Alicia Aguirre es operadora de cámara y ha cobrado notoriedad tras su trabajo en la obra de teatro 'La otra bestia'.
Alicia Aguirre es operadora de cámara y ha cobrado notoriedad tras su trabajo en la obra de teatro 'La otra bestia'.

Caminando muy lentamente entre (y junto a) los actores que dicen el texto y se mueven sobre el escenario, una figura sostiene una cámara a pulso para darle al espectador otra visión de la obra ‘La otra bestia’. Es la de la operadora Alicia Aguirre (54), quien recompone las escenas en forma de encuadres cortos y virtuosos transmitidos en blanco y negro a través de una gran pantalla.

A Alicia se la ve desde el principio, pero ni estorba a actores ni molesta al público. Ni siquiera cuando se queda a poquísimos centímetros de la cara de los intérpretes Ana Rujas, Joan Solé, Teo Planell o Itzan Escamilla, en algún momento del plano secuencia que compone la propuesta de los directores Pedro Ayose y José Martret.

Durante hora y media, Alicia pasa desapercibida hasta que llega el final y suenan los aplausos y el público se vuelca con ella. Lo nunca visto para alguien de su profesión. Ahora, con 30 años de experiencia con la cámara sobre los hombros, siendo de las pocas mujeres en su sector cuando comenzó, Alicia, la operadora, se ha enamorado del teatro y del reconocimiento.

De momento, y a la espera de fechas para la gira por España, Alicia sigue trabajando en proyectos propios que pronto verán la luz y dando visibilidad a historias poco ‘visibles’ a través de la productora independiente, ‘Matrioska Film’, a la que pertenece desde 2014

Alicia Aguirre, con la cámara, en el medio de Ana Rujas y Joan Solé, en uno de los momentos de 'La otra bestia'.
Alicia Aguirre, en el medio de Ana Rujas y Joan Solé, en uno de los momentos de ‘La otra bestia’.

PREGUNTA: ¿Cuántas mujeres te has encontrado detrás de la cámara?

RESPUESTA: Cuando yo empecé, en los 90, éramos contadas. Hoy, todavía, el porcentaje de mujeres es muchísimo menor que el de los hombres. Afortunadamente, hay cada vez más, como en la vida en general, y en todas las profesiones. Cada vez ocupamos más puestos relevantes y la tendencia es que aumente.

P.: ¿Cómo te has desenvuelto tú en un ambiente casi 100 % masculino?

R.: Siempre he tenido que demostrar más que ellos, siempre, de una forma u otra. Me acuerdo que cuando empezaba, cometía el error de cargar sola con todo el peso del equipo, en lugar de pedir ayuda. Que era absurdo y la forma más maravillosa de hacerte daño, pero todo para evitar que nadie dijera que no podía. Así que cargaba como una mula e iba casi arrastrándome. Y, por otro lado, al ser un ambiente tan masculino, y aunque se va puliendo un poco, las bromas siguen siendo desagradables, pero supongo que como en cualquier otro ambiente en el que los hombres están muy cómodos; ellos hacen sus chistes y nosotras estamos ahí pensando, ‘ufff, qué pereza’.

P.: Suponemos que ha entre horarios y viajes, la cuestión de la conciliación ha sido complicada.

R.:  Bueno, no en mi caso. Yo lo he llevado bien porque cuando mi hija era ‘peque’, estaba en Telemadrid con un horario fijo y con posibilidad de criarla. Tiempo después, cuando nos echaron, Sara era ya mayor y pude viajar. Fue cuando me hice autónoma.

P.: ¿La visibilidad que te ha dado ser cámara en el teatro es algo raro y disruptivo, pero ¿puede ser un antes y un después en tu carrera?

R.: Según mi experiencia, eso es complicado que ocurra. Es verdad que esta función (‘La otra bestia’ 2025) me ha dado mucha visibilidad, más que la anterior (‘La Infamia’ 2021 ). Es lo que tiene trabajar con Ana Rujas y con Izan Escamilla. De hecho, he tenido muchas llamadas para hablar de mi trabajo, a raíz de la función. Pero la realidad es que me voy de esta burbuja que he vivido y vuelvo a recorrer un poco lo de siempre, la ficción, que es de donde vengo. Tengo la esperanza de que alguien monte algo similar en el teatro y se acuerde de mí, porque el teatro es una de las cosas más bonitas que me ha pasado jamás.

Alicia, junto a compañero de rodaje.
Alicia, junto a compañeros del equipo técnico en uno de los rodajes.

P.: El público te ha aplaudido mucho en esta obra, Alicia. Es algo normal para los que se exponen, pero tú, siempre estas al otro lado…

R.: Ahora entiendo que a actrices y actores les guste el teatro, con todo lo que supone de exposición, porque el feedback del público es instantáneo. El otro día le decía a una amiga, ‘llámame y me aplaudes (risas), porque ya hemos terminado la función en Madrid y no me aplaude nadie (risas)’. De todas formas, es difícil recibir halagos y te pones a la defensiva. Mi hija me dijo el otro día que me dejase halagar, que me lo merecía.

P.: Vamos con el síndrome de la impostora siempre a cuestas. ¿Crees que nos pasa más a las mujeres que a los hombres o es solo una percepción mía?

R.: Sin dudarlo. Yo, cuando me meto en un proyecto, he de estar 100 % segura de que lo voy a hacer bien. Si no, ni loca lo hago. Y, sin embargo, ellos se tiran a la piscina y les da exactamente igual. Lo he visto cientos de veces en mi mundo. Como estoy harta de ver también a señores que llegan como si fueran los reyes mambo y no tienen ni idea, pero pretenden darte lecciones. Nosotras somos más precavidas, seguramente porque nos da miedo fallar y porque no nos permiten que fallemos.

P.: Y ¿cómo se lleva eso en el teatro, donde no puedes repetir si te equivocas?

R.: Esa es una de las cosas que me costaba al principio, no quedarme en el error. Cuando te equivocas en algo tienes que olvidarte y dejarlo ir, porque la función continúa. Eso lo he aprendido en el teatro y también a relajarme si algo falla. Los primeros días me daba terror que la cámara no funcionase y no paraba de pensar en ello, hasta que conseguí quitármelo de encima y disfrutar. Porque, no sé tú, pero yo soy de las que se fustigan bastante si meto la pata y me paso días dándole vueltas.

P.: ‘No te quedes en el error’ sería un buen lema para la vida, también. Me quedo con ello, Alicia. Muchas gracias.

R.: La verdad es que sí. Gracias a ti.