Con su postura impecable y su mirada llena de sueños, Polina Berezina Ksenofontova no solo es una gran gimnasta; es una inspiración. Es el ejemplo perfecto de lo que significa luchar por un sueño, incluso cuando el camino se vuelve difícil.
Desde muy pequeña, su vida ha sido un camino de sacrificios, de esfuerzo incansable y de una pasión inquebrantable que se refleja en cada movimiento y en cada sonrisa. Representar a España en los últimos Juegos Olímpicos no fue solo un logro deportivo, fue la realización de un anhelo profundo que la ha guiado desde sus primeros días en la gimnasia.

Sus ojos brillan no solo con la emoción de haber llegado tan lejos, sino también con la gratitud hacia quienes han creído en ella. Cada rutina, cada salto, cada giro cuentan una historia de perseverancia, amor y dedicación absoluta.
Polina es, sin duda, mucho más que una deportista. Es un símbolo de inspiración, una embajadora de la gimnasia española y un recordatorio de que, con pasión y sacrificio, los sueños realmente se pueden alcanzar.
PREGUNTA: ¿Cómo fue el proceso de preparación para los JJOO de París?
RESPUESTA: Todo el proceso comenzó hace años coincidiendo con el inicio del ciclo olímpico. La preparación es eso, mejorar mucho los ejercicios, buscar estrategias para los campeonatos clasificatorios y luchar por esas plazas con el objetivo de estar en los Juegos. Ese es el primer paso que tuvimos pensado dar. Y cuando conseguimos clasificarnos en las pruebas individuales en el Mundial de Valencia, nos centrarnos en la preparación para los JJ.OO.
A partir de entonces, sin duda, hubo más carga de trabajo, más presión y objetivos mucho más complicados de conseguir, pero ese es un proceso necesario para poder llegar en el mejor estado. Y también, una gran responsabilidad, muchos entrenamientos y mucho sufrimiento.
«Fallar como lo hice en un elemento que sale con los ojos cerrados y en un ejercicio que tenía muy controlado, fue un golpe muy duro para mí».
A pesar de eso, es muy importante disfrutar de ese proceso y de la enorme motivación que teníamos de ir a París representando a España, y más después de Tokio, donde la rítmica española no tuvo representación. Por eso, queríamos dar lo mejor en cada momento y aunque sabíamos que ese camino iba a ser difícil, lo dimos todo.
P.: ¿Qué aprendiste de la experiencia olímpica y qué te llevas contigo para el futuro?
Me llevé un aprendizaje tremendo de los JJ.OO, sobre todo, de la competición. Salí a hacer el primer ejercicio después de haber estado muchísimas horas en la sala de entrenamiento, habiendo repetido todos los elementos millones de veces. Por eso, fallar como lo hice en un elemento que sale con los ojos cerrados y en un ejercicio que yo ya tenía muy controlado, fue un golpe muy duro para mí.
Pero, a pesar de eso, lo más importante fue la remontada, y eso es con lo que me quedo, con esa sensación de sobreponerme y de cambiar la forma de ver la situación. Me dije a mí misma que no me podía permitir desfallecer. Me dije: ‘Voy a lucharlo hasta el final y voy a hacer tres ejercicios bien’.

Yo creo que ese es el gran aprendizaje que hay que llevarse de ahí, el de no rendirse, el de luchar hasta el final, porque cada pequeña cosita que hagas para mejorar va sumando. Evidentemente, el resultado no ha sido como esperábamos, pero me quedo satisfecha con la remontada y el haberme superado en una competición tan importante en mi carrera deportiva.
P.: ¿Cómo lidiaste con la presión para controlar los nervios tras el fallo en el primer ejercicio y encarar los otros tres aparatos?
R.: He de decir que yo ya empecé a notar la presión de los Juegos tras clasificarme en el Mundial de Valencia. Presión por llegar a París en el mejor estado y por hacerlo bien. Al final, las gimnastas solo tenemos un minuto y medio para demostrar todo el trabajo de tantísimos años, y notaba la presión de toda la temporada.
