En enero de 2025 el Parlamento iraquí aprobó una polémica reforma del denominado Estatuto Personal, impulsada por legisladores chiíes, que permite casar a niñas a partir de los 9 años.
Más tarde, en marzo, tras la presión internacional, el Gobierno modificó la normativa y mantuvo en los 18 años la edad mínima para contraer matrimonio. Sin embargo, estas modificaciones, también establecen excepciones que dan mayor poder a los tribunales islámicos para casar a menores desde los 9 años según criterios religiosos.
Lógicamente, el imperativo legal deja en manos de los adultos a cargo la decisión de entregarlas como un bien de consumo. Las mujeres, pues, se convierten en mercancía con cierto valor para muchas familias vulnerables que optan por el matrimonio (o la venta de la menor), para obtener dinero.

El anuncio desató protestas masivas en Irak y denuncias de ONGs como Human Rights Watch que alertó de que la medida “privaría a innumerables niñas de su futuro y bienestar”. Por su parte, Amnistía Internacional y Naciones Unidas se sumaron al reclamo, y la misma Corte Suprema de Irak suspendió la ley en febrero de 2025 para evaluar su constitucionalidad.
Los opositores advierten de que las reformas violan tratados internacionales (Convención de los Derechos del Niño y CEDAW) ratificados por Irak y que representan un “paso atrás” para los derechos de las mujeres.
Impacto en la salud y la educación de las niñas
El matrimonio infantil tiene graves consecuencias inmediatas y de largo plazo. UNICEF estima que hoy 640 millones de mujeres en el mundo se casaron siendo niñas -aproximadamente 12 millones cada año.
Al unirse al matrimonio durante la adolescencia, muchas niñas quedan embarazadas antes de tiempo. Esto implica un altísimo riesgo sanitario, ya que las complicaciones del embarazo son una de las principales causas de muerte para chicas de entre 15 y 19 años.
De hecho, las jóvenes casadas sufren hasta cinco veces más mortalidad materna si son menores de 15 años, y el doble de riesgo que las mujeres adultas si tienen entre 15 y 19 años. Además, al contraer matrimonio las niñas suelen abandonar la escuela y tienen más posibilidades de sufrir violencia doméstica, según UNICEF.

En la práctica, el matrimonio infantil interrumpe la formación académica de la niña y limita sus opciones futuras. Según Girls Not Brides, “el matrimonio infantil suele marcar el final de la educación de la niña”, porque las menores se convierten en reclusas en el hogar, dedicadas al trabajo doméstico y privadas de oportunidades de desarrollo.
Violación de los Derechos Humanos
Numerosos organismos coinciden en que el matrimonio infantil es una forma de abuso que viola los derechos fundamentales. Human Rights Watch explica que estos infringen derechos a la educación, a la salud reproductiva, a la libertad de no ser sometida a violencia y a la igualdad ante la ley
En esos matrimonios –en la práctica forzosos al ser menores– las niñas quedan a merced de adultos y, a menudo, sufren agresiones y violencia sexual. UNICEF resalta además el daño psicosocial añadido, porque los adultos aíslan socialmente a la menor de sus amistades y familia, con “graves consecuencias” para su salud mental.
En suma, la evidencia es abrumadora: las niñas casadas tienen peores resultados de salud y económicos que sus pares no casadas, lo que lleva a perpetuar la pobreza y la desigualdad entre generaciones.
En cuanto a Irak, las organizaciones humanitarias advierten de que la reforma aumentará la pésima situación en la que ya se encuentran las niñas y las mujeres en el país.

310 millones de niñas casadas en 2050
El caso de Irak se inserta en un problema global que afecta, por desgracia, a muchos más países. Según la ONU, unas 12 millones de niñas se casan cada año en el mundo de forma obligada, lo que supone, aproximadamente, una de cada cinco en todo el planeta.
Las tasas más altas se registran en el África subsahariana y Asia Meridional donde, en algunas regiones rurales más del 50% de las mujeres jóvenes se casaron antes de los 18. Actualmente, en todo el continente africano, hay 125 millones de niñas que han sido obligadas a casarse antes de cumplir los 18 años.
Una realidad muy preocupante si además tenemos en cuenta que, según el último informe sobre matrimonio infantil de UNICEF, en 2050 la cifra alcanzará los 310 millones de niñas. Por ejemplo, Asia Meridional concentra casi la mitad (45%) de todas las niñas casadas del mundo, con India aportando cerca de un tercio de esos casos globales
En África Subsahariana vive el 20% de todas las niñas casadas; al ritmo actual de casamientos, esa región tardaría más de 200 años en erradicar esta práctica.
Hay casos extremos como el de una bebé de 20 días de Afganistán entregada en matrimonio por su familia.
Una historia real en Afganistán
Los casos extremos, desgraciadamente, abundan. En Afganistán –desde la vuelta de los talibanes al poder en agosto de 2021– UNICEF ha documentado prácticas más que preocupantes.
En 2021, por ejemplo, se registró el caso de una bebé de apenas 20 días entregada en matrimonio a un hombre mayor. Solo en las provincias de Herat y Badghis, antes de la inestabilidad política, UNICEF contó 183 matrimonios infantiles entre 2018-2019 (niños y niñas de entre 6 meses y 17 años).
La directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore, recordó en su momento que en Afganistán una de cada cuatro mujeres de entre 15 a 49 años se casó antes de los 18. Ante esa realidad, grupos de derechos civiles de Afganistán han pedido medidas concretas, como garantizar el acceso de niñas a la escuela y evitar que líderes religiosos celebren matrimonios de menores.
Llamada a la acción
Frente a esta situación global, organizaciones internacionales insisten en reforzar las leyes de protección. Recuerdan que el matrimonio infantil está prohibido por convenios internacionales (Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, CEDAW, etc.) y que exigir la edad mínima de 18 años es parte de los estándares de derechos humanos.
En Irak, por ejemplo, diversas voces han exigido al gobierno y al parlamento que revisen la reforma y alineen la normativa con esos compromisos internacionales. Mientras, miles de activistas y defensores de los derechos de las niñas subrayan con toda la razón, que garantizar la salud, la educación y los derechos de las niñas no es solo un imperativo moral, sino una inversión en el futuro de los países.
Fuentes: Datos e informes de UNICEF, Human Rights Watch, Girls Not Brides y artículos periodísticos especializados.
