La doctora Sara Degli-Esposti es investigadora científica en Ética e Inteligencia Artificial en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Actualmente, dirige el proyecto europeo sobre cibercrimen Innovations
in Detecting and Disrupting Crime-as-a-Service Operations (SafeHorizon), y está inmersa en otros más. Entre otras cosas, es co creadora de una herramienta de usuario para detectar noticias falsas y su experiencia liderando proyectos multidisciplinares.
Como mujer en la ciencia, su perspectiva femenina es absolutamente necesaria. Sobre todo, en el ámbito de una tecnología, la digital, altamente masculinizado. El suyo es un campo poco común, porque se basa en la investigación del «cumplimiento normativo de la leyes de protección de datos en el contexto del capitalismo de vigilancia». Precisamente, su última publicación, ‘La ética de la inteligencia artificial’, es un manual para hacer reflexionar al usuario final sobre las herramientas digitales que maneja a diario y de los peligros y sesgos que conlleva. De todo ello hablamos con la investigadora en esta entrevista para ELLAS.

P.: Sara, eres una rara avis en un entorno científico técnico tan específico y tan masculinizado como es el tecnológico. ¿Cómo llegaste a él?
R.: Estudié Sociología en Trento (Italia) y en 2010, hice la tesis en Reino Unido donde me centré en la aceptabilidad de las tecnologías de vigilancia (las cámaras) que comenzaban por entonces a incorporar componente de Inteligencia Artificial (IA) para la detección de objetos y reconocimiento de imágenes. Después hice el doctorado en un proyecto financiado por Canadá que se llamaba New Transparency y, ahora, soy investigadora científica en Ética e Inteligencia Artificial en el CSIC y participo en varios proyectos nacionales e internacionales en los que me centro en los riesgos de la privacidad de las tecnologías, en la protección de datos y en el cumplimiento normativo. Ahora, por ejemplo, lidero las tareas de ética en un proyecto europeo sobre ciber crimen en el que el equipo de investigación está formado principalmente por hombres.
P.: ¿Y tienes barreras para hacer tu trabajo?
R.: Me pasa ahora y me ha pasado a lo largo de mi vida que me lleva un tiempo hasta que el compañero que tengo delante deja de verme físicamente y empieza a escuchar lo que digo. Creo que nos ha pasado a todas las mujeres. En el ámbito científico, igual que en otros, cuando entramos en un contexto altamente masculinizado, las mujeres tendemos a minimizar nuestra feminidad para que no nos valores por eso. Recuerdo una reflexión con una amiga del ámbito también científica que llegamos a la conclusión de que nos convendría ser feas para que nos tomen en serio.
Las mujeres en la ciencia tendemos a minimizar nuestra feminidad para que no se nos valore por eso.
P.: Es una conclusión dura.
R.: Sí, lo es. De todas formas, también creo que las mujeres en la ciencia debemos deconstruir muchas cosas que tenemos aprendidas. Me refiero a que, en la mayoría de los casos, los tutores de tesis han sido hombres y la tendencia de las mujeres es a replicar las mismas pautas masculinas por falta de otros referentes. En mi caso, afortunadamente, hice la tesis con tres mujeres y eso fue un punto de inflexión.


P.: El sesgo de género en la ciencia existe, pues a nivel global, por lo que veo.
R.: Sí, ocurre en todos los lugares y ámbitos. Ahora te digo, España es un contexto maravilloso culturalmente comparado con otros y quiero ponerlo en valor. Tengo compañeras que han estado en ámbitos mucho más hostiles para las mujeres en la ciencia, fuera de España. Y tengo muchos ejemplos de compañeras más del ámbito de la Filosofía en otros países que se han enfrentado a concepciones propias de la Edad Media. Cosas como que si eres madre, ya no puedes dedicarte a la vida académica, porque esta requiere de toda la dedicación posible y, antes, has de ser buena madre. No puedes hacer las dos cosas a la vez.
La ciencia nos devuelve a ‘lo que hay’ en lugar de a lo que queremos que haya.
P.: Eso es arcaico.
R.: Y falso. De hecho, todas las que somos madres sabemos que el serlo nos ha convertido en mejores profesionales, en personas con mucha más capacidad de carga de trabajo, de gestión del conflicto y de organización. Por eso quiero poner en valor la cultura española, que tiene la tendencia a machacarse, porque yo en España he encontrado un contexto muchísimo menos machista en lo laboral que en otros países.
P.: ¿Qué papel juega la tecnología en todo esto esto y especialmente en lo que respecta a la mujer?
R.: Es un tema muy amplio, pero creo que nos está faltando una conversación a nivel social sobre nuestra intimidad. He tenido momentos de desacuerdo con feministas que viven la exposición del cuerpo como una expresión. A la vez, hay niñas de 13 años que publican sus imágenes medio desnudas sabiendo que muchos de los likes que reciben son de babosos. Lo saben y les da igual, porque ahora, el valor de una persona se mide por el número de likes. Así te conviertes en un objeto. Pienso que esto no es feminismo y que dentro del feminismo hace falta redescubrirlo. Por eso me gusta la ciencia, porque nos devuelve siempre a lo que hay, no a lo que queremos que haya. Y lo que hay es una vuelta atrás en la que el quererse implica el control en la pareja, por ejemplo, por parte del chico.

P.: Es parte de lo que tratas de explicar en tu libro ‘La ética de la inteligencia artificial’ donde planteas riesgos y oportunidades de esta tecnología.
R.: Efectivamente. La tecnología se ha convertido en un elemento natural de nuestro día a día y no nos paramos a pensar lo que implica la digitalización. De la misma manera que nos facilita las cosas en muchos ámbitos, también nos pone en peligro como usuarios. Al final, es un libro que pretende acercar al lector esta perspectiva de la IA para que luego busque y amplíe con otros recursos. El debate sobre esta herramienta va evolucionando constantemente y es interesante transmitir al público general lo que sucede en el ámbito académico.
P.: Por último, Sara, ¿alguna idea futura en mente para poner en marcha?
R.: A raíz de un proyecto que me han propuesto, estoy pensando qué nuevo tipo de colaboraciones podríamos imaginar en el entorno digital. Por ejemplo, de cómo los fact checker pueden verse apoyados por investigadores que trabajan sobre dinámicas de moderación en plantaformas, y también por influencers. Porque en este ámbito tenemos planteados los problemas pero nos falta imaginación para platear soluciones y hay que darlas.
P.: Pues suerte y muchas gracias, Sara.
*Entrevista facilitada por la agencia iMADES Comunicación.
