Estrella Martínez (44) es su nombre oficial, pero el que la define y por el que todo el mundo la conoce es ‘Winnie’, así que, a partir de aquí, la que firma lo escribirá sin comillas. Desde hace unos seis años, aproximadamente, Winnie –la periodista– y ‘Grandes minorías’ -su proyecto social y editorial- van de la mano siempre que se nombran. Una y otro han recibido varios premios por dar espacio y voz a personas excluidas.
El último lo recogió en marzo de la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Madrid (FAMMA) y la Fundación 360 para la Autonomía Personal, «por cambiar la percepción pública sobre la discapacidad». Una tarea que siempre ha creído necesaria, incluso, antes de ‘Grandes minorías’, cuando hacía temas sobre Educación en un medio especializado -«no la parte de la política, la otra»- y escribía reportajes sociales como freelance.
En esta ocasión y en esta entrevista para ELLAS es la periodista quien responde en lugar de preguntar y lo hace sobre las historias que le rodean, las que le preocupan y las que le importan. También, la suya.

PREGUNTA: Winnie, acabas de recibir un premio como reconocimiento a tu labor en ‘Grandes minorías’. ¿Qué es exactamente este proyecto?
RESPUESTA: En ‘Grandes minorías’ cuento historias de personas con discapacidad. Bueno, en realidad son ellas quienes cuentan su historia, yo solo hago de altavoz y pongo un poquito de orden en lo que me cuentan. No es porque lo haga yo, pero es un proyecto muy bonito que tiene un formato doble. Por un lado, las historias se publican por escrito en ’20 minutos’ y, por otro, como programa de radio que se emite en Radio 5 Todo Noticias, de Radio Nacional. Básicamente, de lo que va es de contar historias cotidianas de personas que como sociedad solemos ignorar.
P.: Winnie, ¿está de moda la diversidad?
R.: Puede, pero si es así, nos cuesta bastante, desgraciadamente, encajar en nuestro entorno a esas personas que se salen un poquito de la norma. Ya puede ser una persona con discapacidad, una migrante, con enfermedad rara, superviviente de violencia de género, gitana… es que hay mil colectivos de este tipo. Y luego, pero si es mujer y pertenece a alguno de estos grupos.
P.: Ahora, ‘Grandes minorías’ tiene un reconocimiento, pero no siempre fue así. ¿Cómo surgió?
R.: Fue en 2019, me acababan de despedir y pensé ¡madre mía, ahora qué hago! Me lancé. Hacía tiempo que pensaba en tener algo mío y en que algo como ‘Grandes minorías’ había que hacerlo. Así que monté la publicación por mi cuenta que, en principio, solo era un blog.

P.: Hemos coincidido las dos en hablar con la deportista paralímpica Manuela Vos. Fue mi primera entrevista para ELLAS y me pareció una mujer extraordinaria.
R.: Fíjate que cuando mandé su historia, me dije, «“es que les tengo envidia a las ‘manuelas vos’ de la vida,» porque, me gusta la gente que le cunde tanto la vida. Es verdad que más allá de la discapacidad, hay un complejo de superhéroe lleva a muchas personas a escalar montañas o correr ‘ochocientos’ maratones y no sé cuánto más. Pero es que en el caso de Manuela, eso ya lo había hecho antes de quedarse en silla de ruedas. La verdad es que me hace sentir muy afortunada de conocer a gente como ella.
Trato de hacer una labor de visibilización y cada una cuenta su historia como quiere, desde la denuncia o desde el enfado si están muy quemadas.
P.: ¿Las mujeres hablamos más de nuestras cosas?
R.: Yo, por lo que veo en ‘Grandes minorías’, te diré que, afortunadamente, hay más mujeres que hombres. También son más mujeres las que me escriben para salir. Da igual el colectivo al que pertenezcan, pero también me consta que son más mujeres las que leen y escuchan ‘Grandes minorías’ que hombres. La razón exacta no la sé. Solo sé que pasa.
P.: Se me ocurre que tenga que ver el hecho de que tú seas una mujer y eso les da confianza para dar el paso de contar su historia.
R.: Pues no lo sé, la verdad, nunca se lo he preguntado, pero lo haré. Es posible que haya temas que, quizá, sean más difíciles de contarle a un hombre. Por ejemplo, he entrevistado a una chica que ha sufrido una violación de las que dice la gente que no es violación. Supongo que cuando salga la historia habrá gente que todavía diga, “pero si esa chica invitó al muchacho a su casa”. En fin. Yo trato de hacer una labor de visibilización. Por supuesto, cada una cuenta su historia como quiere. Algunas lo hacen a modo de denuncia y otras a modo de protesta porque están muy quemadas.

