La Endometriosis es una enfermedad crónica, progresiva y en muchos casos incapacitante que continúa siendo una gran desconocida pese a afectar a millones de mujeres. Según estimaciones médicas, entre el 10 y el 15% de la población femenina la padece, lo que supone más de dos millones de mujeres en España.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que aproximadamente una de cada diez mujeres en edad reproductiva vive con esta patología. Pese a ello, su diagnóstico suele llegar tarde y después de años de síntomas que, con frecuencia, han sido normalizados o minimizados.

Entre los signos más habituales se encuentran las menstruaciones extremadamente dolorosas y el dolor pélvico crónico. Sin embargo, su impacto va mucho más allá del sufrimiento físico. De hecho, los especialistas estiman que está implicada en el 50% de los casos de infertilidad femenina. Sin contar con que también incrementa el riesgo de complicaciones durante el embarazo, como la preeclampsia o el aborto espontáneo.
Un diagnóstico que puede tardar casi una década
Uno de los principales problemas asociados a esta enfermedad es el retraso en su identificación. El tiempo medio para obtener un diagnóstico ronda los nueve años, un periodo en el que muchas pacientes consultan a varios profesionales sanitarios sin obtener una respuesta clara.
Durante ese proceso, las mujeres suelen pasar por diferentes especialidades médicas —desde atención primaria hasta ginecología u otras áreas— antes de que se confirme la presencia de la enfermedad.
Este retraso no solo prolonga el dolor físico y el desgaste emocional de las pacientes. También puede tener consecuencias directas sobre su salud reproductiva, ya que la enfermedad puede avanzar sin tratamiento y deteriorar progresivamente la reserva ovárica.

La importancia del diagnóstico precoz
Los especialistas coinciden en que detectar la enfermedad en fases tempranas es clave para frenar su progresión y planificar adecuadamente el tratamiento.
La doctora María de Matías Martínez, jefa asociada del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, explica que una de las dificultades radica en que la enfermedad no presenta síntomas completamente específicos.
Una de las alternativas para mujeres jóvenes con endometriosis es la congelación de óvulos de cara al futuro, mientras se trata la enfermedad.
Según señala, la endometriosis “no tiene signos patognomónicos”, lo que hace que el diagnóstico se retrase con frecuencia. No obstante, advierte de que ciertos síntomas deberían alertar a las pacientes y a los profesionales sanitarios, como una dismenorrea intensa —dolor menstrual severo— que no mejora con la medicación habitual.
Identificar la enfermedad a tiempo, por tanto, permite controlar mejor su evolución y adoptar estrategias para preservar la fertilidad cuando sea necesario.
Preservar la fertilidad
En mujeres jóvenes diagnosticadas con endometriosis o con riesgo de deterioro ovárico, una de las herramientas disponibles es la vitrificación de ovocitos, una técnica de preservación de la fertilidad que permite congelar óvulos para su uso futuro.
El doctor Manuel Albi, jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia de Quirónsalud, explica que la enfermedad puede afectar a la fertilidad por diferentes mecanismos, como la aparición de adherencias, alteraciones anatómicas o una peor calidad de los ovocitos.

Además, la inflamación asociada a la enfermedad puede dañar tejido ovárico sano y reducir la reserva ovárica. Por ello, la vitrificación de ovocitos se considera una estrategia útil especialmente antes de intervenciones quirúrgicas en el ovario o cuando la enfermedad presenta un carácter progresivo. Según los especialistas, las tasas de éxito de esta técnica son especialmente altas en mujeres menores de 35 años.
Nuevas líneas de investigación
Paralelamente al desarrollo de tratamientos clínicos, la investigación científica está explorando nuevos factores implicados en la evolución de esta enfermedad. Cada vez hay más evidencias de que la endometriosis no es solo un trastorno ginecológico, sino un proceso complejo en el que intervienen factores hormonales, inmunológicos y metabólicos.
En este contexto, algunos estudios recientes han analizado el papel del entorno metabólico en la salud del tejido endometrial. Investigaciones publicadas en la revista científica JAMA Network Open han observado, por ejemplo, una reducción del riesgo de cáncer de endometrio en mujeres tratadas con agonistas del GLP-1, que son medicamentos utilizados para tratar la obesidad y la diabetes tipo 2.
La doctora Marta Romero, especialista en Medicina Interna de la Unidad de Fallo Reproductivo de IVI Madrid, considera que estos avances abren nuevas vías de investigación. No obstante, advierte de que no sustituyen al diagnóstico precoz ni al tratamiento ginecológico específico.
A su juicio, estos fármacos no constituyen una “píldora mágica”, pero sí podrían convertirse en una herramienta terapéutica complementaria.
