acoso machista en las calles
Blurry silhouettes and shadows of people walking on the city sidewalk

Las cifras de la policía llevan décadas siendo la principal fuente para medir la violencia contra las mujeres en el espacio público. Pero esa fotografía tiene agujeros. Es decir, hay calles, plazas y paradas de autobús donde las mujeres sienten miedo sin que exista jamás una denuncia que lo registre.

Un estudio liderado por la Universitat Politècnica de València (UPV), publicado en la revista científica Cities, ha tratado de rellenar esos huecos cruzando tres fuentes de información distintas en tres ciudades con contextos muy diferentes: Valencia, Toluca (México) y Dublín (Irlanda).

acoso machista en las calles

Revisión de los lugares del acoso y el miedo

En los ‘mapatones’, organizados en Valencia y Toluca, las mujeres señalaban sobre un mapa los lugares donde habían sufrido acoso y, por separado, los lugares donde sentían miedo aunque no les hubiera pasado nada en concreto. Los de Valencia contaron con la participaron de 72 personas, el 82% mujeres. En los de Toluca, muchas más: 668, el 98% mujeres.

El primer resultado fue contundente. Allí donde las mujeres marcaban haber sufrido acoso, también marcaban sentir inseguridad. Parecía una confirmación clara de algo que la literatura feminista lleva años señalando: el acoso en la calle no es un incidente aislado, sino que deja una huella de miedo en el territorio.

Pero el equipo se hizo una pregunta honesta: ¿y si ese vínculo tan fuerte se debía, en parte, a que muchas mujeres habían marcado el mismo punto del mapa para las dos cosas a la vez? Es decir, «aquí me acosaron» y «aquí tengo miedo»—, de modo que estaban contando casi lo mismo dos veces.

El miedo tiene factores materiales

Al eliminar esos puntos duplicados y repetir el cálculo, el vínculo se debilitó de forma notable. Seguía siendo real y significativo, pero mucho menos intenso que en el primer análisis. Es decir, el miedo de las mujeres a determinados espacios no se explica solo por haber sufrido acoso ahí mismo. Hay más factores en juego, como la falta de luz, la soledad de una calle o la ausencia de gente alrededor.

Dublín queda fuera de esta parte de la comparación por una razón práctica: allí no llegó a celebrarse ningún mapatón, porque el acuerdo con la universidad local se cerró demasiado tarde para organizarlo.

La ciudad solo aporta datos policiales y de redes sociales. Y hay un matiz importante que los propios autores destacan. La policía de Dublín no distingue si las víctimas de los incidentes registrados son mujeres, así que esos datos no pueden interpretarse como una medida de violencia machista, sino como una foto más general de la inseguridad urbana.

‘X’ impide la extracción de datos

En cuanto a ‘X’ (antes Twitter), el balance es decepcionante, porque penas sirve para predecir dónde sienten miedo las mujeres. Los investigadores encontraron muy pocos mensajes geolocalizados y con contenido negativo. En total fueron válidos 191 en Valencia y 118 en Toluca, frente a decenas de miles de publicaciones analizadas. En este caso, los investigadores ponen el foco de esta escasez de datos, en parte, a las crecientes trabas que la plataforma pone para extraerlo desde que cambió de dueño.

Con todo, la conclusión del equipo es clara y pone el foco en los testimonios directos de las mujeres y en los registros policiales como herramientas fiables para entender la violencia machista en el espacio público. Las redes sociales, de momento, solo aportan una pieza pequeña y poco fiable del rompecabezas.

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