P.: Hablando de mujeres ¿cómo ves los derechos de la mujer con la llegada de tipos como Trump o Milei?
R.: A mí, lo que más me inquieta, y te hablo desde la percepción de alguien a quien no le interesa la política es que es un hecho que esa gente está ahí mandando. Y no solo Trump, sino los colegas que tiene en el Gobierno que son para enmarcar. Pero también me inquieta la gente que les vota. Es decir, ¿todo el mundo que les vota piensa así? ¿Estás tan reventados de la cabeza o los votan por un motivo que a mí se me escapa? Según nos dicen, estamos viviendo el efecto rebote en el feminismo. El movimiento ha estado fuerte en este tiempo y ahora estamos viendo cosas que parecen de película mala de los 50. Por eso prefiero aferrarme a pensar que hay gente que se arrepentirá de haberles votado. No sé, a lo mejor es una exageración, pero parece que fuéramos camino del ‘Cuento de la criada’.
P.: ¿Qué impedimentos te has encontrado tú como mujer, si te los has encontrado?
R.: Sí, claro que los he tenido. Lo perverso del sistema es que yo me empecé a dar cuenta antes de ayer, como quien dice. Por ejemplo, a mí de chica se me daban bien los deportes, por tanto, no estaba excluida del ocio mayoritario, pero sí he tenido un jefe que le hablaba a mi compañero y a mí me hacía de menos. A él le saludaba por su nombre y yo, como si fuera un tiesto. No me hacía la vida imposible, pero no fue ni educado ni respetuoso conmigo. Y eso, lo reconozco ahora. Según vas cumpliendo años, con la cabeza más amueblada, relacionándote con mujeres feministas, te das cuenta de lo que hemos llegado a normalizar y se sigue normalizando.
El ‘rollito’ de las gafas moradas te hace caer en la cuenta de las situaciones discriminatorias que las mujeres hemos normalizado.
P.: ¿Crees que las mujeres deberíamos hacer cursos o formarnos sobre feminismo para aprender a detectar estas cuestiones?
R.: Yo no sé si todo el mundo, pero desde luego para mí, enterarme de cositas, leer, compartir e intercambiar con otras mujeres, ha sido crucial. Al final, es un tema de derechos pero, como en el tema de discapacidad, parece que se nos olvida. Creo que conocerlos implica aprender una forma de estar en la vida con la familia y con las amistades. No sé si el rollito de las gafas moradas te cambia, pero sí que de repente te das cuenta de cosas que se han normalizado en tu entorno y dices un día, pues esto no lo quiero.
P.: ¿Hablas de reeducar a tu entorno?
R.: A ver, no exactamente. Me pasa igual con ‘Grandes minorías’. Es muy de periodista querer cambiar el mundo, pero terminas dándote cuenta de que no llegas. Bastante es que me quieran contar su historia y que la gente las lea. Eso no significa que no sea consciente, que lo soy, y ves que es injusto, pero no por ello tienes que ponerte de mala leche. Tengo un grupo de amigas que trabajan mucho la narrativa del amor que es lo contrario que vivimos ahora y es verdad que cuesta mucho, pero te acercas de otra manera a las cosas. No sé si funciona cien por cien, pero al menos no llegas dando voces o intentando imponerte.
P.: Para finalizar, Winnie, ¿tienes proyecciones de futuro?
R.: La verdad es que yo no funciono así. No tengo de eso (risas). Sí que pienso que en un futuro ideal no existiría ‘Grades minorías’. Bueno, sólo haría falta a modo de recordatorio. Nada más. Me gustaría un mundo en el que fuéramos personas empáticas, con nuestros errores, pero de buen corazón. Y, luego, pues que a nivel mundo, no nos jodan mucho más.
