denuncias previas violencia vicaria

Una mujer asesinada cada 7,6 días por su pareja o expareja en 2024 hasta los 48 feminicidios. Ese es el balance del pasado año, según el informe que publica hoy el ‘Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género’ del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), sobre víctimas mortales de la violencia de género y doméstica en el ámbito de la pareja o expareja.

La media de edad de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas durante 2024 era de 44,5 años. Son casi tres años más alta que la media de edad de las víctimas de toda la serie histórica, que es de 42,8 años. En 2024, la víctima más joven tenía 15 años y la de más edad, 76.

Los 48 crímenes machistas de 2024 dejaron a 40 menores de edad en situación de orfandad por el asesinato de sus madres. La mitad de las mujeres asesinadas (24) tenían hijos con menos de 18 años.

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El informe va más allá y analiza también la localización de los crímenes: uno de cada cuatro asesinatos se produjo en localidades de menos de 25.000 habitantes. En concreto, en pueblos y ciudades pequeñas de entre 10.001 y 25.000 habitantes.

Este dato, afirman los expertos del CGPJ, apunta a una vulnerabilidad estructural en entornos donde el acceso a recursos de protección, redes de apoyo y servicios públicos especializados suele ser más limitado.

2024, de los más trágicos en violencia vicaria

Además de los feminicidios perpetrados por parejas o exparejas, el informe de 2024 alerta sobre el repunte de la violencia vicaria, es decir, aquella que se ejerce contra hijas e hijos con el objetivo de infligir el máximo daño a la madre.

El año pasado se registraron 9 asesinatos de menores a manos de sus padres o exparejas de sus madres. Esta cifra convierte al 2024 en el año más trágico desde que el CGPJ comenzó a recopilar estos datos en 2013. Desde entonces y hasta ahora han sido asesinados 62 niños y niñas en este contexto. De media, 5,2 víctimas anuales. El 74,2% de ellas eran menores de 10 años.

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La violencia vicaria, pues, no solo crece en número, sino también en brutalidad. En siete de los nueve casos del último año, los menores fueron asesinados en el domicilio familiar. Por tanto, el espacio que debería ser el más seguro para los menores, en el 71% de los casos, desde 2013, se ha convertido en el escenario del crimen.

De hecho, cuatro de las víctimas convivían con su agresor en el momento del asesinato, lo que pone en cuestión la eficacia de las medidas judiciales de alejamiento o retirada de custodia.

En 5 de los 6 casos de violencia vicaria había denuncias previas

Uno de los datos más significativos del informe es el relativo a las denuncias previas. En este caso, cinco de los seis agresores de 2024 tenían denuncias previas interpuestas por sus parejas o exparejas. Este es un porcentaje mucho más elevado (83 %) que el de la serie histórica: entre 2013 y 2024 se registraron denuncias previas en el 35,4 % de los casos.

La cifra es también superior a la de las denuncias previas de la serie histórica el caso de las muertes de mujeres (26 %).

En cuanto a los feminicidios de pareja o expareja, la cifra de denuncias previas también ha aumentado: el 26% de las mujeres asesinadas en 2024 había acudido antes a las autoridades. Aunque sigue siendo un porcentaje bajo, supera ligeramente la media histórica y plantea preguntas clave sobre la respuesta institucional y judicial frente a estos avisos.

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El arma blanca, la más frecuente

Los datos del informe también ofrecen un perfil medio del agresor. En el caso de la violencia vicaria, la edad media de los hombres responsables se situó en los 36,8 años. Cuatro de los seis agresores eran de nacionalidad española.

En cuanto a las consecuencias judiciales, cuatro fueron detenidos y dos se suicidaron. El suicidio del agresor, además, se produce en un porcentaje significativamente más alto en los casos de violencia vicaria (45,8%) que en los de feminicidios (22,4%).

Respecto a los métodos utilizados para cometer los asesinatos de menores, la forma más frecuente desde 2013 ha sido el uso de arma blanca (35%). No obstante, en 2024 solo se utilizó en uno de los nueve casos. El resto de las muertes fueron provocadas por asfixia, envenenamiento, arma de fuego y golpes, lo que también refleja una diversificación de las formas de violencia.

Por último, el informe apunta que el 77,7% de los menores asesinados en 2024 eran hijos biológicos del agresor. Esta cifra asciende al 85,5% en la media histórica y refuerza la necesidad urgente de proteger de forma efectiva a las hijas e hijos en cualquier proceso. Incluidos, los de violencia de género, evitando, por ejemplo, la imposición automática de regímenes de visitas o custodias compartidas sin una evaluación del riesgo.