“Si no me meto en el ascensor, me mata”. Con esa frase, entrecortada y visiblemente afectada, una mujer ha relatado ante el tribunal la agresión que sufrió en junio de 2022 a manos de su pareja, con quien apenas llevaba un mes de relación. El ataque, a navajazos, le dejó gravemente herida tras recibir cerca de una veintena de puñaladas en el tórax y el abdomen.
Los hechos ocurrieron tras una discusión aparentemente trivial. Según explicó la víctima durante la vista oral, ambos habían pasado la noche juntos y, a la mañana siguiente, él se enfadó porque ella no le preparó el desayuno. El acusado abandonó la vivienda en un primer momento, pero regresó poco después. Fue entonces cuando se desencadenó la agresión.

Primero la golpeó
Sin que la mujer advirtiera que portaba un cuchillo, el hombre comenzó golpeándola con puñetazos. Acto seguido, la atacó con el arma blanca, asestándole múltiples cuchilladas en distintas partes del cuerpo. Durante el ataque, la víctima llegó a suplicarle que parara por su hija, mientras él, según su testimonio, la amenazaba de muerte.
Malherida, logró salir al rellano del edificio, donde varias vecinas la encontraron cubierta de sangre. Fueron ellas quienes alertaron de inmediato a los servicios de emergencia y a la Policía, ante la gravedad de las heridas.
A unos 200 metros del lugar, los agentes localizaron al presunto agresor. Presentaba manchas de sangre en la ropa y trató de justificarlas asegurando que había sido mordido por un perro. Fue detenido en ese mismo momento.
Gracias a la intervención de unas vecinas, la víctima pudo salvar su vida. El agresor fue detenido poco después, cerca de la vivienda.
Graves secuelas tras la agresión
Durante el juicio, el acusado ha reconocido el consumo habitual de drogas y ha sostenido que el día de los hechos se encontraba “intoxicado”. Según su versión, actuó movido por el miedo, alegando que su pareja le había amenazado con enviar a unos conocidos para agredirle. Sin embargo, la víctima ha rechazado tajantemente este relato, afirmando que él se encontraba “perfectamente” y que nunca antes le había visto con “esa cara”.
Las consecuencias de la agresión han sido devastadoras. La mujer ha explicado que no ha podido volver a trabajar, que sigue tratamiento psiquiátrico y psicológico, y que vive con un temor constante a que su agresor vuelva a atacarla.

El Ministerio Fiscal considera que el acusado actuó con la intención de acabar con su vida, al propinarle múltiples cuchilladas con un arma blanca. Solo la rápida intervención de los servicios sanitarios y factores ajenos a la voluntad del agresor evitaron un desenlace fatal. Por ello, los hechos han sido calificados como un delito de tentativa de homicidio.
El juicio continúa a la espera de que se determine la responsabilidad penal del acusado por una agresión que, según el testimonio de la víctima, le “ha jodido la vida”.
