas cautelares. Pero eso no pasó. A mí me arrancaron a mi hija cuando un juez había dictado custodia compartida y fue brutal, una verdadera tortura institucional todo el recorrido. Mi niña tenía 5 años cuando tres patrullas y más de 10 personas que ni conocíamos y policías armados se la llevaron en volandas. Ella estaba llorando y suplicando, aterrada. ¿En qué cabeza cabe que eso pueda ser beneficioso para una criatura? ¿Nadie piensa en el impacto que le puede ocasionar para el resto de su vida? Eso es muy cruel y, además, peligroso, porque el mensaje que estamos mandando es que es mejor tener un padre que de vez en cuando te dé un golpe, a no tener padre.

P.: ¿Qué haces para sobreponerte a esta situación?

R.: Yo soy una persona que si me caigo 20 veces me levanto 200 y con más fuerza, y para soportar esto, me ha ayudado mucho tener a mi hija en fotos sonriendo por mi casa y verla. Y haberle prometido que no pararé hasta que ella vuelva a casa. Hasta el último aliento estaré luchando para que ella sea feliz como se merece.