Lara Ortega sobre el gaslighting
La psicóloga Lara Ortega, en su consulta de la clínica 'Despertares', de Alcobendas.

Paul y Bella Mallen están recién casados y comienzan su vida en común. No pasa mucho tiempo hasta que Bella se percata de que en la casa se suceden pequeños ruidos y cambios de luz inexplicables en un lámpara. Ella no se lo explica y su marido insiste en decirle que está perdiendo el juicio, lo que agranda su angustia y su miedo. Bella termina dudando de su propia percepción y de sus recuerdos.

Este es el argumento de Gaslight (1940), la película del director británico Anton Walbrook que en España se llamó ‘Luz de gas’ -expresión recogida en el diccionario de la Lengua- y de la que hubo un remake cuatro años después bajó la dirección de George Cukor. Ochenta años después de su estreno, Gaslight da nombre a un tipo de violencia silenciosa y sutil hacia la pareja denominada gaslighting en su forma inglesa. Según Lara Ortega, psicóloga de la clínica ‘Despertares’ de Alcobendas, provoca la duda y modifica el sistema de creencias de quien lo padece.

Lara Ortega sobre el gaslighting
La psicóloga Lara Ortega, en su consulta de la clínica ‘Despertares’, de Alcobendas.

PREGUNTA: ¿Qué es el gaslighting exactamente, Lara?

RESPUESTA: Es un término muy novedoso que proviene del argumento de una película de 1940 que en España se tradujo como ‘Luz de gas’. En ella, el marido de la protagonista le crea dudas sobre su comportamiento haciéndole creer que está loca. El término, por tanto, se refiere a personas que tratan de quitarle valor a los sentimientos y opiniones de otra persona, concretamente, a la pareja, hasta conseguir que dude de sí misma y poder manejarla.

P.: ¿Hay casos de gaslighting?

R.: Sí. De hecho, yo tengo en consulta varios de chicas que lo sufren por parte de sus parejas chicos. Y el punto en común es la manipulación, aunque también es estrategia para evitar conflictos con ellos mismos y quitarse responsabilidad. Si la culpa es de la otra parte, ellos ya no tienen que platearse su actitud. Un ejemplo concreto: a mí me encantaría que mi pareja tuviera algún detalle más conmigo, o que me apoyara en algunos temas. Sin embargo, al planteárselo, la respuesta que recibo es, “yo no te hago sentir mal, lo que pasa es que tú estás mal y a mí no me apetece acercarme a ti para darte lo que me pides”.

P.: Cómo se trabajan estos casos en consulta, porque veo que hay líneas muy sutiles.

R.: Lo primero de todo es traer a la persona de vuelta a la realidad y hacerle ver que justifica todo lo que le pasa, quitándole valor a lo que siente. Ese trabajo se realiza pidiéndole opinión directa sobre las cosas y haciéndole comprender que lo que siente es real para que recupere su confianza. En definitiva, se trata de trabajar el sistema de creencias. En segundo lugar, hay que detectar cuáles son las zonas de afectación para trabajar sobre ellas. No son las mismas en todas las personas. En lo que sí coinciden todas, es que tienen dañado el concepto de sí mismos, de su comportamiento y de su percepción de las cosas. Esta es la parte más afectada de las personas que sufren gaslighting.

P.: ¿Puedes poner un ejemplo más de cómo manifiesta una paciente ese daño en el autoconcepto?

R.: Supón que yo quiero pasar más tiempo con mi pareja y convierto esa necesidad en algo banal pensando en que no he sido lo suficientemente comprensiva, que no he tenido en cuenta lo cansado que llega y por eso no quiere pasar más tiempo conmigo, etcétera, etcétera. Si te das cuenta, estoy justificándolo todo.

P.: ¿A modo de barrera?

R.: Como protección. Es la forma que han aprendido para lograr sostenerse. Es pura supervivencia para convivir con tu malestar.

P.: Y esto último, ¿cómo se materializa con el gaslighting?

R.: Tiene que ver con la responsabilidad emocional, en tanto en cuanto, una parte de la pareja está creando unas expectativas en el otra parte y esta espera que se cumplan. Si te digo que te voy a bajar la luna, creo una expectativa en la otra persona, que espera a que se cumpla lo dicho. Yo no tengo esa expectativa, me la ha creado la otra persona.

P.: ¿Qué genera esto en quien lo sufre?

R.: Yo diría que es una forma de violencia de género, porque estás haciendo sufrir de forma consciente a la otra persona. Hay intencionalidad y en esa relación entre un hombre y una mujer, hay una manipulación de él hacia ella. Además, hay que añadirle la falta de responsabilidad afectiva, lo que, en conjunto, termina por devaluar al otro y hacerle creer -en esta caso a ella- que está loca y que en ti hay algo patológico.

P.: ¿La terapia también le sirve a quien lo ejerce?

R.: Aunque en la mayoría de los casos se trata a quien lo padece, también se dan casos de personas que acuden a terapia porque son conscientes de que su forma de relacionarse con el otro es minusvalorándolo. No hay mala fe, pero quieren solucionarlo. No obstante, son los menos. Yo suelo encontrarme con el otro lado, porque es donde se da la mayor afectación al dudar, incluso, de lo que has hecho porque te han hecho creer lo contrario y modifican su sistema de creencias.