Un hombre de unos 38 años que ha perdido el control sobre el juego, especialmente a través de internet es, con diferencia, el perfil que con más frecuencia cruza la puerta del Centro de Adicciones Comportamentales (AdCom) del Hospital Gregorio Marañón.
El dispositivo, integrado en la red pública de la Comunidad de Madrid, cumple ahora cuatro años de funcionamiento y arroja una cifra que da idea de la dimensión del fenómeno.
En total, ha atendido a 2.324 pacientes, de los que 1.908 son adultos y 416 menores. Una de sus señas de identidad, según ha explicado el hospital en un comunicado, es que no exige derivación previa desde Atención Primaria o Salud Mental. Basta con pedir cita a través de su propia web.

Varias jerarquías entre adultos
Dentro de la población adulta, el mapa de las adicciones tiene jerarquías claras. La ludopatía encabeza los motivos de consulta, con un 41% de los casos, y en siete de cada diez el acceso al juego se produce por vía digital.
Le sigue la adicción al sexo, presente en un 28% de los adultos y con un perfil casi uniforme. Se trata de hombres de alrededor de 40 años. En tercer lugar aparecen las compras compulsivas, que rondan el 24% del total, pero aquí el patrón se invierte por completo respecto a las demás adicciones. Porque ocho de cada diez afectados son mujeres, con una edad media cercana a los 46 años.
Los videojuegos cierran la lista entre los adultos, con un 15% de los casos, y golpean sobre todo a varones jóvenes, menores de 25 años. En conjunto, los hombres suponen el 78% de todos los adultos atendidos, y casi dos tercios de ellos (64%) terminaron incorporándose a tratamiento tras confirmarse el diagnóstico.

Tratamientos previos de salud mental
Estas adicciones rara vez viajan solas. Un 20% de los pacientes acumula más de un trastorno comportamental a la vez, y casi la mitad —el 46%— ya arrastraba seguimiento previo desde Salud Mental antes de llegar al centro.
En un 4% de los casos hay, además, un trastorno mental grave de base. Además, los especialistas del Marañón encuentran con llamativa frecuencia, sea cual sea la adicción, rasgos compatibles con TDAH.
Cada trastorno arrastra también su propio cortejo de problemas asociados. Así, quienes sufren ludopatía suelen convivir con depresión, ansiedad o consumo problemático de alcohol. En cuando a la adicción al sexo predominan la ansiedad y ciertos trastornos de personalidad. Y las compras compulsivas van de la mano, con frecuencia, de depresión crónica, trastornos alimentarios y cuadros obsesivo-compulsivos.
La generación de la pantalla
Entre los adolescentes, el problema cambia de cara pero no de gravedad. Videojuegos y redes sociales concentran la inmensa mayoría de las consultas. Son un 65% y un 51% respectivamente, que se solapan porque un mismo chico o chica puede arrastrar ambos problemas a la vez.
En estos casos, el perfil típico tiene entre 14 y 15 años y es varón en tres de cada cuatro casos, aunque el reparto por sexo cambia según la pantalla. Los chicos se decantan por los videojuegos y las chicas en las redes sociales.

De los 416 menores evaluados en estos cuatro años, un 95% mostraba ya un uso problemático de la tecnología. Más de la mitad de ellos —un 54%— necesitó finalmente entrar en el programa del propio hospital, mientras que un 41% fue derivado a otros recursos de la red asistencial comunitaria. También aquí aparece el TDAH como telón de fondo, dectado por los profesionales en hasta el 57% de los adolescentes atendidos.
Un acceso pensado para no poner barreras
El circuito de entrada al programa es sencillo. Cualquier persona que sospeche tener un problema de adicción comportamental puede pedir cita directamente desde la web del Marañón.
Ya en el hospital se realiza un cribado con cuestionarios electrónicos, bien a través de la Tarjeta Sanitaria Virtual o de una tableta que proporciona el propio centro. Este método permite medir con rapidez la gravedad del caso y su repercusión psicológica o psiquiátrica, siempre con acompañamiento sanitario.
A partir de ese primer contacto se abre un itinerario que arranca en Enfermería y pasa por Psiquiatría y Psicología, sumando Trabajo Social cuando la situación lo requiere. Con toda esa información se diseña un plan a medida que puede prolongarse hasta un año e incluir seguimiento psiquiátrico y psicoterapia, individual o en grupo.
