Hay escritoras que solo necesitan un libro para dejar una huella imborrable. Kathryn Stockett (Jackson, Misisipi, 1969) lo consiguió en 2009 con ‘Criadas y señoras’, una novela sobre las empleadas domésticas afroamericanas que trabajaban en los hogares blancos del sur de Estados Unidos durante los años sesenta.
El libro superó las cien semanas en la lista de los más vendidos del New York Times, se tradujo a más de cuarenta idiomas, vendió más de 15 millones de ejemplares y dio lugar a una adaptación cinematográfica que obtuvo, entre otros reconocimientos, el Óscar a la mejor actriz de reparto para Octavia Spencer. Todo eso después de haber acumulado, en su camino hasta la publicación, más de sesenta rechazos editoriales.

Diecisiete años después, Stockett ha vuelto. Y lo ha hecho en Madrid, donde presentó ‘El club de las indomables’ (Planeta, 896 páginas), su segunda novela en el entorno de la Feria del Libro que cerró su 85º edición la semana pasada. Además de su segundo libro, la autora trajo consigo una mirada lúcida y sin concesiones sobre el momento que atraviesa su país.
«Estoy aquí, así que puedo decir lo que quiera»
Stockett no suele hablar de política cuando está en Estados Unidos y lo explica por qué con franqueza: «Todo muy polarizado. En una misma habitación, probablemente el 50% sea de un lado y el 50% sea del otro». Pero en Madrid, lejos de esa polarización, la escritora ha decidido no callarse.
«En este momento, las mujeres en Estados Unidos están perdiendo sus derechos, sobre todo en materia de salud. Y esto llega a partir de la revocación, por ejemplo, de la ley Roe contra Wade, que es la que promulgó el derecho al aborto en todos Estados Unidos», ha dicho con claridad.

No es solo una opinión sobre el presente, es también una advertencia sobre la facilidad con la que los derechos conquistados pueden desaparecer. «No digo que estemos en la situación en la que estábamos en 1933, pero sin lugar a dudas tenemos que luchar por los derechos que tenemos porque nos los pueden arrebatar con muchísima facilidad. Eso es de lo que hemos sido testigos últimamente en Estados Unidos». Stockett ha precisado que Estados Unidos va en la «dirección incorrecta» y que es «importante» que las mujeres no den esos derechos «por sentado».
Sobre la administración Trump, la escritora ha sido igualmente directa: «No tengo ningún reparo en decir que no me gusta el gobierno actual de Estados Unidos». Y añade, con la mezcla de seriedad y humor que la caracteriza: «Me parece una locura que estemos viviendo en un país que está tan profundamente dividido en este momento, es una locura y también me parece muy triste».
Un libro que costó doce años y una ley que lo encendió todo
La gestación de ‘El club de las indomables‘ no ha sido sencilla. La autora ha dedicado doce años a escribirla, y la editorial llegó a rescindir su contrato después de los diez primeros por incumplimiento de plazos.
Lo que finalmente la impulsó a terminarla fue el descubrimiento, durante el proceso de documentación, de una ley aprobada en Misisipi en 1927 que legalizaba la esterilización forzada de cualquier persona considerada mentalmente incapacitada. Entre quienes más la sufrieron, explica la autora, estuvieron personas con autismo y acabó siendo utilizada para controlar a las mujeres que las autoridades consideraban «promiscuas». Esas leyes no quedaron derogadas hasta los años noventa.
«No tengo ningún reparo en decir que no me gusta el gobierno actual de Estados Unidos».
«En California», explicó la escritora, «esta ley de esterilización se llevaba a cabo con tal éxito que Adolf Hitler le pidió al director de la Sociedad de Eugenesia que visitara Alemania», relató Stockett.
La novela se ambienta en Oxford, Misisipi, durante la Gran Depresión de los años treinta, y sigue a tres mujeres —Meg, Birdie y Charlie— unidas por el destino en circunstancias adversas. Sus páginas exploran la discriminación, el racismo y la hipocresía de una sociedad que sometía a las mujeres por múltiples vías. «Si iba a escribir una historia ambientada en el año 1933 en Misisipi y aparte una historia de mujeres, iba a ser imposible no ahondar sobre temas de discriminación, racismo, hipocresía. Entonces iba a ser imposible escribir un libro corto. Y así fue».
El peso de las expectativas
Comparar la escritura de su primera y su segunda novela es, para Stockett, como describir dos experiencias radicalmente distintas. La primera fue un acto íntimo, casi privado. La segunda, en cambio, llegó cargada de todo el peso del éxito anterior: «Cuando me senté a escribir esta historia ya no estaba sola en la habitación. Conmigo tenía un contrato, tenía una editorial, tenía las expectativas de los lectores, los críticos. Por eso el proceso se tornó de vez en cuando algo paralizante».
Ese paréntesis de diecisiete años, no obstante, no parece haber mermado ni su agudeza ni su sentido del humor. Sobre la posibilidad de que la espera haya valido la pena, la autora zanja la cuestión con una sonrisa: «El humor es muy importante. La vida es divertida, tenemos que reír y más con los Estados Unidos de ahora que son ridículos. Además, si escribes un libro durante 17 años y no te ríes…».
