Mujere del Valle del Lozoya que fueron pastoras de niñas, dirigiéndose a alumnas y alumnos de centros educativos.

Este jueves se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales, y un proyecto de la Mancomunidad del Embalse del Atazar recupera las historias de las mujeres que, desde niñas, cuidaron rebaños en la Sierra Norte de Madrid sin apenas poder ir a la escuela.

Niñas que apenas pudieron ir a la escuela

‘Las Pastoras del Valle Bajo del Lozoya’, impulsado por María Julián Prados, incluye el documental ‘El legado de las pastoras’, con los testimonios de una docena de mujeres de localidades como Cervera de Buitrago, El Berrueco, El Atazar, Cinco Villas, Paredes de Buitrago, Serrada de la Fuente y Robledillo de la Jara. Muchas de ellas empezaron a pastorear con solo 5 o 6 años, y el trabajo con el ganado dejaba poco tiempo para ir a clase: «A las diez los muchachos iban a la escuela. Para mí era la hora que me mandaban con las ovejas», relata una de las protagonistas.

Se enseñaban unas a otras

Junto al ganado, las pastoras aprendieron a coser, bordar y tejer la lana de sus propias ovejas para hacerse medias y jerséis. Conocían al dedillo el territorio —dónde había agua o qué plantas crecían— y calculaban las horas por el sol, ante la ausencia de reloj. El proyecto, integrado en Redes de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, las lleva ahora a visitar colegios, donde despiertan la curiosidad de los más jóvenes.

«La vida ha sido muy dura, pero para mí también ha sido muy bonita», resume una de las voces del documental.

La impulsora del proyecto destaca el papel de la ayuda mutua entre las pastoras como clave de la supervivencia, y reivindica recuperar estos testimonios como parte de la identidad de la comarca: «El invisibilizar estos legados es dejar a un lado parte de la historia. Es nuestra historia».

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