La transición fue dura. Todavía lo es, pero a Manuela Vos «no le queda otra que vivir», confiesa. Tres años después de caer de una pared de los Picos de Europa mientras escalaba, esta holandesa nacionalizada española, sigue acostumbrándose a un cuerpo que no siente, y que le llevó a pensar varias veces en morir.
Ella no quería que nadie se enterara de sus intenciones, de ahí que sus pensamientos se centraron muy a menudo en buscar en secreto la forma de acabar con su vida.
Ahora, las cosas son distintas. Ahora, intenta disfrutar al máximo de todo lo que le rodea. Sus hijos, sus amigos y sus proyectos -atípicos y ambiciosos-, son su principal fuente de poder para avanzar.
«Hay gente que no tiene ni eso. Yo sí. Además, aunque con dificultad, puedo mover los brazos y sacarles partido, mientras que a otros solo les queda movilidad en hombros y cuello. Es duro, porque la montaña era mi vida y, de repente hay un agujero enorme, pero estoy agradecida por todo lo que tengo».
La única mujer española campeona del mundo de ciclismo adaptado en carretera, Manuela Vos, habla para ELLAS en una entrevista en la Casa del Reloj de Madrid, cerca de Las Naves del Matadero, a la que acude puntual desde Vallecas, donde reside por el momento.

Llega en metro, como cualquier otro madrileño lo haría, y llega sola, conduciendo su silla de ruedas por un peraltado difícil.
«No quiero que la gente me proteja. Lo que quiero es que me traten como una más, sin diferencias, porque hay muchas cosas que puedo hacer«, se rebela.
No siempre fue así. Después de un largo proceso durante el que no pocas veces pensó en la eutanasia, y no pocas veces fue más fuerte su deseo de acabar que de permanecer, Manuela se decidió por la vida y por sus hijos.
«Pensé en que por ellos tenía que sacarle el máximo a la vida», afirma rotunda, y aunque confiesa que prefiere su vida de antes, reconoce que está teniendo experiencias que «de no ser por el accidente, no viviría».

Protagonista sobre las tablas de su propia historia
Una de esas experiencias que Manuela nunca pensó vivir ni de lejos se la ha encontrado en el escenario. Una preciosa locura en forma de obra de teatro para contar todo lo que le ha pasado y que ha resultado ser una «terapia» efectiva.
Las charlas continuas con Emilio del Valle, autor de ‘Manuela, el vuelo infinito’, para preparar el texto que narra su vida tras la caída; los ensayos con los actores; las representaciones en varios teatros madrileños, entre ellos la sala Cuarta Pared; y el desahogo ante el público, han obrado la catarsis y han traído a Manuela de vuelta.

«La obra de teatro me ha hecho pensar y me ha hecho muy bien», dice. «No son mis palabras literalmente, porque hay mucha poesía, pero sí son mis sentimientos, mi vida».
Y continúa: «Al principio, había partes de las que no podía leer ni una frase sin echarme a llorar, como en la que hablo sobre el futuro. Pero ahora algo ha cambiado y me vuelvo a sentir yo otra vez».
Es posible que esa Manuela de antes esté presente en la charla, porque hable o escuche, irradia fuerza magnética a través de sus ojos verdes.
Van directos hacia ti como forma de mantener la atención sobre la persona que es, sobre la mujer decidida, valiente y amante de la aventura que siempre ha sido.
La misma que antes del accidente solo dependía de sí misma, cuenta, y cogía su mochila sin pensarlo, alquilaba un coche, se organizaba sola o con amigos, y se iba una semana a hacer «unos tresmiles», con la misma facilidad que cualquier otra persona sale a dar un paseo.
O la que con 25 años, se hizo ‘la transpirenaica’, una travesía de 30 etapas y 800 kilómetros que cruza el Pirineo español.
Una vuelta al mundo en ‘bici’ adaptada
Todo eso dejó de ser en el mismo instante que cayó al vacío. No recuerda nada del accidente, salvo que en la UCI se ahogaba y pedía que la dejaran ir. Fue un milagro que sobreviviera porque, le dijeron, la encontraron sin apenas pulso y sin respiración.
Pasado aquello, la consciencia de una grave lesión medular tras despertar en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Para entonces, las cosas ya eran bien distintas y por delante tenía muchas horas de adaptación a la falta de independencia.
Solo el ciclismo, al que se había aficionado durante su convalecencia, le ayudó a buscar otras perspectivas. Así que cuando le dieron el alta, alquiló una bicicleta especial para salir a entrenar de vez en cuando, sin saber que un amigo músico había organizado un crowfunding y un concierto benéfico en su honor para conseguirle una ‘bici’ a medida.
Fue tal la respuesta de la gente, que no solo consiguió fondos para la bicicleta adaptada, sino también para la silla sobre la que Manuela se desplaza en su día a día.
‘Bici’ y silla dieron alas a la deportista, que se vio con lo suficiente para pensar de nuevo en aventuras. Comenzó, entonces, a fraguar una vuelta al mundo.
Tenía claro que no había llegado aún el momento de pararse y que unas piernas inertes no iban a impedirle seguir siendo quien era.
Pero cuando todo estaba en rodaje para encontrar patrocinadores y acompañantes que dieran testimonio de su gesta, estalló la guerra en Ucrania y decidió esperar.


Próxima parada, Los Ángeles 2028
Fue entonces cuando llamó a su puerta el Comité Paralímpico español para invitarle a unas jornadas de captación de talento en el deporte y para formar parte de la selección con la que, dentro de cuatro años, si todo va bien, estará compitiendo en Los Ángeles.
A raíz de aquello, Manuela comenzó a entrenar regularmente con preparador y, una vez nacionalizada, inició su participación en diferentes pruebas de élite internacionales en las que obtuvo varias medallas de oro, entre ellas, la que le proclamó, en septiembre pasado, Campeona del Mundo en ciclismo adaptado en carretera. Todo ello, en apenas dos años.
No obstante, a pesar de los éxitos deportivos y pensando en los Juegos Olímpicos, Manuela es prudente. Sabe que para estar en ellos debe trabajar mucho, porque lo que le queda por delante hasta 2028 es una carrera de fondo de la que dependen muchas cosas.
«De momento», se plantea, «tengo cuatro años duros para ponerme más fuerte, para adquirir experiencia en competiciones y para lograr clasificarme».
A todo esto, Manuela compatibilizará su actividad deportiva con la gira de la obra ‘Manuela, un vuelo infinito’, que le llevará por varias provincias españolas, entre ellas Zaragoza y Toledo. Pero, además, ha de hacer hueco en la agenda para la promoción de un libro y de una serie sobre su experiencia cuyos lanzamientos están a la vuelta de la esquina.
Cómo lo hace es un misterio. Lo que sí es un dato objetivo es que con esa parte del cuerpo que sí siente, Manuela quiere seguir llegando más alto, más lejos y más rápido.
«Cuando nos morimos de viejecitos», precisa, «pensamos en las cosas que sí hemos logrado hacer, en las experiencias que hemos tenido y en toda la gente que ha pasado por nuestra vida. Y yo tengo mucho de todo eso, y mucho por lo que seguir viviendo», concluye.