A pesar de eso, no dejé de luchar, de superarme y de aprender según iban pasando las competiciones. Y, sobre todo, haciendo hincapié en la preparación psicológica. Porque llegado un momento, no se trata solo de la parte física o de echar más horas de entrenamiento. Se trata también de una buena preparación psicológica, de aplicar unas buenas estrategias, una buenas fórmulas para utilizarlas en las competiciones, para que la cabeza no te falle en momentos difíciles.
«El gran aprendizaje que me llevo de los Juegos Olímpicos es el de no rendirme, el de luchar hasta el final».
Yo he me he preparado con una psicóloga deportiva y con un coach que me han ayudado muchísimo esta temporada para llegar a los Juegos en el mejor estado psicológico. Por eso, llegué a París superbién, y creo que la caída (del aro) no fue por nervios o un error derivado por algo mental, sino que fue un fallo típico de nuestro deporte. Dejas de coordinar un movimiento y se te va.
Por desgracia, yo empujé el aro con el pie y se fue rodando. Podía haber caído plano en el suelo, pero lo hizo fuera del tapiz y tuve que cambiar el aparato (el de reserva), que es la peor falta que se puede cometer.
Pero no por eso me podía frustrar, ni rendir, porque he trabajado tanto para estar ahí que lo más importante era seguir adelante y empezar de cero. Así que me fui al vestuario, me cambié el maillot, me miré al espejo y me dije: «No más; no te dejo ni llorar, ni sufrir; disfruta de esta experiencia». Y así lo hice. Pude disfrutar, a pesar de todo.
P.: ¿Qué te inspira a tu edad (27 años) para seguir a este nivel con la gimnasia después de todo lo que has vivido?
Lo que me inspira de la gimnasia rítmica es que siempre puedes seguir mejorando. Creo que no hay límites de mejora en nuestro deporte. Más aun con el cambio de códigos (de competición) que te motiva a probar nuevos ejercicios.

A mí me gusta la sensación de superación, mejorar día a día, ponerme pequeños objetivos. Por ejemplo, si he conseguido hacer cuatro zancadas con flexión, voy a trabajar para hacer cinco.
Luego, me gusta crear las historias que podemos hacer en nuestro deporte y hacerlas con músicas diferentes. En mi caso, me inspiro en películas para diseñar una historia diferente e interesante, adaptada al ejercicio, en la que cada detalle pensado, unido y enlazado.
«He trabajado tanto para estar ahí que lo más importante era seguir adelante y empezar de cero».
Y, después, poder compartirlo con todo el mundo. Eso es algo tan bonito en nuestro deporte, que nunca te aburres haciendo gimnasia rítmica y siempre hay algo más que conseguir, mejorar y aprender. Esa es mi máxima inspiración.
P.: ¿Cómo manejas las lesiones en tu día a día, en tus entrenamientos, teniendo en cuenta el nivel de exigencia de la gimnasia?
R.: Una de las cosas que más me han inculcado desde pequeña es a cuidar el cuerpo, a protegerse siempre, hacer prevención y ejercicios específicos. Yo, por ejemplo, tengo una lesión de espalda y la cuido especialmente. Por eso, me escucho mucho. Así que el día que siento más dolor, no me fuerzo tanto, y el día que estoy mejor, intento esforzarme más. Es fundamental conocerse.
Al principio, lleva tiempo, pero los que más te pueden ayudar en el proceso de autoconocimiento son los técnicos y los fisioterapeutas. Después, cuando ya eres adulta ya sabes cuándo puedes y cuando no. Si escuchas a tu cuerpo decirte que solo puedes dar un 60%, pues llegas hasta ahí; pero nunca forzar para llegar al 100% en esas circunstancias para evitar lesionarte.
«A mí me gusta la sensación de superación, mejorar día a día, ponerme pequeños objetivos».
Luego, fuera de los entrenamientos, yo me he cuidado siempre. Iba al spa cuando me dolía el cuerpo, estiraba muy bien después de cada sesión, me apoyaba en los ‘fisios’, en los tratamientos para mejorar, en las máquinas de ‘Indiba’ para las lesiones y en una buena rehabilitación. Todo eso ayuda a prevenir algunos dolores que son una parte importante de nuestro deporte, porque la gimnasia es bastante lesiva. Estar rodeada de buenos profesionales y cuidarse a una misma, creo que es la clave para estar bien.
