Mujeres y diagnóstico tardío del VIH

Un estudio liderado por el Centro de Estudios Epidemiológicos sobre ITS y VIH-SIDA de Catalunya, publicado en la revista EuroSurveillance ha revelado que existen diferencias significativas de género, edad y origen migratorio en la realización de pruebas de VIH tras el diagnóstico de una condición indicadora (CI) de la enfermedad.

Los investigadores han observado que las infecciones de transmisión sexual son las condiciones que más a menudo motivan la realización de la prueba. Sin embargo, no tanto en otras como el herpes zóster o la dermatitis seborreica, que a menudo pasan «desapercibidas» a pesar de estar relacionadas con el VIH.

Mujeres y diagnóstico tardío del VIH
Laboratorio de análisis de sangre.

El estudio muestra que el 22,7% de los pacientes diagnosticados con una CI recibieron una prueba de VIH en los cuatro meses posteriores. Este porcentaje, según el estudio, evidencia, «el gran potencial de mejora y la oportunidad para reforzar la detección precoz y el inicio del tratamiento a tiempo».

También destaca que la tasa de pruebas de VIH fue más elevada en hombres -26,3%- que en mujeres -19,4%.

Menos infecciones pero de diagnóstico tardío

El estudio catalán refuerza los datos que se tienen hasta al momento sobre la brecha de género en el tiempo del diagnóstico del VIH. Según el Ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Carlos III, en 2023, España registró 3.196 nuevos diagnósticos de VIH.

La cifra refleja un descenso progresivo, pero también el hecho de que el 48,7 % de los casos se detectaron de forma tardía y ya había deteriorado considerablemente el sistema inmunológico.

El dato no afecta a todas las personas por igual. En menores de 25 años, el diagnóstico tardío se da en un 33,4 % de los casos y en los mayores de 50, el porcentaje sube al 61,5 %. El VIH, para muchas personas, sigue siendo invisible hasta que el daño ya está hecho.

Mujeres y diagnóstico tardío del VIH

La brecha de género

Es el caso de las mujeres, el sector de la población que resulta más perjudicado. De este, el 54,6 % son diagnosticadas tarde. Un cifra que se sitúa en el 47,7 % cuando se trata de los hombres, según datos del portal EresVIHda, iniciativa del Plan Nacional sobre el Sida. Esta diferencia es aún más preocupante en contextos donde las mujeres no son vistas como parte de la “población de riesgo”.

Lo confirma el mismo informe epidemiológico del Ministerio de Sanidad: en las transmisiones por vía heterosexual, el 53,5 % de las mujeres y el 57,8 % de los hombres reciben el diagnóstico en fase avanzada. En cambio, entre los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), el porcentaje baja al 42,1 %.

Esta distinción revela un sesgo implícito en la práctica clínica: cuando una mujer heterosexual —especialmente mayor de 40— acude a su médico, es menos probable que se le proponga una prueba de VIH, incluso cuando presenta síntomas compatibles.

Europa repite el patrón

España no es una excepción. A nivel europeo, la situación es muy similar. Según un informe conjunto del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 54 % de las mujeres diagnosticadas con VIH en Europa lo fueron de forma tardía. Especialmente en el grupo de 30 a 49 años, donde el riesgo de diagnóstico tardío es de tres a cuatro veces mayor respecto a mujeres jóvenes.

El estigma, la baja percepción de riesgo y la falta de sensibilización entre los profesionales sanitarios son factores comunes que explican esta desigualdad. Tal como señala el ECDC, muchas mujeres no se consideran en riesgo, y sus médicos tampoco lo hacen.

Mujeres y diagnóstico tardío del VIH

¿Por qué se tarda tanto?

La causa se ha de buscar en varios frentes, porque no solo está en los pacientes, sino en cómo funciona el sistema sanitario. Entre otras cosas, según plantean organizaciones de trabajo y visibilización contra el estigma del VIh, porque hay una falta de oferta de test sistemáticos. O lo que es lo mismo, no se aplica la prueba con la regularidad necesaria en personas con infecciones o síntomas relacionados.

Además, los sanitarios tienden a vincular el VIH con colectivos concretos (hombres jóvenes, homosexuales), excluyendo a mujeres mayores o heterosexuales, con el consiguiendo riesgo que se derivan de estos estereotipos y prejuicios.

Hay que añadir, también, la poca formación en lo que se denomina condiciones indicadoras. Por ejemplo, algunas manifestaciones clínicas del VIH —como herpes zóster o infecciones recurrentes— no siempre despiertan la alerta necesaria.

¿Qué se recomienda?

El Ministerio de Sanidad, la OMS y el ECDC coinciden en varias recomendaciones como la ampliación de la oferta de pruebas en atención primaria, especialmente en personas mayores o con síntomas clínicos relacionados. También en la eliminación del sesgo de género en la prevención, incluyendo campañas dirigidas a mujeres y mayores.

Junto a lo anterior, consideran básica la formación del personal sanitario para identificar condiciones indicadoras del VIH, más allá de los estereotipos. Y el uso de test rápidos, autodiagnóstico y pruebas comunitarias para facilitar el acceso, especialmente en grupos infradiagnosticados.

En todos los casos, eso significa dejar de entenderse el VIH como una enfermedad de «otros» y atender por igual en el diagnóstico a las mujeres mayores y a las personas migrantes que no entran en las categorías tradicionales de riesgo.