‘Loba. Bette Davis (una historia real)’ vuelve al Teatro Fernán Gómez para rendir homenaje nuevamente a una de las más grandes actrices del siglo XX. La obra, escrita y dirigida por Juan Mairena, regresa tras el éxito de público cosechado el año pasado y podrá verse del 4 al 21 de junio en la Sala Jardiel Poncela de este espacio del Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid.
En escena, una mujer irrumpe en las oficinas del Hollywood Reporter para colocar un anuncio sencillo y sincero. «Madre de tres hijos. Divorciada. Treinta años de experiencia como actriz de cine. Todavía con movilidad y más amable de lo que dicen los rumores. Busca empleo estable en Hollywood». Quien recibe el texto no da crédito a sus ojos hasta que ella misma lo confirma: «Sí, soy yo, Bette Davis».

‘La Davis’ y el edadismo de los 60
El anuncio es real. Lo publicó Ruth Elizabeth Davis —su nombre verdadero— en 1962, cuando Hollywood le había dado prácticamente la espalda. Una mujer que había ganado dos Óscars, que había protagonizado más de cien películas, que había construido uno de los legados más luminosos de la historia del cine, se veía obligada a mendigar trabajo en los clasificados de un periódico del sector. Tenía 54 años.
Nacida en Lowell, Massachusetts, en 1908, Bette Davis debutó en Broadway a los veinte años y en apenas una década se convirtió en la reina indiscutible de la Warner Bros. Feroz, inteligente, sin miedo a encarnar mujeres complejas y difíciles cuando el cine prefería las angelicales, fue pionera en pelear sus propios contratos y en exigir papeles a la altura de su talento.
Su vida personal fue igualmente intensa. Cuatro matrimonios, tres hijos, batallas judiciales con los estudios y fama de «difícil» por saber lo que valía.

Homenaje a las actrices de edad
La obra ‘Loba’, que corre a cargo de Mélida Molina y Carlos Troya, es, por extensión, un homenaje a todas aquellas actrices que, llegadas a cierta edad y tras toda una vida entregada a su oficio, son relegadas a papeles secundarios y, muchas veces, al olvido.
Juan Mairena recuerda que en 1989 Bette Davis viajó España para recibir el Premio Donostia en el Festival de Cine de San Sebastián. Era su última aparición en público, su última actuación, tras una grave enfermedad. «La imagen de Bette Davis pronunciando el discurso de agradecimiento, sin apenas sostenerse, me llegó al alma», ha confesado el dramaturgo. Al día siguiente de aquello se puso a escribir la historia de quien consideraba uno de los más grandes mitos del siglo pasado.
«Ella quería ser actriz, no quería ser nada más ni nada menos, una buena actriz, y lo fue desde el momento en que pisó un escenario en Broadway hasta su última actuación en el teatro Victoria Eugenia», apunta Mairena.
