«En mi sociedad ideal, votaríamos por hogares». «Yo le quitaría el derecho al voto a cientos de colectivos. A las mujeres, por supuesto»
No. No son frase sacadas de personajes de la distopía literaria ‘El cuento de la criada’, de Margaret Atwood, donde las mujeres perdían su autonomía política y civil en nombre del orden social. Son frases reales, proclamadas a los cuatro vientos digitales por influyentes representantes de la corriente conservadora que impera en Estados Unidos.

La inmensa mayoría son hombres, pero también, como ocurre en el ‘Gilead’ de Atwood, también hay mujeres, como informa la periodista Ana Prieto, en la cuenta de X @dw_espanol desde EE.UU. Sí, el movimiento integra a mujeres que, al igual que los hombres, sostienen que el sexo femenino es el culpable del colapso de la civilización occidental, de la crisis económica laboral y del surgimiento de políticos con programas progresistas.
El terror de ‘Gilead’, una realidad plausible
La realidad, pues, es, como poco, inquietante, porque décadas después de la publicación del libro de Atwood, ciertos discursos que parecían propios de la ficción distópica resurgen en el debate público estadounidense. Discursos que van directamente a acabar con la línea de flotación de su democracia, lo que pasa por retirar el derecho al voto femenino.
Uno de los nombres que ha generado mayor polémica es el del pastor evangélico Douglas Wilson, vinculado a la Communion of Reformed Evangelical Churches (CREC). Wilson ha defendido en distintos textos y conferencias una visión de la sociedad organizada en “hogares”. En esa lógica, ha sugerido que el voto debería ejercerse a nivel familiar, lo que en la práctica implicaría que el marido sería el representante político de la unidad doméstica.


- En la imagen de la izquierda, el pastor Douglas Wilson. A la derecha, el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Política y religión, unidas
Un debate que cobra más relevancia por la conexión de esta corriente religiosa con figuras políticas. Concretamente, con el actual secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, quien ha reconocido su cercanía con entornos teológicos afines a la CREC, lo que ha encendido las alarmas en sectores críticos que temen la permeabilidad de estas ideas en la esfera institucional.
No es extrañar esa idea, en tanto en cuanto, en las redes sociales ha emergido con insistencia el hashtag #RepealThe19th. Se trata de una consigna que aboga explícitamente por derogar la 19ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, aprobada en 1920 y que garantiza el derecho al voto de las mujeres.
Aunque se trata de un movimiento minoritario, su visibilidad ha crecido en plataformas como TikTok, Reddit o Instagram, especialmente tras ciclos electorales recientes. Los argumentos que lo sustentan giran en torno a estereotipos de género, según los cuales, las mujeres son “más emocionales” en cuestión de voto y estarían “más realizadas” fuera del ámbito político.
La reforma electoral pone trabas para votar a las mujeres casadas que han cambiado el apellido por el de sus maridos.
Complicar el voto a las mujeres
Esa es la intención. No, al menos, directamente. Porque no está en el plano político derogar la 19ª Enmienda, es cierto, puesto que es un proceso que requeriría mayorías legislativas extraordinarias y ratificación estatal.
Sin embargo, tal y como han señalado organizaciones como la American Civil Liberties Union (ACLU), algunas reformas electorales en las que se trabaja —como establecer requisitos estrictos de identificación— pueden afectar de forma desproporcionada a mujeres casadas que han cambiado de apellido y cuyos documentos no coinciden.
Así planteado, resulta tentador pensar que estas propuestas son una excentricidad sin recorrido. No obstante, no lo son. Expertas en derechos civiles de todo el mundo insisten en que los retrocesos democráticos rara vez se producen de forma abrupta. Más bien, se gestan lentamente, en debates culturales, en espacios digitales y en discursos que apelan a la tradición o al orden.

Las guerras, la ‘machosfera’ y el ‘tradwife’
Mientras la atención mediática internacional se centra en conflictos como las guerras de Gaza e Irán, movimientos como ‘la machosfera’ o el ‘tradwife’ siguen campando a sus anchas en entornos digitales y se está colando en pensamiento de cada vez más jóvenes.
De hecho, en España, ambas tendencias también en crecimiento, han llevado a las instituciones a lanzar campañas de concienciación contra la idea de cómo deben ser ‘las mujeres de alto valor’ -sumisas, calladas, relegadas a lo privado- que promueve el conservadurismo más radical.
Son, desgraciadamente, mensajes que calan y se transforman en fenómenos que conectan con la estética y narrativa de las llamadas trad wives (esposas tradicionales) que romantiza la sumisión femenina y la dependencia económica del marido.
Y aunque no todas sus defensoras abogan por eliminar derechos políticos, el imaginario que promueven coincide con los principios de estos movimientos más radicales.
