Errejón escuchando durante un acto en móstoles
Errejón durante un acto en el municipio de Móstoles

Opinión. Errejón. ¿Cuántos “Errejones” se puede encontrar una mujer a lo largo de su vida? El sentimiento de sentirse poderoso, dominante, superior, ¿es algo que está en el ADN de un hombre? ¿Es algo instintivo o es producto de la educación? Desde esos jóvenes votantes que en TikTok rozan la misoginia, hasta ese marido aparentemente correcto en el ámbito doméstico y social que luego te droga y te viola, o ese jefe que intenta abusar de ti, sabiendo que tiene el poder de despedirte si te niegas. Todos los estratos sociales, todos los ámbitos de la vida, cuando menos te lo esperas y de quien menos lo imaginarías. ¿Deberíamos ahora decir “piénsalo siempre y protégete por si acaso”?

 “Not all men”, no todos los hombres, dicen. No, no todos, pero una vez más, igual que en los casos de la Manada, Nevenka o Dominique Pélicot, no veo a muchos hombres indignados por situaciones como estas, porque saben lo que ocurre. Callan, porque, al igual que podría decirse que casi todas las mujeres han vivido situaciones denigrantes o abusivas, en cierta medida muchos hombres han adoptado esa actitud en algún momento. Y si no lo han hecho, las han conocido, callado o reafirmado. Igual que Errejón se escondía en el 8M para no verse afectado, los hombres también se esconden.

Yuval Noah Harari, en Sapiens, explica esta conducta desde una perspectiva evolutiva. Las diferencias de fuerza (poder) y la cultura ayudaron a formar jerarquías en las que los hombres asumieron roles de dominación. Estas estructuras han perpetuado el machismo y la desigualdad de género a lo largo del tiempo, hasta la actualidad. El hombre tiene intrínsecamente la necesidad de dominar, y el sexo juega un papel clave en esa dinámica.

Ahora que las mujeres, tímidamente, seguimos avanzando y siendo más firmes al exigir nuestros derechos, una equidad social y una igualdad vital, más independientes, autosuficientes y valientes (aunque no tanto como deberíamos), los hombres se sienten amenazados. Surgen partidos políticos claramente machistas, perfiles sociales con hombres misóginos, y un rechazo a que señalemos estas actitudes. Les cuesta asumir que, en mayor o menor medida, las tienen y las ejercen.

Iñigo Errejón, Rita Maestre y Mónica García, en la pegada de carteles (Foto: Más Madrid)
Iñigo Errejón, Rita Maestre y Mónica García, en la pegada de carteles (Foto: Más Madrid)

El caso de Errejón ya no es sorprendente; es uno más. Gracias a mujeres valientes como Cristina Fallarás, quien no debemos olvidar que está amenazada de muerte, junto con su familia, por luchar contra el machismo, estos casos están saliendo a la luz. La educación es clave en esta sociedad donde el machismo incluso contamina a las propias mujeres. Debemos seguir aprendiendo, despojándonos del manto cultural que nos mantiene calladas y con miedo. En nuestra mano está enseñar a nuestros hijos desde pequeños que golpear, denigrar, humillar, drogar o matar a una mujer es inaceptable. Y son los hombres los que tienen que hacer esta reflexión profunda y un ejercicio personal para entender que esto no se puede tolerar.

Periodista. Directora de Noticias para Municipios y miembro de SML