La Ermita de Vilches vuelve a ser patrimonio municipal y será visitable gracias a la cesión desinteresada de los terrenos donde está ubicado el edificio del siglo XVII, por parte de las hermanas Elisabeth Rothfritz Schich y Margarita Elena Rothfritz Schich.
El alcalde Guillermo Hita ha comunicado, a través de un video, su intención de preservar la ermita «para que no se deteriore más esta edificación» y ponerla a disposición de los ciudadanos para visitarla.
«Haremos todas las actuaciones correspondientes para que sea visitable porque en la cesión se comprende también los terrenos destinados a hacer un camino que permita a los ciudadanos visitarla», ha explicado Hita.
Las dos hermanas propietarias de la parcela, conscientes del notable interés y el valor patrimonial que tiene la Ermita de Vilches para la historia de Arganda del Rey, han cedido gratuitamente la parcela con la idea de una futura puesta en valor del bien patrimonial y garantizar su conservación y difusión.
De esta forma, la Ermita de Vilches se une a edificaciones como la Ermita de Valtierra, que forman parte del patrimonio municipal de Arganda del Rey.
Ermita de Vilches
La Ermita de Vilches se localiza a unos 2,5 kilómetros del centro urbano, junto a la carretera de Campo Real, en el lugar donde se encontraba la antigua aldea de Vilches que fue despoblada por sus habitantes en el siglo XIV, posiblemente por un brote de peste negra.
Construida a comienzos del siglo XVII sobre los restos de una ermita anterior, posiblemente de estilo mudéjar, la Ermita de Vilches tiene un notable valor patrimonial, histórico, arqueológico, artístico y cultural como recurso para fortalecer la identidad y la cultura de la ciudad, y un importante grado de protección en la Comunidad de Madrid como Bien de Interés Patrimonial y Yacimiento Arqueológico.
El edificio tiene planta formada por una única nave rectangular y cabecera octogonal que aún conserva el arranque de la cúpula con tambor circular que cubría el espacio.
La fábrica de los muros es de aparejo toledano con hileras de mampostería, mientras que en el interior las paredes están decoradas con motivos arquitectónicas de pilastras y cajeados.
En el siglo XVI el sitio de Vilches se convirtió en mayorazgo de la familia Santoyo que fueron los promotores de la casa y de la ermita. Más tarde, en el siglo XVIII, pasó al Arzobispado de Toledo hasta la desamortización de Mendizábal, cuando la adquirió Gonzalo José Vilches y desde entonces ha sido una propiedad de titularidad particular.
En 1812 el Arzobispado decidió cerrar el edificio al culto por el estado de deterioro en el que quedó tras el paso de las tropas francesas por la villa.
