Seis millones de personas se concentrarán hasta el 19 de julio en los estadios de México, Estados Unidos y Canadá durante los 39 días de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Detrás de esa cifra de aficionados -mayoritariamente hombres- hay otra, mucho más oscura y deliberadamente invisible. La de las mujeres y niñas cuyos cuerpos se convierten en mercancía cuando la fiesta del fútbol se traslada a una ciudad.
No es un fenómeno nuevo ni espontáneo: es la misma violencia estructural de siempre, intensificada por la afluencia masiva de hombres y actulizada por las redes sociales. He ahí la Inteligencia Articial creando imágenes artificiales sexualizando a aficionadas. Es todo un negocio redondo, de fondo, que sabe perfectamente cuándo y dónde multiplicar su demanda.
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