Una de cada tres mujeres en España ha vivido, en algún momento de su vida, una situación de coerción sexual dentro de una relación. Concretamente, el 28,2% afirma haber sido forzada a realizar prácticas no deseadas —el 26,1% de forma ocasional—.
En el lado opuesto, el 13,6% de los hombres admite haber tenido la sensación de obligar a su pareja en alguna ocasión. Son dos de los datos más perturbadores que arroja la segunda edición de la Encuesta Nacional de Salud Sexual (ENSS II), presentada este jueves por el Ministerio de Sanidad en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

El estudio, realizado con una muestra de 9.009 entrevistas representativas de la población mayor de 16 años —4.615 hombres y 4.394 mujeres—, retoma un trabajo iniciado hace 16 años. Sus resultados revelan una sociedad que ha cambiado sustancialmente en sus actitudes, pero que arrastra todavía fracturas profundas en el terreno de la violencia y el consentimiento.
También refleja cambios en la diversidad de la población. Ateniendo a este particular, se define como hombre un 48,2%; como mujer, el 50,8%; como persona no binaria el 0,7%, y el 0,2% de otra manera.
El consentimiento, una asignatura suspensa
Al respecto de los datos sobre consentimiento, estos ilustran con nitidez una de las fracturas más significativas entre hombres y mujeres en lo que a la práctica sexual se refiere. Por ejemplo, el 54,3% de los hombres está bastante o muy de acuerdo con que, si se acepta tener un encuentro sexual, hay que llegar hasta el final si la otra persona quiere.
El 60,5% de las mujeres se muestra poco o nada de acuerdo con la idea de haya que llegar hasta el final cuando se acepta tener un encuentro sexual.
Entre las mujeres, ese porcentaje cae al 36,6%, y el 60,5% de ellas se muestra poco o nada de acuerdo con esa idea. La brecha no es anecdótica sino que refleja marcos de referencia profundamente distintos sobre qué es y qué no es una relación sexual consentida.
Pornografía y prostitución: la brecha de género persiste
La encuesta confirma disparidades de género marcadas en algunos ámbitos como la pornografía y la prostitución. El 71,9% de los hombres declaró haber visto pornografía en el último año, frente al 24,9% de las mujeres. El consumo se concentra entre los 25 y 34 años, donde supera el 60%.
En cuanto al pago por relaciones sexuales, el 27,5% de los hombres reconoce haberlo hecho alguna vez; de ellos, el 9,5% lo hizo en el último año y el 79,1% afirma que fue hace más de cinco años.

Frente a todas estas realidades, el 91,1% de la población respalda que se imparta educación sexual en Primaria, ESO y Formación Profesional. Sin embargo, las fuentes de información siguen siendo desiguales, porque el ámbito educativo es la principal referencia para los hombres (30,6%), mientras que las mujeres siguen recurriendo mayoritariamente a sus madres (29%).
Sin diferencias de actitud hacia la diversidad sexual
La encuesta también detecta una transformación notable en las actitudes hacia la diversidad sexual. El 88,1% de la población considera hoy que una relación entre personas del mismo sexo es tan respetable como una heterosexual, frente al 41,0% que sostenía esa posición en 2009. El consenso es casi idéntico entre hombres (87,1%) y mujeres (89,0%).
Sin embargo, esa mayor apertura convive con una caída en la satisfacción sexual. Si en 2009, el 85,8% de la población se declaraba satisfecha con su vida sexual, en 2009, ese porcentaje bajó al 77,2%. Además, la insatisfacción se dispara con la edad, llegando al 51,3% en mayores de 75 años.

Al mismo tiempo, el sexo pierde peso como condición de la felicidad y solo el 34,6% de los hombres y el 28,5% de las mujeres —frente al 36,9% y el 39,3% respectivos en 2009— asocian una vida sexual activa con ser feliz. Hoy, el 60,8% de la población se muestra poco o nada de acuerdo con esa ecuación.
Diversidad sexual: más visibilidad, más matices
En cuanto a la atracción sexual, la heterosexualidad sigue siendo mayoritaria con el 87,5% de los hombres que se siente atraído por mujeres y el 77,2% de las mujeres por hombres.
La atracción homosexual llega al 4,7% de los hombres y al 1,5% de las mujeres y la bisexualidad o atracción independiente del género la reporta el 2,6% de los hombres y el 4,3% de las mujeres.
Destaca especialmente el dato de asexualidad: el 12,0% de las mujeres manifiesta no sentir atracción sexual, frente al 2,3% de los hombres, y el porcentaje se eleva al 32,2% entre los mayores de 75 años. En términos de experiencia vital, el 13,4% de la población afirma haber mantenido relaciones sexuales con personas de su mismo sexo en algún momento de su vida.

Protección insuficiente y pruebas del VIH que no se hacen
El capítulo de prevención muestra datos preocupantes. El 75,2% de la población no utilizó preservativo en su última relación con penetración vaginal. De quienes prescindieron de él, el 29,2% argumentó que solo mantenía relaciones con su pareja; el 21,6%, que utilizaba otro método anticonceptivo; y el 24,5%, que él o su pareja no estaban en edad fértil, una razón que no protege frente a infecciones de transmisión sexual (ITS).
En síntesis: el 25% usó preservativo, alrededor del 50% recurrió a otros métodos anticonceptivos —anticoncepción hormonal, marcha atrás o vasectomía— y el 25% restante no utilizó ningún tipo de protección ni método anticonceptivo.
Esta brecha preventiva tiene consecuencias directas, porque el 62,3% de la población nunca se ha realizado una prueba de VIH. El 2,4% recibió un diagnóstico de ITS en el último año, siendo el Virus del Papiloma Humano el más frecuente en mujeres (47,6%) y la gonorrea y la micosis los más comunes en hombres (19,0% en ambos casos).
