ONU mujeres

Cuando se cumplen 80 años de la creación de Naciones Unidas, la organización mundial se encuentra inmersa en un proceso de reforma profunda. En este contexto, la iniciativa denominada ‘UN80’ busca mejorar la eficacia y la eficiencia del sistema multilateral.

Precisamente, uno de los escenarios que maneja la Secretaría General es la posible fusión entre ONU Mujeres y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Se trata de las dos de las dos agencias más especializadas en igualdad de género y derechos sexuales y reproductivos de la organización.

La propuesta, que aún está siendo estudiada, ha encendido todas las alarmas entre quienes llevan décadas construyendo la arquitectura internacional de igualdad. España es uno de esos nueve países que han trasladado formalmente sus reservas al secretario general António Guterres ante una eventual integración de ambas entidades.

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Imagen de una asamblea de las Naciones Unidas.

Además, han firmado la carta Bélgica, Brasil, Canadá, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Polonia, Suecia y Uruguay y en ella, no dejan lugar a ambigüedades. Sus firmantes consideran que no existen pruebas suficientes de que la fusión genere mejoras significativas ni en eficiencia ni en ahorro de costes, y advierten de que podría debilitar competencias clave dentro del sistema multilateral.

¿Por qué importa esta distinción?

ONU Mujeres fue creada en 2010 para consolidar cuatro organismos de Naciones Unidas dedicados a la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Su mandato es específico y concreto sobre la erradicación de la discriminación contra las mujeres y las niñas, empoderar a las mujeres y lograr la igualdad entre los géneros como condición necesaria para el desarrollo sostenible.

UNFPA, por su parte, trabaja desde 1969 en salud sexual y reproductiva, maternidad segura, planificación familiar y en la prevención de la violencia de género, con especial presencia en situaciones de emergencia humanitaria.

Aunque complementarios, son mandatos distintos. Este es un matiz en el que ponen la diferencia quienes defienden las entidades por separado. Para estos estados y organizaciones feministas esa es la línea entre que ciertos derechos tengan una voz propia dentro del sistema multilateral o queden diluidos en una estructura más amplia donde pueden perder visibilidad, financiación y poder de negociación.

Un contexto que lo complica todo

La propuesta no llega en un momento cualquiera. El avance de movimientos conservadores y antigénero en distintas regiones del mundo —con retrocesos evidentes en derechos reproductivos, en la respuesta institucional a la violencia de género y en las políticas de igualdad— convierte cualquier reforma estructural en un terreno especialmente delicado.

Lo que en otro momento podría leerse como una reorganización técnica, hoy se percibe como una ventana de oportunidad para quienes quieren reducir el peso institucional de la agenda de género en el sistema multilateral.

Y no es una percepción infundada. La propia evaluación estratégica elaborada en el marco de la iniciativa ‘UN80’ recoge algunos de estos riesgos. Por ejemplo, que una eventual fusión debería garantizar la preservación de los mandatos de ambas agencias. Que una reestructuración podría abrir debates sobre la interpretación de compromisos internacionales ya consolidados. Y que una reforma de esta naturaleza podría generar incertidumbre entre los donantes, con consecuencias directas sobre la financiación de ambas entidades.

Sobre los supuestos ahorros que justificarían la operación, estimados entre 32 y 38 millones de dólares anuales, el CUNY Sexual & Reproductive Justice Hub ha publicado un análisis en el que cuestiona esa cifra y sostiene que no existen datos suficientes para verificarla.

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Imagen de archivo de la III Conferencia Internacional Feminista celebrada en México.

Silencio diplomático con mensaje claro

Desde dentro de las propias agencias, las directivas han optado por la cautela diplomática, aunque sin esconder la preocupación. La directora ejecutiva adjunta de UNFPA, Diene Keita, agradeció el apoyo español durante la V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista, celebrada en Madrid los días 2 y 3 de junio, y evitó pronunciarse sobre la conveniencia de la fusión, recordando que la decisión corresponde a los Estados miembros.

En términos similares se expresó la directora regional de ONU Mujeres para Europa y Asia Central, Belén Sanz Luque, quien subrayó que «cualquier reforma debe garantizar plenamente los mandatos» aprobados por la Asamblea General para ambas entidades.

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