La huelga en la fábrica de Airbus en Getafe se recrudece tras una semana de protestas y amenaza con convertirse en un pulso abierto entre la plantilla y la dirección de la multinacional. Lo que comenzó como una convocatoria del sindicato SIPA ha ido ganando fuerza con el respaldo de CGT y UGT, que se han sumado a los paros ante el malestar creciente de los trabajadores.
La chispa ha sido la nueva política laboral que reduce de dos a un día semanal el teletrabajo para parte del personal técnico e ingeniero. Pero el conflicto viene de lejos. Los sindicatos denuncian una suma de decisiones que, aseguran, han supuesto una pérdida paulatina de derechos laborales, en plena etapa de beneficios para la compañía.
La plantilla afirma que los trabajadores tienen menos derechos mientras Airbus mantiene cifras millonarias de beneficios.
El teletrabajo prende una protesta que venía de lejos
El conflicto estalló a finales de junio, cuando Airbus implantó una nueva normativa que recorta el teletrabajo para parte de la plantilla. La medida ha sido interpretada por los sindicatos como el último paso de una política laboral que, según denuncian, se ha ido endureciendo en los últimos años.
A esta decisión se suman otros motivos de fondo: una subida salarial que los sindicatos consideran insuficiente y no vinculada al IPC, la pérdida de poder adquisitivo, el rechazo al convenio de 2024 por parte de algunos representantes de los trabajadores y la modificación de varios beneficios sociales.
Entre esos recortes, los sindicatos señalan la pérdida del complemento de baja por enfermedad común, la eliminación de becas para hijos de empleados o la cancelación de la gratuidad del comedor para trabajadores del taller.

“Pérdida paulatina de derechos”
El portavoz de CGT en Airbus Getafe, Gustavo Retamosa, ha advertido de que la plantilla está sufriendo una “pérdida paulatina de derechos” que ha terminado por colmar la paciencia de buena parte de los trabajadores.
El malestar es mayor porque, según recuerdan los sindicatos, estas medidas llegan en un momento de buenos resultados económicos para la multinacional. Airbus cerró 2025 con un beneficio neto de 5.221 millones de euros, una cifra que los representantes de los trabajadores contraponen a los ajustes aplicados en las condiciones laborales.
“Se tienen que sentar a negociar de verdad”, reclaman desde la plantilla, que insiste en que no se puede hablar de beneficios récord mientras se recortan derechos sociales y laborales.

Getafe, el gran foco del conflicto
La planta de Airbus en Getafe se ha convertido en el principal escenario de las protestas. No es una sede cualquiera: es el mayor centro de Airbus en España, con alrededor de 9.000 trabajadores, dentro de una plantilla nacional cercana a los 14.000 empleados.
Durante los últimos días, centenares de trabajadores se han concentrado a las puertas de la fábrica para visibilizar el conflicto y denunciar la falta de diálogo con la dirección. Por ahora, la producción se mantiene con relativa normalidad, pero los sindicatos advierten de que la huelga puede prolongarse durante todo el mes si no hay avances.
Los paros están convocados hasta el 31 de julio, aunque en las próximas horas puede ser clave la reunión entre representantes de los trabajadores y la empresa para analizar la evolución del conflicto y tratar de acercar posturas.
Los sindicatos buscan unificar fuerzas
Tras una semana de movilizaciones, los sindicatos que respaldan la huelga quieren ahora unificar fuerzas y extender la presión. Una de las vías será la reunión del comité interempresas, aunque por el momento organizaciones como CCOO y ATP no apoyan los paros tras haber firmado el último convenio colectivo.
La intención de los convocantes es que el conflicto no se limite a Getafe y pueda extenderse al resto de centros de Airbus en España. Sin embargo, por su tamaño y peso industrial, la fábrica getafense se ha situado ya como el epicentro de una protesta que va mucho más allá del teletrabajo.
Un pulso laboral en plena etapa de beneficios
La huelga en Airbus Getafe deja una imagen incómoda para la multinacional: la de una plantilla movilizada que denuncia recortes mientras la empresa mantiene fuertes beneficios.
El fin parcial del teletrabajo ha sido el detonante, pero detrás hay un conflicto más profundo: salarios, convenio, derechos sociales y una sensación creciente de que la plantilla está pagando el ajuste mientras la compañía sigue creciendo.
Si no hay acuerdo, julio puede convertirse en un mes clave para medir hasta dónde llega la capacidad de presión de los trabajadores en uno de los grandes pulmones industriales del sur de Madrid.
