juicio mediático
Imagen de la V edición de LIDEResA, organizada por iMADES Communication y celebrada en el Colegio de Abogados de Madrid.

El Salón de Actos del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) colgó el cartel de aforo completo para acoger la V edición de LIDEResA, la cita anual organizada por iMADES Communication que este año abordó una cuestión patente: el peso del juicio mediático y su impacto en los procesos judiciales, especialmente cuando las protagonistas son mujeres.

La jornada partió de una premisa clara sobre el hecho constatado de que hoy, toda persona inmersa en un procedimiento judicial, se enfrenta a dos juicios, el de los tribunales y el de la opinión pública. Y, como se subrayó durante el encuentro, el segundo puede convertirse en una losa difícil de levantar incluso cuando la resolución judicial resulta favorable.

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Imagen de una de las mesas redondas de LIDEResA. Imagen: iMADES Communication.

Precisamente por eso, en un contexto de alta exposición pública, la comunicación estratégica ya no es un complemento, sino una herramienta esencial para proteger la integridad del proceso judicial y la reputación de quienes lo atraviesan, especialmente en un escenario donde los sesgos de género siguen marcando el relato.

Publicidad de las sentencias y redes sociales

La apertura institucional de la jornada corrió a cargo de Gloria Poyatos, presidenta de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Canarias y cofundadora de la Asociación de Mujeres Juezas de España.

Poyatos defendió la publicidad de las sentencias como un ejercicio democrático, pero advirtió de los riesgos que conlleva la manipulación del relato mediático. De ahí la necesidad, señaló, de una mirada crítica sobre la información judicial y de una colaboración estrecha entre profesionales del Derecho y la comunicación.

Moderada por el periodista Carlos Berbell, director de Confilegal, la primera mesa abordó el auge de los juicios paralelos en la era de las redes sociales. En ella, el debate giró en torno a los límites entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad, así como al secreto de las actuaciones procesales.

Y la conclusión fue contundente. La repercusión mediática suele ser más duradera que la jurídica y puede extender sus efectos a la familia y entorno de las partes implicadas, generando victimización secundaria.

El silencio no es opción

Estela Martín, abogada y presidenta de la Sección de Igualdad del ICAM, insistió en que invertir en comunicación dentro de una estrategia legal es “fundamental”, ya que un caso mal gestionado en los medios puede arrastrar consecuencias de por vida, con independencia de la sentencia.

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Imagen de Rosa Peral durante el juicio del ‘caso de la Guardia Urbana’

En la misma línea, la penalista Beatriz de Vicente alertó sobre los “circos mediáticos” y la construcción del “culpable perfecto” o la “víctima perfecta”, subrayando que el silencio no es una opción, ya que siempre habrá relato.

Más exposición para las mujeres

La segunda mesa, moderada por María Garzón, puso el acento en la distorsión de las narrativas cuando las afectadas son mujeres. Por su parte, Nuria González, representante legal de la demanda de Rosa Peral contra Netflix, denunció el tratamiento desigual que recibe su clienta, con titulares que inciden en su vida íntima frente a la cobertura de su coacusado.

Por su parte, Carla Vall i Duran, integrante del equipo legal de Jenni Hermoso, recordó que abogadas y denunciantes mujeres soportan una exposición mediática más intensa y que la abogacía debe comprender el funcionamiento de los medios. En este sentido, también hablo de la inexistencia del silencio desde el punto de vista mediático.

Cerró el panel Mònica Santiago, directora ejecutiva de Vosseler Abogados, quien relató cómo una estrategia comunicativa bien diseñada fue clave para lograr la liberación de Fátima Ofkir en Omán y su traslado a España.