P.: Detrás de la deportista hay una persona de la que nos gustaría saber el tipo de actividades que hace cuando no está entrenando. ¿Qué te gusta?
R.: Me gusta mucho ir al cine y ver películas. El mundo del cine es de mis mayores pasiones fuera de la gimnasia rítmica. También pasar tiempo con mis amigos y, también, la fotografía. Es verdad que tengo poco tiempo para dedicarme a todo ello, pero en un futuro me gustaría dedicarme a algo relacionado con el cine.
Otra de mis pasiones es aprovechar la pretemporada para dar masterclass y estar con las niñas. Me gusta ver cómo aprenden y enseñarles algo que no han probado nunca o no saben hacer y ver esa mirada de motivación por probar algo nuevo. Eso, me llena mucho el corazón.
«Me gusta enseñar a las niñas que empiezan y ver sus caras de motivación cuando aprenden cosas nuevas».
P.: En todos estos años, ¿de qué forma has encontrado el equilibrio entre tu vida personal y tu vida deportiva?
Uf, es muy difícil encontrarlo. He tenido la suerte de que ‘mi chico’ (su prometido) ha sido futbolista y siempre ha estado vinculado al deporte y eso nos ha ayudado mucho a entendernos. Ahora es Fisioterapeuta.
Él acepta que viajo mucho, que me voy a las competiciones, que a veces no estoy conectada porque estoy concentrada y en una burbuja previa a la competición. Los dos hacemos un esfuerzo para adaptarnos a una situación complicada, como es tener una relación a distancia.
Con Alberto pasábamos más tiempo juntos cuando estábamos en Valencia, pero después del proyecto de colonial ya estábamos a distancia. Nos entendemos bien, nos queremos mucho, y aprovechamos cualquier ratito para estar juntos.

P.: Hablemos del futuro. ¿Te gustaría participar en los próximos Juegos Olímpicos de Los Ángeles o en alguna otra competición importante?
Sin duda. De hecho, cuando en la ceremonia de clausura de París vi el logo de la ciudad de Los Ángeles dije: «Este es mi mundo, el del cine y el de la gimnasia juntos». Mejor combinación imposible.
Pero es verdad que es a tan largo plazo, que soy muy realista en ese aspecto. Sé que hay que ir paso a paso, mirando sobre la marcha cómo estoy física y psicológicamente. Eso es lo que importa y es como debo encaminarme, poniendo objetivos a corto plazo e ir viendo la posibilidad de luchar o no por otros JJOO. Pero en el fondo, claro que me encantaría.
P.: Con tu edad y trayectoria, ¿sabes que eres un ejemplo a seguir?
R.: Siempre he tenido como objetivo, mientras estoy en la gimnasia e, incluso fuera de ella, poder inspirar a otras gimnastas para luchar por sus sueños. Es que todo es posible de conseguir. Yo he pasado por situaciones en las que me han dicho todo lo contrario, que no podía, y me ha generado dudas y desconfianza.
«Debo ponerme objetivos a corto plazo e ir viendo la posibilidad de luchar o no por otros Juegos Olímpicos».
Pero el hecho de haberlo superado y de haber conseguido lo que me he propuesto, es algo que quiero compartir con todos los demás para que luchen por sus sueños. Que nadie les diga lo que pueden conseguir o lo que no. Cada uno decide hasta dónde puede llegar y pone los límites de las cosas a superar. Al final, si te lo propones y no te rindes por el camino, puedes conseguir todo lo que te propongas.
P.: ¿Cómo ha influido el deporte en tu vida?
R.: Este deporte me ha hecho madurar bastante con una edad temprana. Pasas mucho tiempo contigo misma y aprendes a superarte, a luchar por lo que quieres, a gestionar las situaciones difíciles que se crean con los años.
