Berta Muñoz investigadora teatral
Berta Muñoz es investigadora teatral y doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Alcalá.

El teatro ha sido para Berta Muñoz (53), doctora en Filología Hispánica e investigadora del Centro de Documentación de las Artes Escénicas y la Música (CDAEM), un ‘dador’ de cosas buenas. La pasión comenzó a mediados de los 80 en un instituto de Alcorcón gracias a un ‘profe’ de Literatura; se fue fraguando en la Universidad y se ha consolidado con los años.

Libro a libro publicado, entrevista a entrevista concedida y clase a clase impartida hablando de teatro, a Berta se le fue quitando ese miedo a hablar en público de quien tiene una timidez extrema, y se hizo escuchar. Por eso, ahora lo reivindica como base del diálogo social y como parte de la educación para combatir el odio. También le agradece la llegada de su compañero, Jesús Campos, Premio Nacional de Literatura Dramática, con quien comparte la vida desde hace 30 años. Por entonces, ella era alumna de Doctorado y él, profesor.

Berta Muñoz investigadora teatral
Berta Muñoz es investigadora teatral y doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Alcalá.

PREGUNTA: Vayamos al origen, Berta. ¿Qué te llevó a investigar sobre teatro, que no es cosa muy común?

RESPUESTA: Tuve varios profesores a lo largo de mi vida que me encaminaron a él. Uno de ellos, el primero, fue Javier Orrico*, profesor en el IES Luis Buñuel de Alcorcón. Él hizo que quisiera ser profesora de Literatura. Luego, en la Universidad, tuve también muy buenos profesores de teatro. Ángel Berenguer fue con quien finalmente decidí hacer la tesis y él estaba especializado en Teatro Español Contemporáneo. Era un doctorado pionero de la Universidad de Alcalá, y durante ese tiempo conocí a Jesús Campos, que hoy es mi compañero de vida. De eso hace ya 30 años. Nos portamos muy bien y comenzamos a salir una vez acabado el curso (risas). Luego, en el 97, fui su ayudante de dirección en ‘A ciegas’, una producción teatral que se hacía a oscuras en el Festival de Otoño y ya no pude dejar el teatro.

P.: Todos tus referentes son hombres. ¿Dónde están las mujeres en el mundo del teatro?

R.: En España, dentro de la gran industrial teatral siempre ha habido grandes actrices que, además, eran las directoras y productoras de sus compañías. María Guerrero, por ejemplo, que es de las más conocidas. Pero ha habido muchísimas más. Sin embargo, como autoras y directoras de escena han estado mucho menos valoradas. Para mí, el caso más paradigmático es el de Concha Méndez, una escritora maravillosa de la que mi compañero de doctorado en la Universidad de Alcalá de Henares, Diego Santos, y yo sacamos hace un año la que es la única edición encuadernada de su obra unida. A pesar de su gran trabajo, todo el mundo la conoce como la mujer de Manuel Altolaguirre. Y eso que fue ella la impulsora de la empresa, la que manejaba la imprenta y la que, cuando estaban en Cuba, pasando hambre, iba vendiendo los libros casa por casa. Pero como ella, María Lejárraga, cuyas obras firmaba y montaba Gregorio Martínez Sierra, y por las que ella no percibía nada; y muchas otras más, que se exiliaron en Hispanoamérica y se enfrentaron a un machismo no menor del que había aquí.

P.: ¿Les pasó a todas, incluidas las adeptas, por así decirlo, al régimen franquista?

R.: Alguna hubo que llegó a montar obras. Pilar Millán Astray o Julia Maura, por ejemplo. A ellas se les permitió por ser de familias conservadoras, pero con una especie de condescendencia masculina por parte de la censura y de la crítica alarmante. Su obra nunca recibió elogios abiertos como los recibían los autores hombres. Y eso que Astray es la autora de uno de los mayores éxitos que ha habido en la historia del teatro español como es ‘La tonta del bote’, que más tarde representó Lina Morgan.

P.: Ellas enfrentaron el machismo con teatro, entre otras cosas. ¿Y tú, cómo lo has hecho?

