Bicimad, el sistema municipal de bicicletas eléctricas de Madrid, evita cada año la emisión equivalente a 1.400 toneladas de CO2, según el primer estudio que mide su huella ambiental de principio a fin, desde la fabricación de bicis y estaciones hasta su reciclaje.

Un balance limpio pese al coste de fabricar bicis y estaciones

El análisis, elaborado por el grupo de investigación TRANSyT de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), calcula que el servicio genera unos 29 gramos de CO2 equivalente por pasajero y kilómetro, una cifra por debajo de la de otros sistemas de bicicleta compartida analizados en la literatura científica internacional. La investigación también valora cuántos trayectos en coche, moto o transporte público dejan de hacerse gracias a Bicimad.

Según los investigadores, las emisiones del sistema no vienen tanto del consumo eléctrico de las bicicletas como de fabricar las infraestructuras y mantener la logística de redistribución de la flota por la ciudad.

“Aunque la construcción de estaciones supone un gran impacto ambiental inicial, este se amortiza a lo largo de su vida útil y se compensa con una gestión mucho más eficiente de la flota de redistribución de bicicletas” ha indicado la investigadora de la UPM Natalia Sobrino.

Cómo mejorar aún más las cifras

Los expertos apuntan varias vías de mejora: electrificar por completo los vehículos de logística y mantenimiento, alargar la vida útil de bicicletas y estaciones, aumentar el uso diario del sistema y optimizar el reparto territorial de las operaciones de redistribución.

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