«Mi personaje, Ana Morantes, llega absolutamente disociada. Es una mujer rota, víctima de violencia doméstica y está basado en una mujer que existió de verdad, Ana Orantes”. Estas palabras las pronunció la actriz Juana Acosta en el programa de la televisión pública ‘La Revuelta’ hace un par de días, al que acudió junto a su compañero de reparto Max Iglesias, para promocionar la serie ‘Matices’ en la que participa.
Aquella frase ‘es una mujer que existió de verdad’ y el tono de Acosta al pronunciarla, además de emplear ‘violencia doméstica’ en lugar de violencia de género, me hizo pensar en lo alejadas que están las nuevas generaciones de su pasado inmediato.

La actriz colombiana habló del homenaje que su personaje rinde a Ana Orantes pero en aquel momento me pareció que su figura parecía más parte de la mitología que de la realidad. Así que, para ponerla en el lugar donde se merece y porque no hace falta una efeméride para traer a la memoria a la primera mujer en denunciar maltrato en España, tras 40 años sufriéndolo, recordamos aquí quién fue y lo que le pasó después a todo un país.
Lo que le debemos a Ana Orantes
Ana Orantes tenía 60 años cuando se sentó en el plató del programa ‘De tarde en tarde’ de Canal Sur el 4 de diciembre de 1997 a contar su historia. Por entonces, en España no había un solo protocolo o ley que amparara a las mujeres víctimas de violencia de género.
De hecho, esa violencia no tenía nombre ni razón. Tanto que aunque Ana llevaba divorciada dos años, una sentencia judicial le obligó a compartir la vivienda familiar con su maltratador y posterior asesino. Lo de la orden de alejamiento, por entonces, era una quimera.
Tampoco ‘la calle’ tenía consciencia colectiva contra el maltrato. Buena prueba de ello es que tras el relato de Ana sobre las palizas, las vejaciones y las agresiones sexuales que le infringía su marido, medios de comunicación y sociedad pasaron página y guardaron silencio.
No es que fuera normal que una mujer se atreviera a contar ese tipo de cuestiones por televisión, no, es que en muchísimas casas –en la mayoría podría decirse- esa violencia estaba históricamente normalizada.


Un testimonio que dio lugar a cientos más
Hasta que el 17 de diciembre de ese mismo año apareció el cuerpo calcinado de Ana en el jardín de su casa del pueblo granadino de Cúllar Vega. Su exmarido, José Parejo, se encargó de prenderle fuego, pero antes, la arrastró, la golpeó hasta dejarla inconsciente, la ató a una silla y la roció de gasolina. Su hijo de 14 años estaba presente. Lo vio todo cuando volvió del Instituto y fue él quien avisó a las autoridades.
Esa fue la marca que separó el antes y el después de la concepción social sobre la violencia machista; fue el punto de inflexión que inició un debate, una repulsa y varios cambios de leyes que tipificaron ese tipo de violencia como delito. Además, y como consecuencia, el asesinato de Ana fue el inicio de un aluvión de testimonios de mujeres que también vivían el maltrato continuo en absoluta soledad.
Nunca está de más recordar, pues, a las generaciones nacidas después del asesinato de Ana Orantes sus circunstancias y lo valioso que fue su testimonio para lograr cambios sociales y legislativos sobre la violencia de género.

Es verdad que Ana no llegó a verlos pero sí las cientos de mujeres a las que su ‘paso adelante’ ha salvado la vida. No es que todo sea perfecto, ni mucho menos, ni que el camino esté hecho, muy al contrario. Sin embargo, hay que reconocer un cambio sustancial en el tratamiento que reciben las mujeres víctimas de violencia machista en la actualidad.
Hay mucho, muchísimo por hacer todavía para que estas mujeres tengan el acceso que necesitan a los recursos y la protección necesarios una vez cruzan ‘la puerta violeta’. Pero hoy, gracias a Ana Orantes, hablamos de ello como un problema que compete a toda la sociedad y que toda la sociedad repudia.
Muchas más de 1.306 asesinadas
Aunque hasta 2003 no hubo un registro oficial de las víctimas mortales por violencia machista, organismos como el Instituto Nacional de Estadística (INE) cuenta con datos de las víctimas mortales por violencia de género organizaciones desde 1999.
Según figura en su página web, entre 1999 y 2005, los datos partían del Instituto de las Mujeres a partir de noticias de prensa y de datos del Ministerio del Interior. En total, 321 mujeres asesinadas. A partir de 2006, esos datos procedían de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.
En 1997, antes de que el INE recogiera esas cifras, se contabilizaron 59 asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, diríamos hoy. El de Ana fue el último del año. En 2003, se produjeron 71 feminicidios. Desde entonces y hasta hoy, son 1.306. De ellos, 12 se han producido en lo que llevamos de 2025. Por cierto, una de las últimas mujeres asesinadas era del mismo pueblo de Ana Orantes.
Cuando Parejo, su exmarido, le decía a Ana que era una inútil, una analfabeta, un despojo sin valor; cuando la hundía cada día más con las palabras y los golpes, evidentemente, no sabía ni de lejos la mujer que tenía enfrente. Ella cambió a toda una sociedad. Cambió la historia. Salvó vidas. Y aunque hubiésemos preferido otro final, las mujeres que llegamos detrás le agradecemos sus arrestos.
Su hija Raquel resumió el sentir de todas en el prólogo del libro ‘Las hijas del miedo’, un conjunto de relatos escritos por juezas y fiscalas de la Asociación Mujeres Juezas de España (AMJE): «Gracias, Ana Orantes, por todo lo que nos has hecho avanzar, por ser un referente y el refugio de tantas otras mujeres que, al igual que tú, gritaron a los cuatro vientos: ‘Fui una mujer maltratada pero se acabó'».