R.: Profesionalmente, no he sufrido machismo porque el de las bibliotecas, que es mi entorno, está muy feminizado. Sí que vivo, de forma indirecta, otro tipo de discriminación a través mi compañero, Jesús, que es octogenario y al que se le cierran las puertas por mayor y por hombre, en favor de mujeres y jóvenes.

P.: Cambio la pregunta, entonces. ¿Cómo vives tú el feminismo?

R.: Estoy muy agradecida a las mujeres pioneras que han luchado y que se han dejado la piel por luchar por el feminismo. Y soy consciente de muchas de las ventajas que tenemos las mujeres de mi generación y de las siguientes gracias a ellas. Dicho esto, creo que en estos momentos hay un feminismo un poco de pijas, de personas que no han sufrido en carne propia el machismo, que han tenido una vida relativamente fácil y que tienen un discurso muy elaborado, muy teórico y muy en las nubes, sinceramente. No creo que ese discurso sea la forma de ayudar a esas mujeres de extrarradio que necesitan que se les tienda la mano desde un lugar más próximo. Y sé de lo que hablo. No quiero un feminismo pijo, por favor.

Berta Muñoz investigadora teatral
Berta posa para ‘ELLAS’ cerca del Museo del Prado.

P.: ¿Crees que el teatro cambia vidas?

R.: Yo creo que el que lo prueba, lo sabe. Y estoy convencida de que no se le da el valor que realmente tiene, ni en la Educación, ni en la Infancia. El pedagogo brasileño Pablo Freire, por ejemplo, nos dice en su obra que el teatro le puede servir al niño para exteriorizar sus conflictos representándolos en la escuela, porque a través de él se hace escuchar y el otro le escucha. Estoy convencida de que si lo aplicáramos, conseguiríamos la cultura de paz de la que estamos tan necesitados.

P.: ¿También para educar contra el machismo?

R.: Sí, claro. Insisto en que el teatro es diálogo. Ahora parece que las mujeres queremos ir contra los hombre, pero no. Queremos escucharles, que nos escuchen. Queremos ser iguales, y tengo claro que la estrategia de la mujer no puede ser copiar la estrategia del hombre. Me parece que esa estrategia ahuyenta a la gente y la vuelve más belicosa todavía. Por eso digo que el teatro ayuda, porque te acostumbra a ver a las personas que tienes enfrente como gente interesada en lo que tienes que decir en lugar de verlos como censores. Es una forma de convivencia más relajada, más de escucha.

P.: ¿Eso es lo que te ha aportado a ti el teatro?

R.: Y me ha abierto y quitado el miedo a hablar en público. Si a mí, de adolescente, incluso en la Universidad, me dicen que estaría hablando delante de una cámara, o que iba a subirme a un escenario para dar conferencias y a participar en mesas redondas, me da algo, vamos, no me lo creo. Así que sí, cambia a las personas. Cambia y aporta, porque gracias al teatro conocí a mi compañero de vida durante 30 años, a Jesús. Nadie daba un duro por nosotros y aquí estamos (risas).

Berta Muñoz investigadora teatral.
Jesús Campos y Berta Muñoz en su 30 aniversario, el pasado mes de abril.

P.: ¿Algún proyecto en mente?

R.: Lo que puedo decir por ahora, es que, como investigadora, me he metido en el mundo de la escenografía y estoy muy ilusionada. Es un mundo muy diferente al de la dramaturgia y me apasiona. Estoy preparando algunas cosas muy muy interesantes que podrá contar cuando estén listas.

P.: Ya para acabar. Si te diera por interpretar, ¿qué personaje te gustaría representar?

R.: (Muchas risas). ¡Uy! Eso sí que no me veo haciéndolo. ¡Uf!

P.: Bueno, tampoco te veías hace 35 años hablando en público.

R.: Es que ni me lo he planteado. A mí me gusta el teatro para verlo, para investigar su historia. Pero… pues mira, me gustaría interpretar cualquier personaje. Mientras más distinto sea a mí, mejor. Más me voy a divertir (risas).

*Javier Orrico fue profesor de Literatura en el Instituto Luis Buñuel de Alcorcón y también dio clase a la redactora que firma esta entrevista.