En mi caso, por ejemplo, me he enfrentado a muchos cambios de sitio y de entrenadoras, y eso me ha hecho también aprender a adaptarme rápido y bien. Cuanto antes lo hagas, mejor, porque perderás menos tiempo en mantener el ritmo deportivo, entrenar bien y rendir bien. Yo no olvido que, al final, defiendes una bandera, a una Federación, y a un país y quieres estar a la altura siempre.
Todo esto me ha preparado psicológicamente para lo demás. Después de lo que he vivido en la gimnasia rítmica, estoy preparada para gestionar cualquier cosa que me pase.
Y, desde luego, la disciplina también es importante, porque estés motivada o no, te duela el cuerpo o no, tienes que ir a entrenar y seguir dando el máximo en el día a día.
«Después de lo que he vivido en la gimnasia rítmica, estoy preparada para gestionar cualquier cosa».
P.: ¿Qué mensaje te gustaría transmitir sobre la importancia del esfuerzo y la disciplina?
R.: Yo creo que son la clave del éxito. Tu trabajo no puede depender solo de la motivación, porque la motivación la tienes hoy y mucha, pero mañana está por los suelos.
Es ahí cuando tiras de la disciplina y del esfuerzo y es ahí cuando te planteas, ‘voy a intentar dar el máximo y a centrarme en una cosa para mejorar’. Así, es. Vas objetivo por objetivo para dar cada día pasitos hacia el éxito, acercándote a él. Y para lograr esto, lo que más ayuda es la disciplina.
P.: Para aquellas gimnastas que quieren seguir tus pasos, ¿cuáles son las cualidades, más allá del talento y la técnica, que marcan la diferencia en el éxito deportivo?
R.: Yo creo que el éxito se consigue trabajando mucho, siendo constante, resiliente adaptándose a cualquier cosa. No te enfrentas igual a una competición con la mentalidad de ‘hay un tapiz que resbala, hay un techo bajo’, por ejemplo, que afecta a todo el mundo, y excusarte en ello para justificar fallos, que siendo capaz de adaptarte.
Porque la primera que lo haga es la que va a estar arriba. Son formas distintas de ver y afrontarlas las cosas: en lugar de ver las excusas, hay que centrarse en las oportunidades, y a partir de ahí, hacer tu trabajo bien en cualquier condición. Esto marca la diferencia entre una gimnasta y otra.
Luego está el talento, que, lógicamente, es algo que te facilita mucho el trabajo. Porque una gimnasta con talento aprende las cosas más rápido. Pero, después de eso, el trabajo, la constancia y la disciplina son las que marcan la diferencia para llegar al máximo y que puedas estar mucho años trabajando. Esto es una una carrera de fondo.
«Hay que centrarse en las oportunidades en lugar de en las excusas».
P.: ¿Qué personas han marcado tu carrera deportiva?
R.: Una de las personas que más ha estado conmigo desde pequeña es Mónica Ferrández, mi entrenadora de Torrevieja, que desde que yo era pequeña ha confiado en mí. Siempre ha estado ahí. Es como una segunda madre para mí. Cuando me surge alguna duda o cuando estoy mal recurro a ella, porque es la persona que más me puede tranquilizar. Siempre me ha ayudado mucho en los momentos más difíciles.
Lo que más me gusta de ella es que siempre ha sido muy sincera conmigo. Cuando ha tenido que decirme cosas duras que me podían doler, lo ha hecho de forma realista. Y cuando yo no veía luz al final de túnel, también me ha animado a seguir adelante.
Desde luego, a largo de mi carrera también ha habido personas clave que me han dado un buen consejo o me han ayudado a superar una situación. Hoy en día, mi prometido, por ejemplo, que desde hace cinco años -los que llevamos juntos-, me ha apoyado muchísimo, ha estado siempre en todos los momentos, y ha sido clave para mí.
P.: ¿Cómo te imaginas tu adiós al tapiz?
R.: Sinceramente, es algo en lo que me cuesta pensar, porque después de 20 años en la gimnasia rítmica, sería un paso muy difícil de dar y muy duro para mí. Estoy segura de que tendría emociones de tristeza y de despedida por algo que ha sido mi vida. No me imagino la vida sin la gimnasia rítmica hoy en día.
