Una cosa es definir la culpa y otra muy distinta, sentirla. Tampoco es lo mismo sentirse responsable, que serlo realmente. Por eso, es tan importante saber distinguir ambos conceptos y aprender a controlar los pensamientos negativos que provocan la culpa. Un sentimiento universal al que tienden más las mujeres, provocado por un exceso de carga de trabajo y de responsabilidades que, a veces, más que impuesto, es auto infligido.
La psicóloga de la clínica ‘Despertares’, Lara Ortega, aporta algunas claves sobre este espinoso tema en esta entrevista para ELLAS.

PREGUNTA: Lara, empecemos, si te parece, por definir la culpa.
RESPUESTA: Es importante reseñar que hay tres conceptos muy interesantes sobre la culpa en sí. El primero sería la culpa en sí misma; el segundo, el sentirse culpable, y el tercero, ser responsable de algo. En conjunto, la culpa es un sentimiento que sucede cuando creemos que algo no lo hemos hecho bien.
P.: Es decir, ¿no hace falta haber hecho algo más para sentirnos culpables?
R.: No. Como he dicho, hay que hacer una diferenciación muy grande entre ser culpable y ser responsable, porque tiene que ver con la intencionalidad. Muchas veces hacemos daño a las personas sin intención, pero cuando las vemos mal nos sentimos culpables. En ese caso te sientes culpable, pero no lo somos.
P.: ¿Hay una culpa específica en la mujer?
R.: Es verdad que en las mujeres hay más culpa o, al menos, tenemos tendencia a sentir más culpa. Por un lado, lo aprendemos, pero también nos viene innato. Como madres, como cuidadoras damos por hecho que tenemos que tenerlo cubierto con respecto a los hijos, la ropa, el médico, la medicina, la cartulina para el disfraz… Tenemos la necesidad de llegar a todo y nos sentimos culpables si no lo logramos.
«Las mujeres nos cargamos con muchas más responsabilidades, lo que nos genera una carga mental exagerada que no sabemos delegar«.
P.: ¿Y hay alguna explicación racional a esto?
R.: Básicamente, porque nos cargamos con muchas más responsabilidades, lo que nos genera una carga mental exagerada que no sabemos delegar. Es una necesidad de cuidar histórica, a todos y todo, y de ser las protectoras del hogar, por decirlo de una forma que se entienda. Al final, no cumplir con ese roll nos lleva a sentirnos culpables, más que a tener culpa, que es también una tendencia.
P.: Dime que esa tendencia se puede trabajar (risas).
R.: Sí, sí, claro que se puede.
P.: ¿Cómo?
R.: Pues, sobre todo, siendo muy consciente y haciendo una reestructuración cognitiva de base. Esto parece muy complicado, pero, traducido es, simplemente, traer a la realidad de lo que está pasando y no dejarlo en el plano de las emociones. A partir de aquí, revisar por qué necesito tenerlo todo bajo control y por qué necesito cuidar de todo el mundo. Y, a partir de ahí, reestructurar mis pensamientos y tratas de ver qué cosas puedo delegar y cuáles no. Porque habrá cosas que sí son responsabilidad mía y otras de las que nos hacemos responsables, que son dos cosas diferentes. Es importante salir de ese círculo vicioso en el que nos responsabilizamos de cosas y personas a las que cuidamos sin que nos lo hayan pedido y, cuando no logramos llegar, nos sentimos culpables y difícil salir de él una vez que te metes.

P.: ¿Ese sentimiento de culpa puede generar patologías como la ansiedad que te hagan acudir a consulta?
R.: Efectivamente, el sentimiento de culpa genera una activación fisiológica que yo distingo de la ansiedad. Ansiedad tenemos todos de forma habitual por el hecho de estar vivos, activos y debemos enfrentarnos a la vida. Este tipo de ansiedad nos mantiene con vida. Ahora bien, lo que activa el sentimiento o los pensamientos de culpa es una ansiedad patológica, una activación exagerada por no llegar a todo que nos genera pensamientos obsesivos y, lógicamente, toca nuestra autoestima y nuestro concepto de nosotros al no llegar a todo. Eso provoca pensamientos negativos sobre nosotros mismos, lo que lleva a un encierro emocional y a la pérdida de hacer cosas, que el cuerpo somatiza, hasta desembocar en depresión. Y todo esto empezó por la culpta
P.: Es decir, la culpa puede provocar depresión.
R.: A ver, no directamente. Lo que quiero decir es que el sentimiento de culpa puede desencadenar situaciones que puedan llevarnos a la depresión. Y cuando se desata este proceso, el sentimiento de culpa agranda todo lo demás.
«Debemos priorizar nuestro descanso y cuidarnos y no dejarnos para las últimas».
P.: ¿Hay algo de presión social en estos roles?
R.: Como ya he dicho, esta necesidad de cuidar y controlar el bienestar de todos es algo histórico, son conductas aprendidas que han pasado de generación en generación y lo hemos interiorizado. Por suerte, creo que esto va cambiando poquito a poco y dirigiéndose a un espacio donde hay menos presión y más ‘coparentalidad’. Esto no significa que sigan existiendo esos mensajes sociales que nos llegan a las mujeres sobre ‘si eres madre tienes que estar en casa después de trabajar’. Pero necesitamos descansar y cuidarnos y no dejarnos para las últimas.
P.: ¿Cómo podemos detectar que el sentimiento de culpa se nos está yendo de las manos y tratar de evitar ciertas líneas rojas?
R.: Esto es interesante porque cada vez hay más casos en jóvenes que acuden a consultar habiendo reconocido ya el sentimiento de culpa hasta por respirar. Es complicado concretarlo, pero sí te diré que empezar a sentir malestar, culpa o ansiedad por querer cuidarse, es una línea roja. Es ese momento en el que te planteas, ‘tengo que poner una lavadora pero estoy cansada’, y eliges poner la lavadora en lugar de cuidarnos. Y, fundamental, cambiar nuestra manera de hablarnos, porque eso tiene mucha fuerza y pasar del ‘debo’ al ‘quiero’. Da igual el ámbito, porque ese ‘quiero’ de verdad, va a evitar el sentimiento de culpa.
